Cuba Fidel Castro

La sombra de Fidel sobrevoló América latina desde 1959

Infolatam
Madrid, 27 de noviembre de 2016

(Infolatam, por Rogelio Núñez)-. Fidel Castro fue la figura central de su país entre 1959 y 2006 pero su influencia ideológica y su ejemplo sobrevoló por toda la región, en especial entre los años ´60 y los ´90. Ningún país latinoamericano escapó a esa sombra.

Castro siempre trató de encontrar aliados en la región para compensar la excesiva dependencia de la URSS y para crear un liderazgo continental para Cuba. Sin embargo, la isla se fue encontrando cada vez estaba más sola, sobre todo cuando fue suspendida de la Organización de Estados Americanos (OEA) en 1962 por sus vinculaciones con los países del bloque chino-soviético, consideradas “incompatibles” con el sistema interamericano.

El 9 de noviembre de 1961, Colombia solicitó una reunión de ministros de Exteriores de Latinoamérica para analizar “las amenazas a la paz y a la independencia política de los Estados” del continente. Colombia aludió a “la intervención de potencias extra continentales, encaminadas a quebrantar la solidaridad americana”. La reunión se celebró en Punta del Este (Uruguay) del 22 al 31 de enero de 1962, como órgano de consulta del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). En el encuentro, los cancilleres declararon que la unidad continental y las instituciones democráticas de la región estaban en peligro por la intensificación de “la ofensiva subversiva de Gobiernos comunistas, sus agentes y las organizaciones controladas por ellos”.
La marca de Fidel sobre América latina
Sin embargo, de una forma u otra todos los países latinoamericanos sintieron desde los años ´60, en alguna ocasión, la presencia de Fidel Castro como figura a imitar o como peligro a evitar.

Castro, exiliado en México, partió de ese país en 1956 camino de la isla a bordo del Granma para iniciar la Revolución. El líder cubano mantuvo una ambigua relación con el México priista que sostenía una retórica revolucionaria (heredera de la Revolución de 1910) hacia el exterior pero al interior ejercía un abierto autoritarismo.  De hecho siempre exisitó un pacto no escrito entre el México del PRI y el régimen castrista por el cual Fidel no apoyaba a las guerrillas mexicanas. El investigador Roger Bartra sostiene esa idea: “Yo militaba en el Partido Comunista y había varios compañeros muy cercanos a esos grupos, y decían que no había apoyo para nada de Cuba”.

Otro episodio de la relaciones entre Cuba y México fue el de las recordadas grabaciones filtradas a la prensa durante una conversación entre Castro y el entonces presidente Vicente Fox en 2002, donde el presidente mexicano le sugirió al líder cubano la célebre frase “comes y te vas”, con el fin de que Castro no coincidiera con el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, durante una conferencia internacional en Monterrey. “Eso daría lugar a un escándalo mundial”, reflexionó Castro a su homólogo mexicano. “Si usted es el anfitrión y me lo prohibe, no me quedará más remedio que publicar el discurso mañana”, agregó.

Muy diferente fue lo ocurrido en Centroamérica. Ahí varios países sintieron de forma directa como lo ocurrido en Cuba en 1959 les golpeaba. El primero en sentirlo fue Guatemala. El enfrentamiento con EEUU provocó que la administraciones de Eisenhower y Kennedy apoyaran la formación de un ejercito anticastrista en Guatemala. El malestar de parte de las Fuerzas Armadas guatemaltecas por utilizar su territorio como plataforma para la invasión provocó que una parte de las mismas se sublevará y, tras fracasar el golpe, ese levantamiento diera lugar a una guerra de guerrillas.

Fidel Castro con Daniel Ortega en los años ´80

Fidel Castro con Daniel Ortega en los años ´80

El triunfo de una guerrilla de inspiración castrista en Centroamérica tardaría en llegar, pero acabaría ocurriendo: fue en 1979 cuando el sandinismo derribó a la dinastía de los Somoza. En el heterogéneo Frente Sandinista de Liberación Nacional  acabaría predominando la facción menos liberal y democrática dando así lugar a la hegemonía de Daniel Ortega, muy cercano y aliado de Castro.

La Cuba de Fidel Castro se dedicó a exportar la revolución al resto de la región para desestabilizar el predominio de EEUU y para encontrar nuevos aliados. Era la teoría de crear “dos, tres, cuatro Vietnams”. Los revolucionarios latinoamericanos, en su mayoría jóvenes izquierdistas decepcionados con los partidos comunistas prosoviéticos, no sólo se inspiraron en el ejemplo cubano sino que, en muchos casos, recibieron apoyo activo y directo de La Habana.

La teoría del “foquismo” —iniciar “focos” revolucionarios que se multiplicarían como en un incendio—, desarrollada por el Che Guevara a partir de la experiencia guerrillera cubana, fue aplicada por numerosos grupos latinoamericanos en los años 60.

“La misión nuestra fue unir, y realmente logramos unirlos. Hemos sido solidarios y hemos dado alguna modesta cooperación a los revolucionarios de Centroamérica. Pero ser solidario y dar alguna forma de cooperación a un movimiento revolucionario no significa exportar la Revolución”, afirmó Castro en el libro ‘Cien Horas con Fidel’, de Ignacio Ramonet.

Tras derrotar a los opositores apoyados por la CIA en Bahía de Cochinos, Castro buscó aliados en la región y patrocinó la formación de guerrillas en todo el continente. Así surgieron fuerzas subversivas en Venezuela, Colombia, Perú, Argentina, Brasil y en la Bolivia a la que llegó el Che Guevara.

Entre los movimientos guerrilleros que en la década de los 60 contaron con el apoyo más claro de Cuba figuraba el grupo comandado por el ex dirigente comunista venezolano Douglas Bravo. La campaña guerrillera venezolana también fue el bautismo de fuego para el general Arnaldo Ochoa, quien encabezó en 1966 y 1967, todavía con el grado de capitán, dos intentos de invasión en el país suramericano.

“Fidel Castro aglutinó a la izquierda en Venezuela, incluyendo aquellos elementos que no eran realidad marxistas, a través de propaganda y agentes infiltrados”, señaló el ex comandante general del Ejército de Venezuela, Carlos Julio Peñaloza, un general retirado que lleva años investigando la estrecha relación entre la Revolución cubana y el chavismo.

En la década de los 60, Cuba apoyó también, con el entrenamiento de cuadros y el suministro de equipos militares, a la guerrilla en Guatemala, al Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia y al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de Perú.

En Brasil, el gobierno cubano respaldó primero a las Ligas Campesinas y más tarde al grupo Acción Libertadora Nacional, que dirigía Carlos Marighella, principal teórico de la guerrilla urbana en América Latina, quien murió en Sao Paulo en 1969.

En 1964 en Argentina, murió en la provincia norteña de Salta el periodista argentino Jorge Ricardo Masetti, director fundador de la agencia de noticias cubana Prensa Latina que dirigía una fuerza guerrillera.

Lo ocurrido en Cuba en 1959 se transformó en un referente que demostraba que los grupos revolucionarios podían tomar el poder por la vía armada. Esto hizo que muchos se animaran a seguir el ejemplo de Fidel y que los Estados desarrollaran en respuesta y con el apoyo de EEUU la “Doctrina de la Seguridad Nacional” (base de numerosos regímenes dictatoriales en la región) porque el triunfo del comunismo en América latina ya no era una quimera.

Incluso, EEUU rompió con la tradición iniciada en tiempos de Franklin D. Roosevelt de no llevar a cabo intervenciones militares directas en América latina y en 1965 procedió a invadir la República Dominicana. El presidente de EEUU, Lyndon Johnson, estaba convencido de que no podía permitir que “partidarios de Fidel Castro tomaran el control de la isla””.

De Allende a Hugo Chávez

Castro se implicó especialmente en apoyar Salvador Allende en Chile en losamos ´70. La consolidación del socialista chileno era fundamental porque rompía la soledad política de Castro en la región.

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Por eso en 1971 llevó a cabo una visita de Estado al país andino que se prolongó durante 24 días. En esa ocasión dejó mensajes que ya son parte de la historia: “Lo decimos con toda franqueza: que hemos tenido la oportunidad de aprender y de ver el fascismo en acción. Y sinceramente creemos que no habrá nada que pueda enseñarnos tanto como esta visita… regresaré a Cuba más revolucionario de lo que vine; regresaré a Cuba más radical de lo que vine; regresaré a Cuba más extremista de lo que viene”.

Luego, como recuerda El Líbero el gobierno cubano estuvo detrás de la decisión del Partido Comunista Chileno de retornar al país a combatir al régimen militar a través del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, y de propiciar las condiciones que dieran lugar a una sublevación masiva. Para ello se requerían armas y cuadros militares: en Cuba se entrenaron guerrilleros y desde la isla se envió un impresionante arsenal de explosivos, fusiles M-16 y FAL, lanzacohetes y otros pertrechos bélicos. Sin embargo, la internación de armas fue frustrada en 1986 por la CNI: gran parte del arsenal fue descubierto en piques abandonados en la zona de Carrizal Bajo. El golpe fue demoledor, pero no lo suficiente como para descarrilar otra parte de la estrategia acordada por el PC en connivencia con el régimen cubano: la “Operación Siglo XX”.

“El atentado contra Augusto Pinochet tuvo lugar en el camino al Cajón del Maipo en septiembre de 1986. Un comando del FPMR emboscó a la comitiva de Pinochet y estuvo a punto de asesinarlo. Pero fracasó”, concluye El Líbero.

Otra de sus marcas fue el apoyo al diálogo entre la guerrilla de las Farc y el gobierno colombiano desde los años ´80, como recuerda Enrique Santos: “El papel de Cuba en el proceso con las Farc ha sido enorme. No en vano los diálogos se iniciaron allá y culminaron allá. Y la deuda de agradecimiento con Cuba por este papel es muy grande. En el inicio de la Revolución Cubana la consigna era crear en América Latina uno, dos o tres Vietnams, Sierras Maestras. Ese intento fue trágico. Pero luego, cuando el propio Fidel Castro se da cuenta de que era insensato seguir patrocinando la lucha armada, y que eso no iba a conducir a ninguna parte, comenzó a promover la línea política y a descalificar la lucha guerrillera como el camino más recomendable para los cambios sociales. Cuando Belisario Betancur hace el primer intento de negociar con la guerrilla, Fidel Castro apoyó decididamente ese intento, para decepción del Eln y Epl, que lo tenían como su gran héroe. Y cuando el Eln secuestra al hermano de Belisario Betancur, a Jaime Betancur Cuartas, Fidel Castro condenó de frente ese acto, y dijo: ‘cómo es posible que un movimiento guerrillero secuestre al hermano de un Presidente que está tratando de hacer la paz’. Eso marcó el distanciamiento final de Fidel Castro y de Cuba con la tesis de apoyar la lucha armada en Colombia, y se convirtió, más bien, en amigo del diálogo y la solución política”.

Luego desde 2012 las conversaciones de paz han tenido lugar en La Habana bajo el amparo de Raúl Castro.

La crisis de los ´80 y de los ´90 pareció condenar al régimen castrista a su desaparición. Sin embargo, sobrevivió gracias al carisma de Fidel, el aparato represor, su control sobre el partido Comunista y sobre las FFAA y la habilidad para sortear la crisis mediante reformas.

Además a finales de los años 90 apareció una figura que vino a ayudar al débil régimen castrista. Hugo Chávez, que fue acogido y apoyado por Castro cuando en 1996 dejó la cárcel, le devolvió con creces el apoyo cuando llegó a la presidencia en 1999.

La cercana relación entre Cuba y Venezuela se empezó a forjar en el aeropuerto José Martí, el 13 de diciembre de 1994, cuando el mismo Fidel acudió a recibir por primera vez a Chávez, tras su fallido golpe de Estado en 1992. En una conferencia en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, Chávez relató que en los dos años que estuvo preso por su intentona golpista leía los discursos y textos de Fidel, en especial “La historia me absolverá”.

Cinco años después, Castro acudió a la posesión del venezolano. “Fidel es para mí un padre, un compañero, un maestro de estrategia perfecta”, declaró Chávez en 2005.  Ambos firmaron en 2000 un convenio que sigue vigente y por el que Venezuela llegó a suministrar unos 130.000 barriles diarios de petróleo en condiciones preferenciales.

El 30 de octubre del año 2000 los líderes de la Revolución cubana, Fidel Castro, y de Venezuela, Hugo Chávez, firmaron un Convenio Integral de Cooperación con el cual reafirmaron el  interés común por promover y fomentar el progreso de Cuba y Venezuela en función de la integración de América Latina y el Caribe.

En 2006, los dirigentes de Cuba, Fidel Castro; Venezuela, Hugo Chávez, y Bolivia, Evo Morales, dieron un paso más en su proyecto de integración americana, contrapuesto al de EEUU, con la firma de varios acuerdos sobre comercio y cooperación económica y política.

Los tres mandatarios suscribieron en La Habana dos acuerdos que implican la incorporación de Bolivia a la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), fundada por Cuba y Venezuela en diciembre de 2004, y la adhesión de los tres países al Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP) propuesto por Morales.

Incluso, Fidel Castro asesoró a Hugo Chávez cuando este impulsó las misiones sociales en 2002 para conseguir ganar el referéndum revocatorio de 2004. Cuba y Venezuela forjaron una alianza que provocó que se llegara a hablar de la formación de Cubazuela o Venecuba. El entonces Gobernador del estado Anzoátegui, Aristóbulo Istúriz, explico este vínculo en 2014 cuando afirmó que “Fidel y Chávez son uno solo, Cuba y Venezuela es un mismo pueblo y los lazos estrechados por el Comandante Eterno están hoy más fortalecidos con las misiones presentes en nuestro estado, manteniendo el legado de la revolución en toda Latinoamérica”.

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