Manuel Mora y Araujo: Argentina Presidencia

El primer año del Gobierno de Macri: buenas expectativas, pobres resultados

mauricio macri

"Macri es un político singular. No es exactamente un exponente de la “antipolítica” hoy en boga en muchos países, pero se aproxima; de hecho, no proviene de un partido tradicional ni es sostenido en una organización típicamente partidaria.."

Infolatam
Buenos Aires, 5 diciembre 2016
Por Manuel Mora y Araujo

(Infolatam).- El 10 de diciembre el gobierno de Mauricio Macri cumple su primer año. La semana pasada -la penúltima de este primer año- se cerró con un publicitado encuentro de todo el gabinete, realizado en un resort marítimo fuera de Buenos Aires, pomposamente llamado “retiro espiritual”. El evento ha recibido mucha atención en los medios de prensa, y ha sido motivo de algunas burlas y de varias quejas -por el tono de reality show televisivo que los medios le han dado y que el gobierno no intentó neutralizar-. La pregunta que muchos se formulan, acerca del por qué de tanta innecesaria publicidad dada al evento, es que a Macri le interesa  que la sociedad tome debida nota de que su gobierno está preocupado por la situación del país y se discute qué hacer. De hecho, el presidente cerró con un discurso también difundido por la prensa.

Y, efectivamente, la situación del país es preocupante. Los indicadores macroeconómicos y sociales no muestran signos de mejoría. El enfermo continúa bajo pronóstico reservado. La inflación cedió un poco, pero mucho menos de lo esperado y ciertamente no lo suficiente; la economía no retoma una tasa de crecimiento significativa; la inversión llega con cuentagotas; el desempleo no cede; el déficit fiscal no baja; los abrumadores índices de pobreza de la Argentina no han disminuido; los indicadores cuantitativos relativos a la educación son decepcionantes. Ese es el cuadro que preocupa al gobierno, a la mayoría de los argentinos, a las organizaciones sociales, a los sindicatos, a los empresarios y a los dirigentes políticos de todo el país.

Estos días se han conocido algunas nuevas encuestas de opinión. Tienen en común que muestran una realidad con dos caras bien diferenciadas: una es la que acabamos de describir, la relativa a la situación real; la otra es la de las expectativas, sorprendentemente positivas -aunque van declinando gradualmente a lo largo de los últimos meses-. La conclusión plausible es que gran parte de la sociedad argentina quisiera que a Macri le vaya bien, no confía en las principales opciones opositoras y todavía concede al gobierno un crédito de confianza. En el horizonte está la elección parcial de fines de 2017, que actúa como un elemento de referencia y como un reaseguro ante ese crédito de confianza. Son largos meses en los que cada votante puede calcular hasta el cansancio a quién dará su voto en respuesta a esa compleja ecuación que sugieren las encuestas.

El fenómeno Macri

Macri es un político singular. No es exactamente un exponente de la “antipolítica” hoy en boga en muchos países, pero se aproxima; de hecho, no proviene de un partido tradicional ni es sostenido en una organización típicamente partidaria; viene de una familia que hizo su fortuna en la industria manufacturera y la construcción pero es difícil catalogarlo en algún estereotipo ideológico o político simple. Como presidente ha conformado un gabinete heterogéneo y heterodoxo, prefiriendo descentralizar las decisiones antes que imponer una visión única de las políticas de gobierno.

Ha denotado a las claras que su estilo es gobernar dialogando y buscando consensos; rectifica fácilmente las decisiones que despiertan rechazo, corrige sus propios errores, tolera el disenso explícito en su entorno y tiende a mostrarse amigable con gobernadores y con dirigentes opositores. En estos rasgos de su estilo, Macri es atípico para los estándares argentinos. Cuando algunos dirigentes intemperantes -o algunos periodistas- lo descalifican manifiestamente, la opinión pública parece ponerse más bien del lado del presidente. Sin duda, Macri representa un experimento novedoso para la Argentina. Y la pregunta que naturalmente queda planteada es: ¿será lo suficientemente novedoso como para no acabar en otro fracaso típicamente argentino?

Explicando los pobres resultados

LANTERI (ARGENTINA), 02/11/2016.- EFE/PRESIDENCIA DE ARGENTINA SOLO USO EDITORIAL

“.. Algunos, con mirada más sociológica, decimos: es la sociedad argentina la que está peor de cómo imaginamos”.

¿Por qué las cosas no mejoran? En acaloradas discusiones todos los días se cotejan distintas interpretaciones. El gobierno sostiene que “encontramos todo peor de cómo imaginábamos”. Los observadores más ortodoxos atribuyen los problemas al gradualismo y el eclecticismo del enfoque del gobierno; si se elige no extirpar los males de raíz, las enfermedades se autoalimentan. A eso, el gobierno responde que la sociedad hoy no tolera políticas de shock. En otras palabras, el gobierno no quiso tomar riesgos ni siquiera en su primer año, cuando en general la experiencia sugiere que las sociedades se muestran más tolerantes. Los heterodoxos dentro del gobierno justifican ese gradualismo: un gobierno en minoría parlamentaria tiene que negociar continuamente. Y se amparan en un buen record: más de 70 leyes aprobadas en un año negociando una por una con un Congreso con mayoría opositora. La contracara es el costo de cada arreglo, que engrosa el déficit fiscal; muchas leyes, pero pocos resultados.

Algunos, con mirada más sociológica, decimos: es la sociedad argentina la que está peor de cómo imaginamos. Es una sociedad que no encuentra las vías para generar consensos, que exige soluciones inmediatas y no entiende de responsabilidades, de esfuerzos ni de austeridad; una sociedad que se deja llevar por sus sectores organizados -sindicatos que extorsionan para lograr ventajas, empresarios que exigen protección, organizaciones sociales que reclaman recursos del estado incesantemente-. En este plano, el mayor problema del gobierno es carecer de un diagnóstico. Consecuencia: el déficit no baja, la inflación no cede, el nivel de empleo no aumenta.

Hay posiblemente un problema adicional: la credibilidad argentina, muy baja. En un mundo atravesado por la ola de “neo populismos” que amenazan con desafiar el orden internacional, América Latina es todavía un remanso del “viejo orden” que no ve con malos ojos la globalización. La tendencia hacia regímenes “bolivarianos”, escasamente democráticos, que dominó en las primeras décadas de este siglo, está haciendo lugar en muchos países a gobiernos moderados, sistemas políticos plurales, políticas más compatibles con un sistema capitalista globalizado.

El gobierno de Macri es un caso en esa tendencia, y eso puede jugar a su favor. Pero carga con el peso muerto de la desconfianza del mundo en esta Argentina que desde hace muchas décadas incumple sus compromisos, “defaultea” su deuda, se mofa de las reglas implícitas y explícitamente acordadas y sufre una prima de riesgo país sensiblemente superior a la media. El gobierno de Macri viene haciendo buena letra, y parece pensar que eso debería bastar. Es posible que no sea así, que el mundo esté esperando más señales consistentes antes de animarse a confiar en la Argentina.

¿Tendrá la sociedad argentina paciencia suficiente par acompañar esa demora? ¿Estarán las fuerzas políticas preparadas para avenirse a reformas imprescindibles para recuperar al enfermo de manera sostenida? Son las preguntas que cierran el primer año del gobierno de Macri.

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