Sergio Fausto: Brasil Presidencia

En Brasil, la crisis cruza un nuevo umbral

Infolatam
Sao Paulo, 13 diciembre 2016
Por Sergio Fausto

(Infolatam).-Transcurridos poco más de tres meses desde que se volvió presidente en forma definitiva, ya se especula si Michel Temer llegará al final del actual mandato, que finaliza el 31 de diciembre de 2018. Esto da la dimensión de la aguda incertidumbre que rodea a la política Brasil.

La perspectiva de discontinuidad política presenta un giro dramático frente a la situación que prevaleció hasta noviembre. Pese a ser impopular y cuestionado en su legitimidad por una minoría, aunque significativa, de la sociedad brasileña, Michel Temer acumuló capital político desde que asumió interinamente la presidencia a finales de abril. Por un lado, porque consiguió reunir a un equipo con experiencia y alta calificación técnica para ocupar el área económica del gobierno, que abarca no sólo el Ministerio de Finanzas y el Banco Central, sino también Petrobras, BNDES y Eletrobrás, el holding federal empresas eléctricas públicas.

Por otro lado, por que no tardó en demostrar la capacidad de obtener una amplia base de apoyo en el Congreso, con los votos suficientes en el Senado no sólo para consumar la destitución definitiva de la expresidente Dilma, sino también para avanzar en el programa de ajuste fiscal que presentó su gobierno como la prioridad de prioridades. Las expectativas de apoyo parlamentario al nuevo gobierno se confirmaron con la aprobación del juicio político por un amplio margen, por encima del quórum de dos tercios requeridos por la Constitución, y la aprobación de la Propuesta de enmienda constitucional que fija el límite a la expansión del gasto del gobierno federal para los próximos veinte años, también por una mayoría mayor que el quórum exigido constitucionalmente , en este caso 3/5.  Aprobada en la Cámara, la llamada PEC del techo de gasto se aprobó ayer finalmente en el Senado.

La impresión de que el gobierno de Michel Temer pisaba tierra firme se vio reforzada por los resultados de las elecciones municipales de octubre, que representaron un gran revés político para el PT. El partido de los expresidentes Lula y Dilma redujo a 1/3 el número de municipios que obtuvieron en las elecciones anteriores, y no logró una sola victoria en las principales capitales del país. El PSDB, partido que forma parte del gobierno, fue mejor que todos los demás, al cosechar los beneficios de ser el principal rival del PT durante trece años. A pesar del alto porcentaje de abstenciones, votos nulos y en blanco y del crecimiento de muchos partidos minoritarios, lo que confirma la tendencia a la fragmentación del sistema de partidos, el mapa político resultante de las elecciones alentó la percepción de que un nuevo eje político comenzaba a ganar consistencia en torno al PMDB y el PSDB, aumentando las posibilidades de aprobación de reformas en 2017 y reduciendo la incertidumbre electoral en 2018.

Fue fugaz el optimismo postelectoral. En noviembre, el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), la agencia federal responsable de los principales indicadores sociales y económicos del país, echó un balde de agua fría sobre las esperanzas de que la economía estaba empezando a recuperarse. Los datos relativos al comportamiento del PIB en el tercer trimestre de este año mostraron una retracción del 0,8% con respecto al anterior trimestre totalizando una caída de 4% entre enero y septiembre, en comparación con el mismo período del año anterior. Inmediatamente, las proyecciones para el crecimiento en 2017, que variaban entre el 1 y el 2%, se ajustaron a un rango entre 0% y 1%, con la mediana alrededor de 0.5%. El cambio en las previsiones de crecimiento aumentó las dudas sobre la viabilidad del ajuste fiscal, ya sea por la reducción de las estimaciones de los ingresos fiscales, o por la dificultad adicional de votar sobre la reforma de pensiones en medio de un panorama económico sombrío.

El presidente Michel Temer (der.) y Geddel Vieira Lima. Foto: AFP

El presidente Michel Temer (der.) y Geddel Vieira Lima. Foto: AFP

Más grave, sin embargo, fue la caída de otro ministro del gobierno bajo la acusación de comportamiento incompatible con el cargo. Fue el quinto ministro que cayó en estos pocos meses y el segundo perteneciente al núcleo duro del Gobierno. Esta vez, se trató del  Secretario General de la Presidencia, Geddel Vieira Lima, bajo el ataque del ministro de Cultura. Este, un joven diplomático, tomó la iniciativa de dimitir, alegando haber sido presionado por Geddel para cambiar una opinión técnica de la agencia federal responsable de la conservación del patrimonio histórico. Según el ministro de cultura, el propósito de la presión fue la liberación, sin restricciones, de un desarrollo inmobiliario de gran lujo en la región histórica de Salvador, capital de Bahía, en la que el Secretario General de la Presidencia había adquirido un apartamento.

Las acusaciones de Calero llegaron al presidente que, según el Ministro de Cultura, no habría hecho nada para evitar que el Secretario General ejerciese presión reiteradamente en favor de la empresa. La demora de Michel Temer para dimitir a Geddel y el hecho de que haber calificado el episodio de “fatozinho” (pequeño asunto sin importancia) fue un grave error político. El presidente se mostró fuera de sintonía con una sociedad que, bajo el impacto de la operación Lava Jato, ya no tolera desvíos de conducta como antes. Preferió doblar su apuesta de que  la variable política fundamental es un buen manejo del Congreso (Geddel, ex diputado, fue uno de los responsables de la articulación del gobierno con su base parlamentaria).

La persistencia de la recesión, que se extiende desde el primer trimestre de 2014, con tasas de desempleo que aumentaron de 5% a 12%, en números redondos, y siguen una tendencia al alza, y, por decir lo menos, la dificultad del gobierno para entrar más en sintonía con la sociedad, para lo que no ayuda el estilo de licenciado en Derecho del presidente, explica en gran medida la brusca caída de la popularidad que sufrió, según un estudio publicado por Datafolha el 12 de diciembre.

Nada de lo dicho hasta ahora, sin embargo, avala la declaración que hice en la apertura de este artículo. Para justificarlo, hay que tener en cuenta los acontecimientos de las últimas 72  horas. El viernes pasado se filtró la totalidad del testimonio de uno de los cinco ejecutivos de Odebrecht que se considera están mejor informados acerca de las relaciones de la empresa con los políticos. Este testimonio sirve como una señal del tsunami, perdón por el cliché, que barrerá la escena política brasileña en los próximos meses. Vale la pena recordar que hay otros 76 ejecutivos que se unieron a la delación premiada, incluyendo a Emilio y Marcelo Odebrecht, miembros de la segunda y tercera generaciones de la dinastía empresarial, que ocupaban la presidencia de la junta directiva y la posición de Director Superintendente de Odebrecht, respectivamente.

El efecto jurídico de esas delaciones tardará en sentirse. Todavía tienen que ser aprobadas por el Tribunal Supremo y juzgados por este tribunal, ya que la mayoría de los acusados goza del llamado foro privilegiado, una consecuencia de la legislación brasileña, por la amplitud el alcance de su impacto. El efecto político, sin embargo, se hará sentir de manera más inmediata. Este es el drama del gobierno, ya que lo que queda de su núcleo duro aparece en un lugar destacado en la primera de las delaciones, y el propio presidente se menciona varias veces.

El presidente de Brasil, Michel Temer

La popularidad de Temer caerá más (la encuesta de Datafolha todavía no refleja los episodios más recientes).

La popularidad de Temer caerá más (la encuesta de Datafolha todavía no refleja los episodios más recientes). Las nuevas denuncias pueden alimentar los procedimiento de anulación del mandato electivo contra la lista electoral Dilma/ Temer, en consideración en el Tribunal Supremo Electoral. En una de esas acciones, surgidas después de las elecciones de 2014, el PSDB, que en ese momento no se imaginaba estar hoy en la condición principal aliado del PMDB, en el apoyo del gobierno Michel Temer, acusa a la lista ganadora de haberse beneficiado de recursos desviados de Petrobras para financiar su campaña electoral.

El escándalo del Petrolão no es el único problema en las delaciones de Odebrecht, dada la magnitud de la relación ilegal de la empresa con los políticos, pero sin duda tiene un lugar especialmente destacado. Si el TSE revocar la lista, la Constitución ordena que el Congreso elija indirectamente un nuevo presidente para el cumplimiento del término del mandato (no está previsto convocar elecciones directas, una vez transcurrida la primera mitad del mandato, lo que acontecerá el próximo 31 de diciembre).

La crisis brasileña atraviesa un nuevo umbral. Nada es seguro. Lo único cierto es que estamos en el medio de la peor recesión en la historia del país, con una dinámica de la deuda pública “avasalladora“, para usar el adjetivo utilizado por el ex presidente del Banco Central, Arminio Fraga, en una entrevista reciente y 3 de las 6 mayores provincias (estados) en virtual bancarrota. La política tiene que responder a esta urgencia apremiante. el drama se intensifica debido a que el sistema político está en ruinas y sus líderes bajo los focos del escándalo Lava Jato. en aparente paradoja, el cerco cada vez más cerrado de la justicia, viene generando un efecto agregador de la mayoría del parlamento en torno al Gobierno. pero no todo depende del Congreso. ¿Podrá el Tribunal Superior Electoral ignorar las evidencias que surgen de las delaciones premiadas, que se profundizan, en un escenario de desmoralización del gobierno ante la opinión pública?

El optimismo que queda se debe a que las instituciones políticas y legales, mal o bien probadas en sus límites, chocan, pero se recomponen luego, sin llegar a un punto de ruptura. Lo mismo ocurre con los grandes partidos y sus líderes. Al mismo tiempo, existe un consenso razonable de que el populismo nacional-estatista no es la receta para curar el desequilibrio fiscal y el colapso del crecimiento, pero sí sus causas fondo. Hay un equipo económico de primera línea con las manos en el timón y la conciencia de que llegamos a una situación límite. Brasil a veces coquetea con el precipicio, pero nunca se tira. con Temer o sin él.

 

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