América latina elecciones

2017-2019, crisis venezolana y trienio electoral decisivo para América latina

Infolatam
Madrid, 30 de marzo de 2017

Las claves

  • Entre 2017 y 2019, 14 países de América latina celebran elecciones presidenciales

(Infolatam, por Rogelio Núñez)-. La segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Ecuador y la crisis institucional (terminal) que vive Venezuela abren un trienio electoral decisivo en la historia de América latina (2017-2019). En estos tres próximos años se pondrá en juego la decadencia, o no, de las alternativas del llamado “socialismo del siglo XXI” así como la validez, o no, del “giro al centroderecha”.

En sí mismo Ecuador es un ejemplo de los nuevos tiempos electorales:  dificultades para ganar de los oficialismos (el correísmo por primera vez desde 2006 no venció en primera vuelta), retroceso de las alternativas bolivarianas y auge del centroderecha.

La crisis de gobernabilidad venezolana pone contra las cuerdas no solo al régimen chavista que trató de articular, sobre todo desde 2005, una plataforma alternativa a escala continental, sino que marca el final del proyecto del “socialismo del siglo XXI” más allá de que existan todavía algunos ejemplos de supervivencia del mismo (la Bolivia de Evo Morales o la Nicaragua de Daniel Ortega).

En estos tres próximos años habrá elecciones presidenciales en Honduras y Chile (2017); en Costa Rica, Colombia, Paraguay, México, Brasil y Venezuela (2018) y en Argentina, Bolivia, Guatemala, El Salvador, Panamá y Uruguay (2019). Es decir en 14 de los 18 países se renovará al Jefe del Estado. En todas estas citas ante las urnas habrá varios elementos en juego y a valorar:

1-. El incierto futuro del chavismo

La sentencia del Tribunal Supremo de Justicia marca un punto de no retorno en Venezuela. Cualquier atisbo de pacto, negociación o diálogo está muerto y la oposición, que renunció a salir a las calles en 2013 y ha dudado entre la ruptura y el acercamiento al régimen que encabeza Nicolás Maduro, ya solo tiene un solo camino, el enfrentamiento con el gobierno.

El choque de trenes institucional es un hecho y  solo puede acabar o con el derrumbe del régimen que construyó Hugo Chávez con el aplastamiento de la oposición dado que el aparato del Estado y las Fuerzas Armadas está controladas por el ejecutivo.

Como señala en el diario La Tercera Luis V. León, “hay una gran crisis pero también hay una población dependiente, que recibe dádivas del Estado y que a lo mejor ya no los quiere pero tampoco tiene las armas, ni la organización ni el liderazgo ni la confianza para protegerse y pelear por cambios. El gobierno enfrenta también una oposición fracturada, sin liderazgo sólido. No estamos ni siquiera en el clímax de la crisis, la oposición, quizás en su ánimo de atacar al gobierno, vende la idea de que no hay nada más. Que estamos en el peor momento que se puede llegar. Pero se puede empeorar”.

El aislamiento internacional del régimen y la profunda crisis por la que atraviesa Venezuela conspiran contra la supervivencia de un régimen que puede verse condenado a apelar a unas FFAA que no estén dispuestas a participar en otro “Caracazo” como el de 1989. Ese sería el final, al menos, del madurismo aunque quizá no del régimen como tal.

La posible caída del régimen marcaría el final del proyecto chavista a escala nacional y regional. Y en caso de que el país se sumiera en fuertes convulsiones, los problemas de Venezuela se transformarían en una crisis regional de carácter humanitario que afectaría a corto plazo a Colombia y Brasil pero que acabaría envolviendo a toda América latina y a Estados Unidos.

2-. La consolidación o no del giro al centroderecha

Una victoria en Chile de Sebastián Piñera, la previsible de Juan Orlando Hernández en Honduras y las que pudieran tener lugar en 2018 en Colombia (el uribismo), en México (el panismo) o en Brasil (el PSDB) darían un vuelco a una región que ya viene mostrando cambios de tendencia desde 2015.

Por no hablar de una posible derrota del chavismo en Venezuela que tendría efectos sísmicos para toda la región al dejar a Daniel Ortega en Nicaragua y a Evo Morales en Bolivia como únicos representantes del bloque del ALBA (a expensas de lo que ocurra en Ecuador).

En 2015 la victoria de Mauricio Macri frente al peronista Daniel Scioli pareció abrir una nueva etapa en la región marcada por gobiernos de tendencia centroderechista. Una tendencia que la victoria de Jimmy Morales frente a la “socialdemócrata” Sandra Torres en Guatemala y el triunfo en las legislativas venezolanas de la Mesa de Unidad Democrática ante el PUSV no hicieron sino reforzar.

Las elecciones locales que tuvieron lugar en 2016 en México (junio), en Chile y en Brasil (ambas en octubre) fueron muy importantes por varios motivos, uno de los cuales fue que anticiparon importantes cambios políticos para el próximo trienio 2017-2019. Esos tres procesos electorales mostraron un fuerte avance de las alternativas de centroderecha y un importante descenso de las de centroizquierda. Así, las primeras quedaron fortalecidas y las segunda muy debilitadas.

Como apunta el analista Steven Levitsky “el retroceso de la izquierda tiene dos causas principales. El primero es el desgaste natural después de haber gobernado por tres o cuatro periodos presidenciales… Después de tres periodos, los gobiernos pierden los reflejos políticos; se distancian de la gente, y muchas veces, crece la corrupción.  Aun cuando no son muy corruptos (como en el caso de la Concertación en Chile), la gente se cansa.  Tarde o temprano, el desgaste afecta a todos los gobiernos. Doce años (Argentina) o 13 años (Brasil) en el poder es mucho.  Nada es permanente en la democracia.  Nadie gobierna para siempre”.

Estos resultados se insertan dentro del creciente castigo que están sufriendo los oficialismos (Nueva Mayoría en Chile) o los que lo han sido hasta hace muy poco (el PT en Brasil). Chile fue el último ejemplo de un país que en la actual coyuntura castiga en las urnas a sus gobernantes, pero muy posiblemente habrá más casos en 2017.

Se pasaría así del predominio de una heterogénea izquierda (centroizquierda e izquierda bolivariana) entre 2005 y 2013 a un predominio de una no menos heterogénea derecha que abarca desde el autoritarismo de Juan Orlando Hernández en Honduras al pragmatismo de Mauricio Macro o Pedro Pablo Kuczynski.

3-. El avance del reeleccionismo

El reeleccionismo, en muchas de sus versiones, va a ser el otro gran protagonista en 2017, 2018 y 2019 en las elecciones presidenciales de América latina. A corto plazo, va a a estar presente en los comicios de Honduras (releccionismo continuo) y en las de Chile (reelecionismo alterno).

Además, en dos países que no celebran elecciones presidenciales en 2017 el reeleccionismo va a ser también un elemento a tener en cuenta. En Bolivia donde el régimen de Evo Morales buscará lograr reformar en la constitución para permitir la continuidad del actual presidente más allá de 2020 tras no lograrlo vía referendum en febrero de 2016.

Y en Paraguay que celebra elecciones en 2018 pero este año el Partido Colorado aspira a aprobar una enmienda constitucional que habilite la reelección de Horacio Cartes quien fue electo en 2013.

En Honduras se asistirá a un caso de reeleccionismo continuo en 2017. El presidente, Juan Orlando Hernández, va  a buscar la reelección presidencial amparada en un fallo judicial que acaba con la prohibición a un segundo mandato presidencial.

La constitución del país centroamericano en su artículo 239 prohíbe que quien haya ejercido la titularidad del poder ejecutivo pueda reelegirse en el cargo.

Sin embargo la Corte Suprema de Justicia  en 2015 falló a favor de varios recursos de inaplicabilidad del artículo que impide la reelección presentada por dirigentes del partido de gobierno.

En su fallo, los cinco magistrados a cargo, argumentaron que no se reformó la carta magna porque no tiene facultades para ello, pero sí declaró la inaplicabilidad por tener el control directo de la constitucionalidad de las leyes, como lo establece el artículo 316 de la Constitución. Además, según ellos, el artículo violentaba convenios internacionales que están por encima de la ley primaria hondureña. El presidente Juan Orlando Hernández ya es el candidato del Partido Nacional para los comicios de este año.

Como advierte el académico Daniel Zovatto “nos encontramos, pues, ante una fiebre reeleccionista y a una obsesión por el poder que son malas noticias para una zona caracterizada por la debilidad institucional, la creciente personalización de la política y el hiperpresidencialismo. Como bien lo advirtió Simón Bolívar en su discurso del Congreso de Angostura, el 15 de febrero de 1819: “…nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerlo y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía”.

4-. El castigo a los oficialismos

Desde la derrota del kirchnerismo y el chavismo en 2015, pasando por la de Evo Morales en el referendum de 2016  hasta la imposibilidad del correísmo de ganar en primera vuelta en 2017 en estos último años se han ido produciendo numerosas derrotas en las urnas de los distintos oficialismos.

La incógnita se encuentra en saber si esto seguirá ocurriendo en el próximo trienio y si incluso se puede dar el caso de que exista el voto bronca y el voto protesta puede alcanzar cierto éxito.

Como señalara José Joaquín Brunner 2017 es “un año donde la principal prueba para la democracia estará puesta en la esfera pública y las condiciones para que la deliberación —y la razón— subsistan los embates de la anti-política y la pesadilla de un mundo refundado sobre bases no-democráticas, populistas, autoritarias, nacionalistas, sectarias o totalitarias de cualquiera inspiración”.

Así en México Andrés Manuel López Obrador, que lidera las encuestas, encarna esa tendencia, la del voto bronca contrario a los partidos tradicionales, mientras que en Colombia el uribismo abandera el rechazo hacia el modelo partidista y de gobierno de Juan Manuel Santos.

Ya más dentro del sistema imperante, las oposiciones son las que parten como favoritas para triunfar en otros lugares: en Chile con Piñera lo que supondría el final del gobierno de Nueva Mayoría en el país andino. El PSDB principal fuerza de la oposición en Brasil aspira a regresa al poder tras 16 años de travesía del desierto lo mismo que el PAN en México.

Eso no excluye que oficialismos actuales como el de Hernández en Honduras, Horacio Cartes en Paraguay o el mismo Lenín Moreno en Ecuador puedan prolongar su hegemonía.

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