Carlos Malamud: América Latina Mercosur

La crisis de Mercosur es la crisis de la integración regional latinoamericana

Militares venezolanos participan en la izada de bandera de Mercosur en la entrada de la sede protocolar de la cancillería de Venezuela, hoy, viernes 5 de agosto del 2016, en Caracas (Venezuela). La canciller de Venezuela, Delcy Rodríguez, aseguró hoy que no permitirá que Argentina, Brasil y Paraguay, a quienes se refirió como "la triple alianza", "tomen por asalto" la presidencia pro témpore de Mercosur

Infolatam
Madrid, 7 agosto 2016
Por Carlos Malamud

(Infolatam).- La crisis que atraviesa Mercosur en torno a la presidencia semestral rotatoria no encuentra vías de solución. No sólo eso, los países miembros siguen sin formular las respuestas adecuadas que les permitan salir del profundo atolladero en que están inmersos. Tres semanas atrás, esta Ventana comparaba la crisis de Mercosur con la situación mucho más esperanzadora que atraviesa la Alianza del Pacífico. En realidad, la delicada coyuntura de Mercosur es compartida por UNASUR, la CELAC y el ALBA y es un buen reflejo de la decadencia del proyecto de integración bolivariano.

En el caso de Mercosur hay varios problemas que inciden en el actual estado de cosas, pero todos ellos responden a la misma premisas que han servido para contextualizar la presencia de América Latina en el mundo globalizado, la relación con las principales potencias occidentales, comenzando por Estados Unidos y la Unión Europea (UE), el rol del comercio internacional en el crecimiento de los países, la participación del estado en las economías nacionales y el excesivo protagonismo presidencial en la definición de la política exterior.

Esta última cuestión hizo posible a finales de 2005 la incorporación express de Venezuela en Mercosur, en un proceso signado por la improvisación y el voluntarismo de Hugo Chávez. Esto fue facilitado por sus pares de entonces: Néstor Kirchner (Argentina), Luis Inázio Lula da Silva (Brasil), Nicanor Duarte Frutos (Paraguay) y Tabaré Vázquez (Uruguay). El trámite se demoró excesivamente por la oposición del parlamento de Paraguay y del senado brasileño y también por el reiterado incumplimiento del gobierno venezolano de respetar los compromisos adquiridos de adecuar su legislación comercial a la normativa de Mercosur.

Si bien en 2012, aprovechando la suspensión de Paraguay de la organización, se concretó el ingreso de Venezuela, en ningún momento quedó en evidencia la voluntad venezolana de modificar sus leyes y reglamentos, ni tampoco de comportarse como un miembro responsable de Mercosur. Lo que está claro es que ahora se están pagando los errores del pasado. Insistiendo en ellos, en julio de 2015, los ya cinco estados miembro aprobaron la incorporación de Bolivia. En ninguno de los dos casos se discutió el proyecto global del bloque, ni la forma en que las economías de los nuevos países eran o no compatibles con su funcionamiento interno.

Cuando se produjeron algunos cambios de gobierno la concepción imperante de entender la integración regional saltó por los aires. Esto fue posible porque en todos estos años la ideología y las afinidades políticas habían primado sobre los intereses nacionales. Los nuevos presidentes de Argentina, Brasil y Paraguay decidieron prescindir de la obediencia chavista, o al menos de la tolerancia a sus permanentes cuestionamientos políticos a todo aquello que excediera el rígido marco de la integración bolivariana. Se pretende reconducir la integración según premisas diferentes, aunque quienes esto intentan aún carecen de la fuerza necesaria.

Este estado de cosas se une al empeño venezolano de imponer su presidencia a toda costa. Con el ánimo de victimizarse de cara a su opinión pública comenzó a difundir la idea de que todo era producto de un compló de la derecha regional, auxiliada por Estados Unidos. Inclusive su ministerio de Exteriores denunció la creación de una “Triple Alianza” formada por Argentina, Brasil y Paraguay, con la intención de “reeditar una suerte de Operación Cóndor contra Venezuela, que hostiga y criminaliza su modelo de desarrollo y democracia, una agresión que no repara incluso en destruir la institucionalidad y legalidad del Mercosur”.

El burdo y ahistórico intento de comparar a los actuales gobiernos democráticos de los países aludidos con las dictaduras militares de los años setenta se agrava con el intento de vincular a Paraguay con la Triple Alianza. Se da la circunstancia de que durante la Guerra de 1864 – 1870, Paraguay fue víctima y no agresor de la entente conformada por Argentina, Brasil y Uruguay.

El gobierno uruguayo se empeña en mantener la legalidad del Mercosur, mientras Argentina, Brasil y Paraguay no se atreven a aplicar la Carta Democrática de la organización ni a cuestionar la participación de Venezuela dado el incumplimiento de la normativa comunitaria. A esto se suma el temor por el bloqueo que una presidencia venezolana puede imponer a la negociación del Tratado de Asociación con la UE.

En buena medida la crisis venezolana está detrás de la parálisis que afecta el funcionamiento tanto de UNASUR como de la CELAC. Hay una situación de bloqueo que impide mantener tanto las políticas del pasado como a impulsar los cambios a los que aspiran algunos. Las decisiones irresponsables de los últimos 15 años están pasando factura sin que haya ningún plan elaborado y coherente para revertir tan lamentable estado de cosas.

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