Simon Pachano: Ecuador Elecciones

Indecisión y fin de régimen

Infolatam
Quito, 24 enero 2017
Por Simon Pachano

(Infolatam).-  La indecisión de alrededor de la mitad de los electores contrasta con lo que se halla en juego en la elección presidencial ecuatoriana. Independientemente del resultado que se produzca, el 19 de febrero se pondrá fin no solamente a diez años de gobiernos continuos de Rafael Correa, sino a la denominada Revolución Ciudadana. Incluso aunque triunfara su candidato, el ex vicepresidente Lenin Moreno, ese proceso está prácticamente acabado por la falta de los dos pilares que lo sostuvieron en todo ese tiempo. El liderazgo personal del presidente no es endosable ni transferible y la bonanza económica es un vago recuerdo. Si a esto se suma la muy probable fragmentación de la Asamblea legislativa se deberá convenir que el escenario resulta poco atractivo para cualquier gobierno.

En esas condiciones, lo que se juega en la elección es mucho más que el cambio en el sillón presidencial. En realidad, a partir de ese día se marcará el inicio de una nueva etapa o, como gusta decir el presidente, será un cambio de época, pero en sentido inverso al que él propaga. Si triunfa uno de los candidatos de la oposición se producirá el desmontaje del régimen económico y político instaurado a lo largo de estos diez años. No será tarea fácil porque deberá superar todos los escudos colocados bajo la forma de leyes orgánicas que precisan de mayoría calificada para ser reformadas o derogadas.

rafael correa

Independientemente del resultado que se produzca, el 19 de febrero se pondrá fin no solamente a diez años de gobiernos continuos de Rafael Correa, sino a la denominada Revolución Ciudadana.

Si el triunfador es el candidato oficial, comprobará que su margen de maniobra es mínimo. Además, en cualquiera de los dos casos serán imprescindibles medidas de ajuste con su inevitable costo social y político. La crisis económica que se arrastra desde inicios del 2015 ha podido ser soslayada con un incremento de la deuda que no tiene parangón en la historia reciente del país, y enfrentarla será la tarea central del próximo gobierno.

Se podría suponer que frente a un panorama como el descrito la población hubiera tomado muy tempranamente su decisión, ya sea por la continuación o por la ruptura. Por ello, sorprende que todos los sondeos de opinión coincidan en los altos niveles de indecisión. Hay quienes la explican por el escaso atractivo de las propuestas de los candidatos de oposición, lo que puede ser sin duda uno de los factores. Pero ese rechazo a los opositores debería tener como contraparte al candidato oficial cómodamente instalado con una fuerte intención de voto favorable. Pero eso no ocurre y por el contrario, según todas las encuestas presenta una tendencia a la baja desde octubre, cuando se presentó oficialmente su candidatura. Por consiguiente, las causas hay que buscarlas en otro lado.

Es probable que la indecisión provenga de la confluencia de tres factores. Primero, la desconfianza en todos los candidatos. Ninguno de ellos sería considerado idóneo para enfrentar las tareas que exige la situación económica. Segundo, la incertidumbre frente a la ausencia del liderazgo personal, que ha sido el pilar central de todo el proceso, debe tener su peso en la decisión –o más bien, la indecisión- de la mayoría. Tercero, en ese alto porcentaje puede haber un fuerte componente de voto oculto, de personas que ya decidieron pero que no se atreven a decirlo por temores a represalias muy costosas en un contexto en que la economía depende fundamentalmente de los recursos públicos.

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