México elecciones

¿Es realmente otro el Andrés Manuel López Obrador de 2017?

Infolatam
Madrid, 12 de marzo de 2017

Las claves

  • México celebra elecciones presidenciales en 2018

La apuesta de López Obrador

(Excelsior. México)-. “Andrés Manuel López Obrador ha abierto varios frentes simultáneos tratando de posicionarse aún mejor de cara al 2018. Mientras continúa sus giras por el Estado de México y Veracruz, ha iniciado una operación para terminar de desfondar al PRD”

(Infolatam, por Rogelio Núñez)-. Andrés Manuel López Obrador se alza como el gran favorito para ganar las elecciones presidenciales de 2018 en México y lo es porque, entre otras razones, habría cambiado su estilo y sus formas y maneras. De todas formas, sus viejos handicaps le siguen lastrando y condicionando sus opciones de llegar a Los Pinos.

Su propuesta de cambio para acabar con la hegemonía de los partidos tradicionales (PRI y PAN) es la que más adhesiones recibe en estos momentos. La encuesta correspondiente a marzo de 2017 muestra que Andrés Manuel López Obrador continúa como líder rumbo a la elección presidencial de 2018.

El tabasqueño cuenta con el 17,52% de las preferencias, una ventaja de 6,31 puntos porcentuales sobre la panista Margarita Zavala, quien suma 11,21%. En el tercer lugar se encuentra el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong con el 8,24%.

Estos sondeos avalan la tesis de López Obrador: “En las encuestas que se realizan, en todas cuando se les pregunta a la gente si fueran las elecciones del 2018, ¿Por qué partido votarías para la presidencia de la República? Ya Morena esta en primer lugar a nivel nacional, por eso venimos a informar que hay condiciones ahora inmejorables para lograr un verdadero cambio, una transformación”.

Su lucha se centra ahora en convertirse en el líder indiscutible de la izquierda mexicana. Para ello necesita derrotar y acabar con la opción que encarna el PRD y el escenario donde eso podría darse es en el Estado de México, donde se celebran elecciones a gobernador en junio. Allí López Obrador más que ganar aspira a quedar por encima del PRD para que este partido no presente un candidato presidencial en 2018 y acepte ir en coalición (y sometido) con Morena.

El presidente nacional de Morena, Andrés Manuel López Obrador, ya pide directamente a Alejandra Barrales, líder nacional del PRD, la unidad de ambos partidos de izquierda: “Pues ya que dé el paso y deje de estar ayudándole a los de la mafia del poder. Si tiene convicciones. El que está a favor de la corrupción no se va a salir del PRD, ni se va a salir del PRI, ni se va a salir del PAN, los que están por la corrupción; los que están por un cambio verdadero, por la transformación de México, los que piensan en el pueblo, los que quieren se acabe la pobreza y la marginación en México van a unirse a Morena”.

¿Ha cambiado realmente López Obrador?

La idea que existe en estos momentos es que López Obrador es el favorito gracias a que su mensaje y su estilo ha cambiado, se ha moderado y eso le permite llegar a un electorado más amplio. Ya quedaría lejos ese candidato que calificó a Vicente Fox de “chachalaca” (gallinaceo) y ahora AMLO mostraría un perfil más presidenciable.

Sin embargo las razones de su éxito en las encuestas son otras y en cuanto a su posible “moderación”, esta es bastante discutible:

lopez obrador

En primer lugar, su liderazgo en las encuestas muestra más un fenómeno de un electorado muy dividido y fraccionado y unos partidos tradicionales con serias dificultades para atraer votantes, que un éxito abrumador de la estrategia de López Obrador.

El líder de Morena tiene un intención de voto de entre el 25% y el 27% lo cual muestra que su suelo y su techo electoral están muy cerca. En 2006 como candidato presidencial del PRD obtuvo el 35% de los votos y en 2012 el 31%.

Por lo tanto, por sí mismo, no alcanza las cifras de hace once y cinco años respectivamente. Su salto cualitativo se daría si logra que el PRD le apoye (este partido tiene una intención de voto del 7%) aunque está por ver que quien respalda a Miguel Mancera (PRD) hiciera lo mismo con López Obrador.

En segundo lugar, López Obrador se está aprovechando de que los otros partidos aún no han elegido candidato presidencial. El PAN vive una guerra civil interna entre los calderonistas (que respaldan a Margarita Zavala) y los partidarios del presidente del panismo (Ricardo Anaya).

El PRI se ve arrastrado por la escasa popularidad del gobierno de Enrique Peña Nieto y el no tener aún un candidato claro y definido (suenan los nombre de Miguel Ángel Osorio Chong o Luis Videgaray, entre otros).

Por contra, López Obrador no solo es candidato desde 2006, y repitió en 2012, sino que vive en campaña permanente con constantes giras nacionales, gran exposición mediática, declaraciones estridentes y ahora un duelo directo con Donald Trump que aún le aporta mayor visibilidad.

En tercer lugar, en realidad López Obrador no ha cambiado su discurso polarizador, su liderazgo excluyente y su prédica antisistema sino que lo ha mezclado con otros aditivos.

Sigue siendo un líder mesiánico y autoritario que ha preferido romper con el partido que le vio crecer políticamente (el PRD) tras formarse, no hay que olvidarlo en el PRI, para crear de la nada una fuerza en la que él lo es todo (Morena).

Jorge Fernández Menéndez recuerda en Excelsior que “dirigir un partido político a partir de un liderazgo único, es mucho más sencillo que hacerlo cuando confluyen corrientes, personajes, intereses distintos. Morena es el único partido cuyo único sentido y para eso fue creado, es darle a Andrés Manuel López Obrador el sostén suficiente para que llegue a la Presidencia de la República”.

lopez obrador mexico

Entre 2006 y 2012 optó por hacerse dueño de la izquierda primero apoyado en el PRD y luego de forma independiente respaldado por Morena.

Como explica el analista Leo Zuckermann, “después de perder la elección presidencial de 2006, López Obrador se radicalizó con el fin de mantener el control de su base de poder: la izquierda más recalcitrante. Su discurso se tornó estridente, polarizador, como esa izquierda esperaba. Ellos versus nosotros, ricos contra pobres, los de arriba pisoteando a los de abajo, una mafia codiciosa sometiendo al pueblo bueno. Y le funcionó: AMLO se mantuvo como el líder indiscutible de la izquierda mexicana lo cual le aseguró ser, de nuevo, el candidato presidencial en 2012″.

La imagen que trata de transmitir en la actual coyuntura es la de un líder menos radical y menos polarizador.

Raymundo Riva Palacios asegura que “en cada campaña presidencial, Andrés Manuel López Obrador tiene una curva de aprendizaje. El político primitivo pero carismático que ganó la jefatura de Gobierno del entonces Distrito Federal, en 2000, se convirtió en un líder popular que emergió como el líder insustituible de la izquierda social, cuya visión corta lo llevó a crear una estructura electoral paralela al PRD, en 2006, que acompañó a su soberbia durante la campaña presidencial, y al final su derrota. En 2012 ya no utilizó las frases peyorativas que seis años antes le quitaron puntos, y aprendió que la política moderna obliga a participar de ejercicios democráticos, sin festejar antes de tiempo, junto con un cambio de tono en el discurso que le redituó en grande, hasta que se enconchó sin responder nada convincente cuando le preguntaban si, en caso de perder, aceptaría la derrota. En 2018, lo que se ve en el revigorizado López Obrador, es un político más maduro que ha cambiado la semántica y los decibeles. Los resultados son asombrosos”.

Pero lo que realmente existe es el mismo discurso confrontativo de 2006 y 2012 con otros añadidos menos hirientes. Por ejemplo, es inmisericorde con su principal rival Margarita Zavala de la que solo destaca que “es la esposa de Felipe Calderón y miembro de la mafia del poder”.

Y con respecto a sus rivales, PRI y PAN, los tilda de enemigos de la democracia y los valores republicanos y no los contempla como una alternativa política válida ya que asegura que llegó la hora de que la mafia del poder “se vaya para afuera, lo quieran o no lo quieran”.

López Obrador sigue actuando como los demagogos aspirantes a dirigentes populistas: lanza un mensaje fácil de entender (la pobreza es culpa de la corrupción) y crea un enemigo reconocible (“la mafia del poder”) donde engloba a todos sus rivales.

“Gracias a los errores del gobierno de Peña volvió a aparecer en las encuestas. Hoy es el candidato con mayores intenciones de voto para la próxima elección de 2018. Hoy combina parte de su discurso polarizador de 2006 (“la mafia del poder”) con el de la República amorosa de 2012 (“el mal debe enfrentarse con la paz”), pero, más importante aún, vendiéndose como el candidato que ya ganó en 2018. Que su triunfo es inevitable. Que él ya es el Presidente, el presidente Andrés Manuel López Obrador”, concluye Zuckermann.

Y en cuarto lugar, López Obrador se enfrenta a su propia maldición histórica, las derrotas de 2006 y 2012. Sueña con ser un nuevo Lula da Silva (quien perdió en 1989, 1994 y 1998) pero podría ocurrir que se enfrentara a un panorama similar que le llevó a quedarse a las puertas del triunfo.

Ya en 2006, a comienzos de ese año, López Obrador aventajaba en 9 puntos a Calderón quien al final le ganó con menos de un punto porcentual de ventaja sobre López Obrador, que lo llevó a impugnarlas y calificar al panista de “usurpador”.

AMLO puede haber tocado techo en cuanto a sus expectativas electorales a expensas de un posible acuerdo con el PRD cuya virtualidad política estaría por ver. Y ahora los que pueden crecer más son los candidatos que al final elijan el priismo y el panismo.

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