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América latina (2017) ante la parálisis del impulso reformista

Infolatam
Madrid, 24 de diciembre de 2016

(Infolatam, por Rogelio Núñez)-. El mayor riesgo que corre la economía latinoamericana es el de caer en un débil y escaso crecimiento y que éste se prolongue durante un largo periodo. Para salir de esta trampa se necesitan reformas estructurales las cuales, a día de hoy, están paralizadas en la mayoría de los países de la región.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sostiene que para el período 2014-2020 el crecimiento anual promedio proyectado rondaría el 1,7%, cifra que se sitúa muy por debajo del 4% registrado durante el período de auge de las materias primas (2003 y 2013).

Todo indica que el precio de los commodities puede experimentar ascensos pero ya no para alcanzar los niveles de la “Década Dorada”. “La mayoría de los pronósticos prevé una recuperación moderada en los precios de los commodities”, señala Andrew Powell.

Este, asesor Económico Principal del BID, subraya que “no debemos perder de vista que los precios de los productos básicos son prácticamente imposibles de predecir. Es necesario que los países desarrollen mejores métodos para manejar la incertidumbre respecto de los precios de los commodities”.

Además, el contexto internacional no ayuda y ni EEUU ni China parece que puedan tirar de la economía regional.

El BID apunta que por cada 1% de reducción en el crecimiento de China, impacta América Latina y el Caribe con una reducción del 0,6% en el crecimiento. Asimismo, por cada 1% de reducción en el crecimiento económico de EEUU, América Latina y el Caribe pierde 1,5% en crecimiento.

Reformas estructurales sí o sí

El Producto Interno Bruto (PIB) de América Latina se recuperará moderadamente hasta el 1,6 por ciento en 2017, después de dos años de contracción económica, según Fitch Ratings.

Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2016,

Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2016

Este débil crecimiento a medio plazo exige cambios y reformas.

Por eso, José Juan Ruiz, economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), asegura que Latinoamérica “necesita reinventarse” en un momento de débil crecimiento mundial para evitar que se repita la “Década Perdida” de los años ochenta.

El economista español apunta que “América Latina ha encadenado en el año 2016 dos años de crecimiento negativo, cosa que no ocurría desde 1982, la crisis que inició la ‘década perdida’, y América tiene que prepararse ante este nuevo desafío de bajo crecimiento del continente y la economía mundial, de una forma que le permite no caer en esos decem perdidas sino tener décadas ganadas”.

El crecimiento del PIB va a ser muy magro en todas las economías latinoamericanas empezando por  las grandes. México se mantiene estable tras haber avanzado un 2,5% en 2015, pero la OCDE augura resultados similares para 2016 (+2.2%), 2017 (+2.3%) y 2018 (+2.4%).

La economía de Brasil está saliendo de una “profunda y prolongada recesión”, lo cual lleva a la OCDE a considerar que el país, que lleva dos años de recesión (-3,9% en 2015, -3,4% previsto en 2016), saldrá de los números rojos en 2017 (0%) y volverá a la senda del crecimiento en 2018 (+1,2%).

En ese futuro cercano México y Brasil van a crecer durante este próximo trienio por debajo del 3%,  lo cual da una idea del nivel de escaso dinamismo que va a golpear a las economías regionales.

Esta situación conduce a un callejón con una sola salida para la región: hacer reformas para ganar en productividad y competitividad a la vez que la apuesta reformista debe ir dirigida a potenciar una mayor  innovación, la diversificación de la matriz productiva, el impulso de las infraestructuras y a la construcción de una educación de calidad.

Ruiz destaca que “hay un problema de corto plazo que es recuperar la estabilidad macroeconómica, pero lo importante hoy es cómo hacemos las reformas que permiten a la región ahorrar más e invertir más, mejorar su productividad, integrarse más en la economía mundial, tener mejores infraestructuras, tener una educación de mayor calidad, una institucionalidad mejor”.

Las reformas paralizadas

El grave problema que afronta la región en estos momentos es que las reformas no se están impulsando en casi ningún país de América latina.

En algunas naciones se debe al que el impulso reformista se ha agotado: es el caso de Enrique Peña Nieto en México y de Michelle Bachelet en Chile. En ambos, los presidentes afrontan el tramo final de sus mandatos (acaban los dos en 2018) muy debilitados y con el proceso de reformas cumplido (Peña Nieto) o frustrado (Bachelet).

Chile padece un profunda desaceleración: el crecimiento económico acumulado durante 2016 es de 1,6%, inferior al 1,9% de 2014 y al 2% de 2015.

El ex decano y académico de Economía de la Universidad de Chile, Joseph Ramos, explica que “la economía por tercer año consecutivo estará creciendo en torno o menos del 2% en circunstancias que durante los últimos 30 años creció más de 5%. Sabemos que ahora hay un tema con el precio del cobre, entre otros factores, pero a todas luces este crecimiento es insuficiente, menor al PIB tendencial y es motivo de preocupación. Ahora, no estamos en una crisis”.

En otros países el lento ritmo de los cambios y la falta de respuesta del entorno han puesto en tela de juicio la gestión global: es el caso de Mauricio Macri en Argentina.

Manuel Mora y Araujo asegura en Infolatam que “la situación del país es preocupante. Los indicadores macroeconómicos y sociales no muestran signos de mejoría. El enfermo continúa bajo pronóstico reservado… El gobierno de Macri viene haciendo buena letra, y parece pensar que eso debería bastar. Es posible que no sea así, que el mundo esté esperando más señales consistentes antes de animarse a confiar en la Argentina”.

Caso aparte es el de las reformas es el de la Cuba de Raúl Castro que han marchado a un ritmo muy lento para que el régimen sea capaz de controlar y encauzar los cambios sociales que las propias reformas provocan. Así se evitaría que estas transformaciones socaven el control que el partido y las FFAA mantienen sobre la sociedad. Tras la muerte de Fidel todo apunta a que ese ritmo no sufrirá grandes alteraciones.

Macri Peña Nieto (Argentina México)

En otros casos, el proceso de reformas se encuentra paralizado (Guatemala, Costa Rica y Perú) debido a la debilidad de unos gobiernos que no cuentan con mayoría en las cámaras.

En otros casos el proceso de reformas ni siquiera se ha iniciado (Venezuela y Ecuador) lo que hace prever un 2017 muy complejo para ambos países.

Uno sumido en una crisis institucional y en una profunda recesión (Venezuela) y el otro con una enorme tarea pendiente justo cuando tiene lugar un cambio de gobierno y desaparece de la primera línea el principal líder nacional (Ecuador).

Colombia y Brasil son los dos únicos países que han avanzado en estas reformas estructurales y ambos obligados por las circunstancias.

En el caso colombiano la firma de la paz ha impulsado al gobierno de Juan Manuel Santos a llevar a cabo un reforma fiscal para financiar el esfuerzo tributario que supone el postconflicto.

En el caso brasileño la profunda crisis en la que ha caído el país ha conducido al gobierno de Michel Temer a poner en marcha toda una legislación de carácter reformista que es más un ajuste obligado por la coyuntura que un plan integral de cambios.

Temer espera la aprobación en el Congreso de tres piezas clave para la recuperación de la economía. Se trata de una enmienda constitucional para congelar los gastos públicos por 20 años, la reforma del sistema previsional y la flexibilización de la legislación laboral.

En resumen, las reformas estructurales en América latina podrán tardar más o menos, dependiendo de la coyuntura de cada país.

Lo único seguro es que acabarán llegando porque, como afirma la expresidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, “nos encontramos en una nueva encrucijada que nos plantea la urgente necesidad de abordar las reformas estructurales que por mucho tiempo hemos pospuesto; las reformas que nos permitan resolver favorablemente la ecuación que integre crecimiento económico, justicia social y democracia política.  Para ello debemos enfrentar tres grandes retos: el reto de la productividad, el reto de la equidad, y el reto de la gobernabilidad”.

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