Cambio político en Latinoamérica

América latina vive la época de la maldición de los oficialismos

Infolatam
Madrid, 24 de octubre de 2016

Las claves

  • Los líderes opositores han ganado en la mayoría de las elecciones en América latina desde 2015

(Infolatam, por Rogelio Núñez)-. Desde que el cambio de tendencia económica se hizo patente en América latina en 2013-2014, los diferentes oficialismos de la región lo están pagando muy duramente. El penúltimo ejemplo ha tenido lugar en las elecciones locales de Chile que no son sino un nuevo capítulo de un proceso que se ha acentuado en el bienio 2015-2016.

Las elecciones locales en Chile han resultado un tremendo varapalo para el gobierno de Michelle Bachelet que además deja muy golpeada a la coalición oficialista (Nueva Mayoría) e incluso las opciones de sus posibles presidenciables para 2017 (Ricardo Lagos en especial). Sobre todo porque en otras ocasiones los resultados en las municipales han sido un termómetro de lo que estaba por ocurrir en las presidenciales.

El analista Patricio Navia subraya, de todas formas, que “las municipales no determinan la presidencial, pero constituye un punto de partida importante. Hoy Piñera se va a celebrar y va a dormir soñando con la presidencia. Lagos se va a ir a acostar preocupado. Lo que pase en los próximos meses va a ser fundamental para determinar los resultados de la elección  en noviembre del 2017. Este es sólo un punto de partida, pero un punto de partida importante. Fue una victoria para la derecha incuestionable y una derrota para el gobierno y la Nueva Mayoría. Sin embargo, no determina lo que va a pasar el próximo año en la presidencial”.

Chile es el último ejemplo de un país que en la actual coyuntura castiga en las urnas a sus gobernantes, pero muy posiblemente habrá más casos en 2017.

En lo que se refiere al país andino, el rechazo a la presidenta ha precipitado la derrota de sus candidatos a alcaldes. Como apunta Navia, “el principal elemento aquí  fue la impopularidad del gobierno que arrastró a un montón de alcaldes de la Nueva Mayoría. Los hizo perder, la gran noticia es esa. La Nueva Mayoría sufrió los efectos del tsunami de Bachelet. La impopularidad de Bachelet termina siendo la variable más importante”.

Las derrotas oficialistas en el bienio 2015-2016

El caso chileno tiene precedentes en la región, más allá de las peculiaridades de cada país.

En 2015 dos elecciones resultaron muy emblemáticas en cuanto a transformarse en un claro castigo para los oficialismos: en Argentina, el kirchnerismo, tras 12 años en el poder, fue desalojado de la Casa Rosada. El candidato apoyado por Cristina Kirchner, Daniel Scioli, fue derrotado por una coalición de fuerzas de centro y centroderecha encabezada por Mauricio Macri.

macri casa rosada

La victoria de Macri fue histórica desde varios puntos de vista: en primer lugar, fue la primera vez que llegaba a la Casa Rosada un líder del centroderecha político argentino.

Algo que intentaron en los 80 y 90, sin éxito, Álvaro Alsogaray o Domingo Cavallo, lo logró el macrismo.

En segundo lugar, esas elecciones confirmaron que la Unión Cívica Radical sigue siendo un partido con mucho potencial electoral pero que no es capaz de alcanzar en solitario a la presidencia.

En 1999 tuvo que ir la mano con el Frepaso (centroizquierda) y en 2015 con el centroderecha (Pro) como aliado.

Y en tercer lugar, Argentina volvió a demostrar que es un cementerio de hegemonías. Desde 1989 se ha visto el auge y derrumbe del menemismo (1989-99) y el auge y el previsible final del kirchnerismo (2003-2015).

En palabras del historiador Natalio Botana en Clarín, “la Argentina es un cementerio de hegemonías frustradas que, en conjunto, van formando un proceso de declinación. Estas son las tendencias negativas que deberíamos reorientar hacia el horizonte del cambio so pena de sucumbir en otra etapa de frustración”.

Otro golpe a un oficialismo ocurrió en Venezuela también en 2015. En diciembre del año pasado la oposición antichavista, reunida en torno a la Mesa de Unidad Democrática, lograba ganar por primera vez unas elecciones al chavismo desde 1998 y ser mayoría en el legislativo.

Sin Chávez, fallecido en 2013, el chavismo, reagrupado en torno a Nicolás Maduro, se ha mostrado muy débil en estos años. Por ejemplo, en las presidenciales de abril de 2013. El apoyo electoral al chavismo bajó de los 8.191.132 obtenidos por Hugo Chávez el 7 de octubre de 2012, a los 7.587.161 de Nicolás Maduro del 14 de abril de 2013.

CARACAS (VENEZUELA), 03/10/2016.- EFE/PRENSA MIRAFLORES/NO VENTAS/SOLO USO EDITORIAL

Maduro ganó  por un margen de 272.000 votos (menos de 2 puntos porcentuales) a Henrique Capriles, apenas seis meses después de que el fallecido Hugo Chávez le sacara más de 10 puntos y 1,6 millones de sufragios al aspirante de la oposición.

En las locales de 2013, si bien el chavismo triunfó en votos, la oposición ganó en las capitales de los estados de Barinas, Carabobo, Lara, Mérida, Monagas, Nueva Esparta, Táchira, Zulia y el Distrito Metropolitano de Caracas.

No solo triunfó en Caracas y en Maracaibo, sino en Barinas, la ciudad natal de Hugo Chávez.

Las elecciones del 6 de diciembre de 2015, claramente, abrieron una nueva época para la oposición venezolana pero también para el país en general e incluso para el chavismo en particular.

En 2016 se han producido nuevas derrotas de los oficialismos con dos excepciones: el triunfo de Danilo Medina en República Dominicana y el previsible de Daniel Ortega en Nicaragua.

Por el contrario, Evo Morales vio como su apuesta continuista era rechazada en un referendum en febrero.

La derrota en esa consulta dejó herido políticamente a Morales a quien le quedan por delante cuatro años de gobierno (hasta 2020) en los que el régimen deberá sobrevivir al síndrome del “pato cojo” y preparar una siempre delicada sucesión buscando a un heredero fiel y que tenga opciones de triunfar.

El referendum fue para Evo Morales su particular batalla de “Bailén”, pero aún no su Waterloo. Es decir, ha demostrado que es humano tras diez años de ser inderrotable en las urnas. La derrota, como la de Bailén para los ejércitos napoleónicos, evidenció que es posible vencer a Evo y a su régimen.

Sin embargo, sería un error creer que el régimen está herido de muerte (que ha vivido su Waterloo) ya que todavía le queda mucha vida, muchos apoyos y grandes recursos.

Como apuntara Carlos Malamud en Infolatam, “no sabemos cómo se definirá este referéndum en Bolivia, aunque lo que sí está claro, sea cual sea su resultado, es que las cosas ya no volverán a ser iguales y que Evo Morales y sus seguidores no gobernarán de forma continuada los próximos 500 años, como era su máxima aspiración”.

SANTA CRUZ (BOLIVIA), 24/09/2016.- EFE/Cortesía Agencia Boliviana de Información/SOLO USO EDITORIAL

En 2016 también se ha podido ver además el triunfo de Pedro Pablo Kuczynski, un opositor, en Perú. Eso es algo habitual en este país donde los oficialismos nunca repiten, como en Guatemala, en donde también se produjo el triunfo de un opositor (Jimmy Morales) en 2015.

Otro fuerte varapalo para un gobierno ha sido el recibido por Juan Manuel Santos que fue derrotado en el reciente plebiscito en Colombia.

Muchas razones confluyeron en la victoria del “No”, una de las cuales fue el rechazo e impopularidad del presidente colombiano.

Santos padece un problema que afecta a otros dirigentes regionales. como Bacheler, otra de las damnificadas: los bajos niveles de popularidad.

Además, en este 2016 se ha producido en Brasil la victoria de los antilululistas y antipetistas (el PSDB y el PMDB) en los comicios locales.

Esa desafección hacia los gobernantes se traduce, por lo tanto, en votos negativos en referendum (Bolivia), en plebiscitos (Colombia), en comicios municipales (Chile), en legislativas (Venezuela) y en presidenciales (Argentina).

En realidad más que de un cambio de ciclo (del “giro a la izquierda” al “giro a la derecha”) América latina está presenciando un fuerte desgaste de los oficialismos, la mayoría de izquierdas, porque esta era la tendencia predominaba hasta ahora. Un desgaste producido porque la coyuntura económica ha empeorado; los gobiernos tienen menos recursos por la caída de las exportaciones; y las sociedades, mayoritariamente clasemedieras, exigen más y exteriorizan más su descontento. Todo se traduce en ejecutivos muy desgastados que son castigados en las urnas.

En el próximo bienio (2016-2018) se puede consumar esta tendencia antioficialista que está viviendo la región desde 2015. Ese giro que comenzó con la victoria de Mauricio Macri en Argentina, siguió con la caída de Dilma Rousseff y la victoria de Pedro Pablo Kuczynski en Perú y podría culminar en 2018 con el regreso al poder del PAN en México y hasta del uribismo en Colombia, reforzado tras la victoria del “No” en el plebiscito.

Todo indica que a lo que asiste América latina es, más que un nuevo giro, a un cambio de modelo.

Como apunta el analista Steven Levitsky “el retroceso de la izquierda tiene dos causas principales. El primero es el desgaste natural después de haber gobernado por tres o cuatro periodos presidenciales… Después de tres periodos, los gobiernos pierden los reflejos políticos; se distancian de la gente, y muchas veces, crece la corrupción.  Aun cuando no son muy corruptos (como en el caso de la Concertación en Chile), la gente se cansa.  Tarde o temprano, el desgaste afecta a todos los gobiernos. Doce años (Argentina) o 13 años (Brasil) en el poder es mucho.  Nada es permanente en la democracia.  Nadie gobierna para siempre”.

Además del desgaste, existen otros factores estructurales vinculados al nuevo contexto regional e internacional en materia económica.

“El segundo factor que debilita  a la izquierda latinoamericana es el fin del boom de las materias primas.  El tremendo éxito electoral de la izquierda en Brasil (reelecto en 2006 y 2010), Chile (reelecto en 2006), Venezuela (reelecto en 2006 y 2012), Argentina (reelecto en 2007 y 2011), Bolivia (re-electo en 2009 y 2014), Ecuador, (re-electo en 2009 y 2013), y Uruguay (re-electo en 2009 y 2014) fue facilitado por el boom económico que empezó en el 2002. El boom se acaba, y algunas economías han caído en recesión.  Las crisis económicas –serias en Brasil y Argentina, infernal en Venezuela–generan descontento. Y los electores descontentos no suelen reelegir a sus gobiernos”, concluye el articulista del diario La República, Levitsky.

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