INFOLATAM, DIEZ AÑOS DE EXISTENCIA

08/01/17

infolatam diez añosInfolatam cumple ahora diez años. Diez años de informar y analizar día a día la actualidad de América Latina. Queremos dar las gracias a cuantos nos han acompañado en esta aventura, con su colaboración, con su ayuda o con su seguimiento; a nuestros colaboradores, a nuestros patrocinadores y a nuestros lectores, sin los cuales no hubiera sido posible llegar hasta aquí, les mostramos nuestro más sincero reconocimiento. Hemos recabado opiniones de nuestros seguidores y colaboradores que publicamos a continuación y que iremos destacando en los próximos días.

DIEZ AÑOS DE INFOLATAM

 

Consuelo Álvarez de Toledo

Presidenta de Infolataminfolatam paginaDIEZ AñOS DE INFOLATAM4DIEZ ANŽOS DE INFOLATAM5DIEZ ANŽOS DE INFOLATAM6DIEZ ANŽOS DE INFOLATAM7DIEZ ANŽOS DE INFOLATAM8DIEZ AñOS DE INFOLATAM9DIEZ ANŽOS DE INFOLATAM10DIEZ ANŽOS DE INFOLATAM11DIEZ ANŽOS DE INFOLATAM12DIEZ ANŽOS DE INFOLATAM14

infolatam 3

DIEZ AÑOS DE INFOLATAM15 DIEZ AÑOS DE INFOLATAM16



¿Volverá Trump a congelar las relaciones con Cuba?

26/11/16

(InterAmerican Dialogue/Infolatam).– La política de Obama hacia Cuba ha sido muy clara: La reciente decisión del gobierno de abstenerse en la votación de la ONU sobre el embargo comercial, aunque en gran parte simbólica, transmitía el compromiso inquebrantable de la Casa Blanca para normalizar los vínculos entre Estados Unidos y Cuba.

En un momento en que el gobierno cubano está demostrando su resistencia al cambio, la votación de los Estados Unidos pone de manifiesto que el gobierno de EE.UU. no exige “quid pro quos” de Cuba porque se piensa que cuanto más se abran los Estados Unidos a Cuba, mejores serán las perspectivas para una economía próspera y una política democrática en la Isla.

De hecho, son los cubanos los que ahora están imponiendo condiciones a los Estados Unidos, exigiendo que el embargo sea levantado antes de que lleguen las empresas de Estados Unidos, otorgándoles las mismas oportunidades que ahora disfrutan otras empresas extranjeras. Sigue siendo un misterio lo que Donald Trump planea hacer con respecto a la política cubana. Al principio de su campaña, pensó que la iniciativa de Obama era bienvenida, incluso con retraso. En el último mes de la carrera presidencial, cuando sus consejeros contaron votos en Florida, revirtió el rumbo y prometió detener la normalización hasta que Cuba se vuelva democrática.

Pero estos giros nos dicen poco sobre lo que hará cuando se instale en el Despacho Oval. Para entonces, debería saber que lo que ocurre en la isla no tiene muchas consecuencias políticas fuera de la comunidad cubano-americana de Florida, pero esto puede ser una oportunidad para que Trump o su secretario de estado demuestren un poco de dureza, enmendado una pieza clave del legado de Obama y de este modo satisfacer a los partidarios de Trump en Miami.

Al final, las consideraciones domésticas, como de costumbre, ocuparán un lugar central en la formulación de la política cubana. Sin embargo, el gobierno cubano también puede tener un papel. Incluso un modesto avance hacia la apertura política y la reforma económica en Cuba podría ayudar a proteger el esfuerzo de normalización. Pero eso es probablemente pedir demasiado a los dirigentes cubanos, tan poco propicios a aceptar ceder a todo lo que signifique una presión de cualquier gobierno de los Estados Unidos”.



S&P acaba con la costumbre de Dilma de culpar a los otros

11/09/15

(Blog de Josías de Souza. Brasil).- Dilma Rousseff ya había perdido casi todo. Sin inversionistas, el gran Brasil del pre-sal se convertirá en un punto perdido del futuro lejano. Sin crecimiento, el país del pleno empleo se convertirá en una huella del pasado reciente. Con el caso Lava Jato, el discurso del ‘yo no sabía’ se convertirá en una nadería del presente. Cuando parecía que no había nada más que perder, Standard&Poors eliminó el papel que la presidente ejercía con más brillantez. Ya no puede seguir culpando a los otros – ni a FHC, ni a la crisis internacional, ni a la sequía prolongada. Al arrebatar a Brasil el sello de buen pagador, la principal agencia de calificación de riesgo señaló que la crisis brasileña se llama Dilma.

“Ahora tenemos menos confianza en la política fiscal del gobierno de la Presidencia”, señaló S&P en su informe. Atribuyó la desconfianza a las sucesivas revisiones de las metas de superávit fiscal. La de 2015 se redujo de 1.13% a 0.15% del PIB. Y el superávit de 2016, fijado inicialmente en el 0,7% se convirtió en un déficit del 0,3% del PIB en el presupuesto enviado por Dilma al Congreso con un agujero oficial de R$ 30,5 mil millones. “Este cambio refleja un desacuerdo con la composición y la magnitud de las medidas necesarias para reequilibrar las cuentas públicas”, señaló la agencia.

El déficit de prestigio del ministro Joaquim Levy junto al de Planalto tampoco escapó a la percepción de S&P “Si bien el Ministerio de Hacienda está trabajando en varias medidas para recuperar la meta de superávit inicial de 0,7% del PIB, estas tendrán que ser negociadas de forma fragmentada con el Congreso.”

La agencia también señaló que Dilma desgobierna la economía potenciando las diferencias entre Levy y los ministros Nelson Barbosa (Planificación) y Mercadante (Casa Civil). “La serie de eventos que conducen a la propuesta de presupuesto [deficitario] nos sugiere una cohesión disminuida dentro del gabinete de la presidenta Dilma Rousseff”, escribió S&P. Esto “contribuye a nuestra evaluación de un perfil de crédito más débil, dada la magnitud de los desafíos en los frentes políticos, económicos y fiscales de Brasil, que necesitan un fuerte apoyo con el fin de maximizar la capacidad de negociación del Ejecutivo con el Congreso”.

Cualquier persona que quiera puede descalificar a S&P, al igual que hizo el líder del Dilma en la Cámara, José Guimaraes (PT-SP), hace seis semanas, cuando la agencia informó que Brasil había entrado vías de descenso. “Estas agencias no tienen nada que inmiscuirse en Brasil, deberían estar preocupadas por su vida, no con Brasil”, advertía Guimarães. “Esa crisis, en cierta medida está fabricada […] Estos análisis no deberían tenerse en cuenta, de hecho no tienen la menor importancia”.

Lo peor es que estas críticas a la agencia fueron, por así decirlo, previamente desautorizadas por Lula en abril de 2008, cuando el mismo S&P otorgó el grado de inversión a Brasil. Todavía revestido de presidente, Lula celebró la noticia a su manera, al hablar en un evento en Teresina (PI).

Dueño de un talento sin igual para simplificar las cosas, Lula utilizó una analogía con dos trabajadores. Uno está bien colocado en la vida, paga el alquiler a tiempo y vive en función de la familia. “Ese es el grado de inversión [investment grade],” enseñó Lula. El otro trabajador funde todo el salario en la mesa de juego y en la barra del bar. “Eso es lo que fue Brasil” adoctrinaba Lula. “Brasil estaba en quiebra, no tenía credibilidad.” Es decir: si tomamos las palabras  dichas en 2008, el fundador acredita que la rebaja de S&P convierte al Brasil en un país borracho y desacreditado.

A lo largo de todo su primer mandato, Dilma exageró el gasto público, dio exenciones y subsidios a granel y descuidó el control de la inflación. Como si fuera poco, destruyó la confianza en los datos oficiales con maniobras contables. Retrocedió las finanzas públicas a algún punto de la década de los 90. Reelegida, la señora reclutó a Joaquim Levy de Bradesco. Parecía decidida a retirar la economía brasileña de la mesa de juego y de la barra del bar. Fue una gran mentira.

La idea de que la presidente todavía reúne las condiciones políticas para superar la crisis económica exige una condición previa: el discurso oficial no puede ir contra la realidad ni menospreciar la inteligencia de la audiencia. Cuando un gobierno habla de aumentar los impuestos antes de sangrar la administración pública convierte la medicina en veneno.

Suponiendo que consiga superar la maldición del vicepresidente Michel Temer – “nadie va a permanecer tres años y medio con este índice de popularidad tan bajo”-, Dilma se enfrentará a un mandato duro de roer. Cada vez que caiga en la tentación de encontrar un demonio para transferir la responsabilidad de sus culpas, basta con que la presidente se mire en el espejo.

Traducción Infolatam



Una agenda para los nuevos tiempos de América Latina

17/02/15

El fin de la “década dorada” (2003-2013) que vive América Latina, en especial Sudamérica, está cambiando el estado de ánimo y no necesariamente para mejor. En pocos años, la región pasó de la euforia al optimismo moderado e incluso cauto de nuestros días. El liderazgo político latinoamericano debe responder a este cambio de ciclo implementando urgentemente una ambiciosa agenda de reformas dirigidas a recuperar el crecimiento económico, asegurar la sostenibilidad de las conquistas sociales,  garantizar la seguridad ciudadana, y mejorar la calidad de la democracia, todo ello en un contexto económico, social y político complejo.

Esta constituye una de las principales conclusiones a la que se llegó en el III Foro Internacional de Santo Domingo, que se celebró en República Dominicana entre el 28 y 30 de enero. Titulado La hora de las reformas: ¿Qué debe hacer América Latina para convertirse en una región más democrática, próspera, equitativa y segura? esta conferencia internacional fue organizada por IDEA Internacional, el centro de estudios dominicano FUNGLODE y la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra.

Los seis ex presidentes de la región y los 70 expertos de todo el continente y de Europa que participaron en este foro coincidieron en señalar que América Latina está viviendo un momento de transición: el fin de una década de prosperidad marcada por un robusto crecimiento económico e importantes avances sociales, y el nacimiento de un nuevo ciclo, que se caracteriza por un crecimiento más débil y la caída en los precios de los productos básicos. Si bien en grados distintos, la mayoría de los países tendrá que transitar de un modelo basado en altos precios de las materias primas y bajos costos de financiación, a uno inverso. Para algunos países, en cambio, la reconfiguración de la economía global arroja buenas noticias. De consolidarse la recuperación de Estados Unidos, promete dar alivio a las economías de América Central, el Caribe y México.

 Este nuevo estado de ánimo es el síntoma que acompaña la brusca desaceleración económica que vive la región, un fin de ciclo que, en palabras de la OCDE, “no es coyuntural, sino que ha venido para quedarse”. En efecto, las perspectivas de crecimiento económico (sin soslayar el alto grado de heterogeneidad que existe entre los países) se han deteriorado considerablemente, sobre todo en América del Sur. Este será un año muy difícil para tres de las cinco mayores economías latinoamericanas: Venezuela, Argentina y Brasil. El FMI corrigió recientemente a la baja la proyección del crecimiento promedio para América Latina durante el 2015, situándolo en sólo 1,3%.

 La agenda de Santo Domingo

 De las deliberaciones del III Foro Internacional surge una agenda reformista de alcance regional, orientada a mejorar la calidad de la democracia, diversificar la matriz productiva, blindar y profundizar los avances sociales alcanzados, y dar una respuesta efectiva al grave problema de la inseguridad ciudadana.

Mejorar la calidad de la democracia. La prioridad pasa por fortalecer las instituciones y la participación ciudadana para que estas constituyan la base de una democracia de mejor calidad y mayor densidad. Para ello es necesario contar con: (i) partidos y parlamentos modernos y legítimos, con capacidad para representar y encauzar las demandas sociales, complementados con mecanismos de participación ciudadana; (ii) elecciones con integridad; (iii) un poder judicial independiente y con recursos adecuados para asegurar la plena vigencia del estado de derecho y la seguridad jurídica, e (iv) instituciones y mecanismos de control que impidan el ejercicio abusivo del poder, garanticen que ambas legitimidades, la de origen y la de ejercicio, estén sometidas a la ley, y aseguren niveles apropiados de transparencia y rendición de cuentas.

Diversificar la matriz productiva. Es urgente que la región recupere el crecimiento económico. América Latina no puede seguir dependiendo solo de la exportación de materias primas. Debe, por el contrario, diversificar su estructura productiva, generando un entramado de industrias y cadenas productivas con mayor valor agregado y, en particular, con mayores contenidos de innovación.

Para ello es prioritario mejorar sustancialmente los niveles de competitividad y productividad, nuestro gran talón de Aquiles, mediante el aumento de la inversión y el ahorro, apostando fuertemente por la innovación y una educación de calidad, además de optimizar la infraestructura. Desde los años 90, la región sólo ha aumentado su productividad en 1,6%, mientras que los países asiáticos en desarrollo la elevaron cerca de 30%.

Blindar y profundizar los avances sociales. Durante la pasada década, las tasas de pobreza e indigencia de la región disminuyeron de manera importante, sacando a 60 millones de personas de la pobreza. El bono demográfico y las políticas de transferencias condicionadas fueron cruciales, pero la clave fue el alto crecimiento del PIB. Pero en los últimos años, según datos de la CEPAL, el descenso se ha atenuado e incluso la pobreza extrema repuntó ligeramente.

La prioridad pasa por crear empleos de calidad, reducir el elevado empleo informal, que asciende a 47% a nivel regional, junto con un aumento de los salarios reales. Además, es imprescindible contar con un Estado estratégico, dotado de una burocracia profesional y moderna, y que cuente con suficientes recursos fiscales para asegurar un gasto social eficiente y servicios públicos de calidad. Hoy la recaudación tributaria apenas bordea en promedio 20% del PIB, muy por debajo de los países de la OCDE.

Garantizar la seguridad ciudadana. América Latina es la región, en paz, más violenta del mundo. Si bien existen diferencias, ningún país es ajeno a esta realidad. Las encuestas de opinión pública muestran que la delincuencia e inseguridad son uno de los mayores problemas para los ciudadanos. Su carácter multidimensional demanda una estrategia igualmente múltiple, que combine prevención con represión, medidas socioeconómicas con fortalecimiento institucional de la policía, el sistema penal y el modelo carcelario. Y todo ello debe estar complementado con una efectiva cooperación internacional, en especial en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado.

 Mi opinión: América Latina vive un momento de transición. Para adecuarse estratégicamente al nuevo contexto global, la región debe poner en marcha, con urgencia, profundas reformas estructurales dirigidas a modernizar su modelo de desarrollo. Sólo mejorando la productividad y la competitividad, la educación y la innovación, la infraestructura y también la calidad de sus instituciones, podrá alcanzar un crecimiento económico incluyente, equitativo y sostenible. Sólo así podremos seguir disminuyendo la pobreza y la desigualdad, y dar respuesta efectiva a las demandas y expectativas de una ciudadanía cada vez más consciente y exigente de su democracia, de sus derechos y de la calidad de sus servicios públicos.

No hay más excusas ni tiempo que perder. Por desgracia, la gran mayoría de los países de la región no aprovechó lo suficiente la época de bonanza para impulsar el cambio estructural que América Latina necesitaba y sigue necesitando. Los riesgos y desafíos propios del cambio de ciclo que vivimos no pueden llegar a ser un freno para las transformaciones, de lo contrario la región pagará un alto precio. Hoy más que nunca, el destino de América Latina está en nuestras manos.

 

 



Frustración latinoamericana con el G20

17/02/15

La crisis financiera global tuvo una cosa buena. Sirvió para sustituir al anacrónico G7/8 por el (más inclusivo) G20 como institución responsable de la coordinación económica internacional y sus reformas. En un mundo comercial y financieramente muy integrado, resultaba evidente que hacía falta un foro ágil para dar respuesta a los riesgos derivados de la interdependencia económica (las instituciones formales como el FMI o la OMC son útiles, pero tienen dificultades para reaccionar en momentos clave). Y dicho foro debía incluir a las principales potencias emergentes — y no solo a los países ricos, como hacía el G7 — para reflejar la creciente multipolaridad del sistema económico internacional.

Así, en 2008 y 2009, el G20 se autoproclamó como el directorio de la economía mundial y cumplió el papel de dar una respuesta coordinada a la crisis. Por una parte, su mensaje político contribuyó estabilizar el pánico en el sistema financiero tras la quiebra de Lehman Brothers. Por otro, acordó unos principios generales para avanzar en la reforma financiera, coordinó un paquete de estímulo fiscal para paliar los efectos de la crisis y contribuyó a mantener a raya el proteccionismo. Todo ello ayudó a evitar una segunda Gran Depresión aunque, como ha señalado Eric Helleiner en su reciente libro Status Quo Crisis, seguramente fueron más las líneas de SWAPS de la Fed que las medidas del G20, las que evitaron el colapso del sistema financiero mundial.

Tres países latinoamericanos, Brasil, México y Argentina, son miembros del G20. Para ellos, el auge de este nuevo foro fue recibido con entusiasmo. Por fin, tras décadas durante las que los países avanzados los habían ninguneado, pasaban a sentarse en la mesa en la que se tomaban las decisiones importantes. Desde el G20, aspiraban a poder presionar con más fuerza para reformar el FMI y aumentar su voto en la institución, pretendían tener más influencia en la evolución del sistema multilateral de comercio y estaban seguros de que sus preocupaciones en materia de tipos de cambio, volatilidad del precio de las materias primas, desequilibrios macroeconómicos globales o el disfuncional papel del dólar en el mundo serían atendidas. Sin embargo, siete años después, la frustración latinoamericana con el G20 es cada vez mayor. Parece que todo hubiera cambiado para que todo siguiera igual.

Desde 2010, sus avances están siendo lentos, casi inexistentes. Los conflictos en las reuniones de alto nivel han aumentado y la influencia de los países emergentes en general, y de los latinoamericanos en particular no ha aumentado demasiado en relación a los viejos tiempos del G7. Las grandes potencias han dado prioridad a sus problemas económicos internos sobre la resolución de los problemas transnacionales: La Unión Europea se ha volcado en resolver la crisis de la zona euro, Estados Unidos en combatir el elevado desempleo y reformar su sistema de salud y los países emergentes en evitar el sobrecalentamiento de sus economías (en un primer momento) y evitar su desaceleración (a partir de la retirada de estímulos monetarios de la Fed en 2013).

sultanahmet-160x160

Pocos medios reparan estos días en que se celebró una cumbre de Ministros de Finanzas del G20 en Estambul, ya que Turquía ostenta la presidencia rotatoria.

Además, las reuniones del G20, como ya ocurriera con la del G7/8 se han centrado en problemas políticos coyunturales de carácter urgente (como la crisis en Siria en la Cumbre del G-20 San Petersburgo en 2013), lo que ha desplazado la atención de los problemas importantes de largo plazo. De hecho, a partir de 2010, además de un parón en cooperación económica internacional han aparecido nuevos conflictos, como la “guerra de divisas” (que comenzó en 2010 y ha vuelto a intensificarse), las tensiones en los mercados energéticos y alimentarios o la imposibilidad de cerrar un acuerdo post-Kioto en las negociaciones sobre cambio climático. Y lo que es peor, el G20 está cerca de caer en la insignificancia. De hecho, pocos medios reparan estos días en que se celebró una cumbre de Ministros de Finanzas del G20 en Estambul, ya que Turquía ostenta la presidencia rotatoria. Y la razón es simple: no se esperan avances reseñables.

La frustración de los países latinoamericanos es especialmente importante en lo relativo al FMI y a la OMC. En el primer tema, tras lograr que en la cumbre del G20 de Seúl de 2010 se acordara una reforma de su gobernanza interna (que les daba más voz y más votos), han visto como cinco años después el Congreso estadounidense mantiene bloqueada la reforma. En el segundo, a pesar del éxito que supuso que el brasileño Roberto Azevêdo se convirtiera en el Director General de la OMC, están viendo como el sistema multilateral de comercio (y las perspectivas para finalizar la Ronda de Doha) está siendo cada vez más socavado por los acuerdos preferenciales, especialmente en TPP y el TTIP, de los que la mayoría de los países latinoamericanos están excluidos.

En definitiva, el G20 está decepcionando a la comunidad internacional, pero sobre todo a sus miembros de América Latina. Lamentablemente, esto no parece que vaya a cambiar en el futuro próximo.