Leonardo Vera: México Estados Unidos

¿Acaso los estudios sustentan la política de Trump contra los inmigrantes mexicanos?

Infolatam
Caracas, 2 febrero 2017
Por Leonardo V. Vera

(Infolatam).- Se estima que hay cerca de 11,7 millones de inmigrantes mexicanos viviendo hoy día en los Estado Unidos, ya sea con status legal o no, una cifra que representa el 28 por ciento de la población total de inmigrantes que viven en el país (que ya suma cerca de 42 millones de personas). Sin ser un porcentaje muy alto, sin duda la población mexicana si representa una mayoría muy visible en el universo migratorio.

El flujo neto de personas desde México a los Estados Unidos cada año y desde 2007 se venía calculando en cerca de 200 mil personas, una estimación muy por debajo de la media reportada para la década de los años 90, cuando rondaba los 466 mil por año. Pero un reciente reporte del Pew Hispanic Center (2012)1/ revela que hacia el año 2011 la población de no nacidos en los Estados Unidos de origen mexicano estaba decreciendo, lo cual es un indicativo de que el flujo neto pudiera haberse hecho negativo en los últimos años. Es decir, más mexicanos pudieran hoy día estar moviéndose de los Estados Unidos hacia México, que desde México hacia los Estados Unidos. De hecho, los inmigrantes mexicanos no corresponden ya a la mayor corriente migratoria que entra hoy a los Estados Unidos. Desde el año 2013, China e India superan a cualquier país como los lugares de origen del mayor número de inmigrantes que han residido en los Estado Unidos por un año o menos.

En es éste contexto que el señor Donald Trump ha lanzado sus anuncios y sus primeros gestos en lo que ya se perfila como una política migratoria de grado hostil, especialmente hacia la migración proveniente de México. En mayo de 2015 en la llamada “Cumbre por la Libertad” celebrada en Carolina del Sur, Trump señalaba iracundo: “México no se aprovechará más de nosotros. No tendrán más la frontera abierta. El más grande constructor del mundo soy yo y les voy a construir el muro más grande que jamás hayan visto. Y adivinen quién lo va a pagar: México“. El miércoles 25 de enero de este año el Secretario de Prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, informaba que el Presidente Trump había firmado el decreto ejecutivo para comenzar la construcción del muro en la frontera con México.

Las ideas o creencias sobre las que reposa la agresiva política migratoria de Donald Trump contra México son simples y han sido muy difundidas entre la opinión pública norteamericana desde hace muchos años. Se señala, en primer lugar, que los inmigrantes mexicanos toman empleos en los Estados Unidos que dejan cesantes o sin puestos de trabajo a los trabajadores de origen estadounidense, especialmente en el sector manufacturero. En segundo lugar, se señala que los trabajadores de origen mexicano, por ser de muy baja calificación, están dispuestos a aceptar trabajos con bajas remuneraciones, depauperando el salario de los trabajadores de origen local.  En tercer lugar, se dice que estos inmigrantes terminan representando una carga para el Gobierno Federal y para el contribuyente norteamericano, por el uso profuso que hacen del sistema de salud pública. Finalmente, los inmigrantes de origen mexicano son acusados de estar implicados en actividades  delictivas y de haber influido en los indicadores de criminalidad del país.

(Infolatam).- Durante las últimas 2 décadas, el interés de los investigadores en el campo económico por conocer la realidad y la actividad migratoria en los Estado Unidos es creciente, y muchos trabajos científicos se han abocado a conocer los efectos que tienen la inmigración sobre la estructura salarial, sobre el empleo, el crimen y los programas sociales gubernamentales.

Todas y cada una de afirmaciones que presumiblemente sustentan la orientación, la actitud, el sesgo, y en definitiva la política anti-migratoria de Donald Trump y sus asesores es rechazada abiertamente por los estudios.

Por ejemplo, los estudios iniciales sobre el impacto de los inmigrantes mexicanos en la estructura salarial de los trabajadores de baja calificación nacidos en los Estados Unidos se iniciaron algo más de una década atrás con los trabajos de Card y Lewis (2005)2/ y Toussaint-Comeau (2007)3/. Usando micro-datos de los Censos de los años 1980, 1990 y 2000 y técnicas econométricas, ambos estudios rechazan la hipótesis que señala que la entrada de inmigrantes mexicanos en empleos de baja calificación disminuye el salario de los trabajadores nativos norteamericanos. La evidencia más reciente encontrada por Chaflin y Levy (2013)4/ es aun más contundente. El estudio de ambos autores logra sobreponerse a los problemas que en las estimaciones econométricas genera el patrón de migración de ciertas ciudades de México hacia ciertas ciudades norteamericanas. Chalfin y Levy no encuentran ningún impacto significativo de la entrada de trabajadores inmigrantes (en las 76 áreas metropolitanas estudiadas) sobre los salarios de los trabajadores no inmigrantes; y los resultados se corroboran para distintos grupos etarios, para distintos grupos étnicos y raciales, y para grupos con distintas calificaciones laborales.

Las investigaciones sobre los efectos de la entrada de trabajadores mexicanos en el empleo de los trabajadores nativos derrumban otro mito. En el año 2003 la Comisión de Comercio Internacional de los Estados Unidos (USITC)5/ construyó un sofisticado modelo de equilibrio general computable para medir justamente los efectos económicos de diferentes acuerdos de libre comercio firmados por los EE.UU. Entre otras cosas, el estudio de USITEC encontró que entre 1994 y el año 2000 los Estados Unidos pudo haber tenido una ganancia de hasta 270 mil empleos gracias al NAFTA (acuerdo de Libre Comercio con México y Canadá).

Diez años más tarde, Chalfin y Levy (2013), en el estudio antes mencionado, encuentran que la presencia de trabajadores inmigrantes de origen mexicano no tiene, en general, ningún efecto en las tasas de desempleo de los trabajadores nativos de los Estados Unidos pero si un efecto positivo (de mayor empleo) en los trabajadores nativos de alta calificación. Un estudio también reciente de Brian Cadena y Brian Kovac de la Universidad de Colorado y de Carnegie Mellon respectivamente (Cadena y Kovac 2013)6/, encuentra algo más sorprendente.  Que los trabajadores de origen mexicano de baja calificación tienden a moverse mucho más de jurisdicción que los trabajadores nativos, haciendo entonces que en las recesiones estos últimos puedan conseguir oportunidades de empleo. La explicación puede estar en que los trabajadores inmigrantes suelen no estar protegidos por el seguro de desempleo, por lo que su subsistencia depende exclusivamente del salario. Así que en las recesiones los inmigrantes mexicanos están dispuestos a movilizarse mucho más que el resto, ayudando a re-equilibrar el mercado de trabajo.

Sobre la supuesta presión que los trabajadores de origen mexicano ponen sobre el empleo en el sector manufacturero norteamericano (una acusación sistemáticamente advertida por Trump y sus partidarios), basta señalar que sólo el 6% de los trabajadores en la industria manufacturera norteamericana es de origen mexicano. Los trabajadores de origen mexicano se concentran especialmente en la agricultura (con una participación de 27%) y en la industria de la construcción (con 15% de participación).

No hay tampoco ninguna sobrecarga de los inmigrantes mexicanos sobre el sistema de salud pública. Datos recopilados por Tovar et. al. (2014)7/ indican que entre los hijos de nativos mexicanos menores a los 18 años existe una proporción de 120 por cada mil  sin acceso a seguro de salud en los Estados Unidos, mientras que en la población nativa la razón es de 10 por cada mil. A pesar que la población de origen mexicano es apenas el 4% de la población total del país, al interior de la población sin seguro de salud representan el 13%.

Hay en efecto, cerca de 6,4 millones de nativos mexicanos viviendo en los EE.UU. sin cobertura de salud, lo que representa más 50% de la población de ese origen. La falta de cobertura de salud es más dramática en los trabajadores agrícolas (71%), en la construcción (69%), y en los servicios de baja calificación (63%), donde justamente las incidencias por accidentes y enfermedades son mayores. Un estudio  reportado reciente mente por la Universidad de California (Berkeley) en conjunto con la Secretaria de Gobierno de México indica que la población de origen mexicano es la que en proporción menor uso hace del sistema de salud en los Estado Unidos ¿Cómo pueden entonces los inmigrantes de origen mexicano haber colapsado el sistema de salud pública norteamericano sin no ni remotamente sus mayores usuarios?

Los mitos se revelan más grotescamente cuando se analiza el tema criminal. Para nadie es un secreto que la tasa de criminalidad en los Estados Unidos ha venido bajando en los últimos años, e incluso ha bajado mucho mas en los Estados más expuestos al crecimiento de la migración. De acuerdo a los datos de criminalidad reportados por el FBI, entre las ciudades con más de 500 mil habitantes, las 4 con las menores tasas de criminalidad son San Diego, Phoenix, El Paso, y Austin—todas en estados fronterizos con México y con una muy alta proporción de inmigrantes mexicanos8/. Aquí es importante una vez más traer a colación un estudio de Aaron Chalfin (2014)9/, quien ha revisado los estudios empíricos recientes sobre los efectos de la inmigración mexicana en la criminalidad. Chalfin encuentra que abrumadoramente los estudios empíricos llevados a cabo desde 1998 no encuentran relación alguna entre la inmigración mexicana y las tasas de criminalidad. El propio estudio de Chalfin corrobora estos resultados con la ventaja de que usa datos anuales y no promedios entre décadas.

En perspectiva parece claro entonces que el Presidente Trump y sus asesores en materia migratoria vienen explotando una matriz de opinión que resulta de un conjunto de creencias no sólo inadecuadas y confusas, sino además falsas ¿Poner en evidencia estas falsas creencias cambiará en algo la política pública de Trump hacia los inmigrantes mexicanos? Probablemente no. Pero en cualquier caso es bueno saber de qué lado está la razón.

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1/Pew Hispanic Center. 2012. “Net Migration from Mexico Falls to Zero—and Perhaps Less”, Washington D.C.

2/Card, David and Ethan G. Lewis. 2007. “The Diusion of Mexican Immigrants During the 1990s: Explanations and Impacts,” en Mexican Immigration to the United States, editado por George J. Borjas. Chicago: University of Chicago Press.

3/Toussaint-Comeau. 2007. The Impact of Mexican Immigrants on U.S. Wage Structure, Federal Reserve Bank of Chicago, Working Paper.

4/Chalfin, A. y Levy, M. 2013. “The Effect of Mexican Immigration on the Wages and Employment of U.S. Natives: Evidence from the Timing of Mexican Fertility Shocks”, Goldman School of Public Policy, UC Berkeley.

5/U.S. International Trade Commission. 2003. “ The Impact of Trade Agreements: Effect of the Tokyo Round, U.S.-Israel FTA, U.S.-Canada FTA, NAFTA, and the Uruguay Round on the U.S. Economy”, publication no. 3621 (Washington, D.C.), August. Disponible en www.usitc.gov.

6/Cadena, B. y Kovac, B. 2013. “Immigrants Equilibrate Local Labor Markets: Evidence from the Great Recession”, NBER Working Paper No. 19272.

7/Tovar, L.A.R., Chávez, A., Munguía, J.E.A. and Jurado, A.G.B. 2014. Myths and Realities about Mexico-United States Migration. iBusiness, 6, 63-70. http://dx.doi.org/10.4236/ib.2014.62008

8/Tim Padgett, “The Dangerous Border: Actually One of America’s Safest Places,” Time, July 30, 2010.

9/Chalfin, A. 2014. “What is the Contribution of Mexican Immigration to U.S. Crime Rates? Evidence from Rainfall Shocks in Mexico” American Law and Economics Review, V16, N1, (220–268)

 

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