Luis E. González Manrique

EEUU y América Latina: La plaga de las armas de fuego llega al sur

Infolatam
Madrid, 13 julio 2016
Por Luis Esteban G. Manrique

Las claves

  • De las 15.937 armas capturadas por la policía mexicana en 2014, el 71,9% fueron compradas o adquiridas en EEUU pero de marcas y fabricantes de todo el mundo. En Centroamérica y el Caribe esa proporción oscila entre el 40-60%. Brasil y Argentina, entre otros países de la región, tienen también sus propias y florecientes industrias de defensa y armas cortas.

(Infolatam).– Aunque Barack Obama ha insistido no se tienen pruebas de que el autor de la masacre de Orlando, Omar Mateen, estuviera dirigido desde el exterior, lo cierto es que cualquier potencial “lobo solitario” es en EEUU mucho más peligroso que en cualquier otro país por una sencilla razón: el acceso casi ilimitado a un arsenal también casi ilimitado de armas automáticas. En la armería por Internet Grab a Gun, un fusil de asalto AR-15 como el que usó Mateen se puede comprar por 483,18 dólares. Mientras que en Alemania solo dos de cada millón de personas mueren por heridas de bala cada año, en EEUU esa cifra es de 31, el equivalente a 27 muertes diarias.

Incluso si Francia tuviera todos los meses una matanza como la que ocurrió en París el 13 de noviembre de 2015, aun así su tasa anual de homicidios por armas de fuego sería más baja que la de EEUU, donde desde la guerra de Vietnam han muerto por disparos casi 1,5 millones de sus ciudadanos, frente a los 67.000 soldados caídos en combate.

Hace mucho que la plaga de las armas afecta a los países del sur, pero en los últimos tiempos el incendio se ha propagado. Brasil, Colombia México y Venezuela suman el 20% de las muertes provocadas por armas de fuego en el mundo cada año. El 75% de los homicidios de la región son causados por heridas de bala, frente al 50% de la media mundial. Y esa proporción llega al 90% en Brasil, Colombia, El Salvador, Guatemala y Honduras.

america latina paramilitares

Hace mucho que la plaga de las armas afecta a los países del sur, pero en los últimos tiempos el incendio se ha propagado. Brasil, Colombia México y Venezuela suman el 20% de las muertes provocadas por armas de fuego en el mundo cada año.

En su libro Narconomics, Tom Wainwright, excorresponsal en México de The Economist, observa que el nivel de violencia en México tiende a ser más alto en los estados fronterizos con EEUU debido, entre otras cosas, al acceso de las bandas a los auténticos supermercados de armas que existen en Texas o Arizona. De hecho, la abundancia de armas en cualquier país latinoamericano es casi siempre directamente proporcional a su cercanía al territorio de la superpotencia.

En 2014 EEUU transfirió legalmente a México unas 28.000 armas de fuego –la mayor parte fusiles de asalto– por valor de 21,6 millones de dólares, pero cada año entran en México una media de 212.000 armas de origen ilegal procedentes de EEUU.

Durante los años ochenta, El Salvador fue el mayor destinatario en el hemisferio de armas y equipos militares estadounidenses. Entre 1980 y 1993 el Pentágono envío a sucesivos gobiernos salvadoreños 32.500 fusiles M-16 y 270.000 granadas para la campaña contra el Frente Farabundo Martí, hoy en el gobierno. Muchas de esas armas se filtraron al mercado negro. La policía salvadoreña calculan que al menos la mitad de las armas utilizadas en crímenes provienen de EEUU.

El ‘triángulo norte’

La plaga se ha extendido sobre todo en los tres países –Guatemala, Honduras y el Salvador– del llamado ‘triángulo norte’, una de las regiones más violentas del mundo, como lo confirmó el asesinato el pasado 3 de marzo de la defensora hondureña del medioambiente Berta Cáceres, ganadora del Goldman Environmental Prize.

Sus asesinos le dispararon ocho balazos por su oposición a la represa Agua Zarca, diseñada para proveer agua a empresas mineras. Tras las movilizaciones lideradas por Cáceres, el Banco Mundial y la china Sinohydro se retiraron del proyecto, que quedó a cargo de la compañía hondureña DESA, uno de cuyos directivos ha sido detenido por su implicación en la muerte de Cáceres.

Sus compañeros pensaron que el premio Goldman era una garantía para su vida. Se equivocaron. La vida vale poco en países en los que se puede contratar sicarios por un puñado de dólares. En 2015 la tasa de homicidios salvadoreña fue de 105 por cada 100.000 habitantes, la mayor del mundo en un país no en guerra. Guatemala y Honduras no le van a la zaga. La media de los tres es de 54, superior a la de Irak. La propia tasa del conjunto de América Latina y el Caribe (AL-C) –28/100.000– cuadriplica la media mundial.

20 de enero de 2014. Parácuaro, Michoacán (México). EFE

La plaga se ha extendido sobre todo en los tres países –Guatemala, Honduras y el Salvador– del llamado ‘triángulo norte’, una de las regiones más violentas del mundo

Las razones son diversas. La primera es la impotencia de los Estados ante bandas como las salvadoreñas Mara Salvatrucha (MS-13) y Barrio 18 (M-18), que cuentan con verdaderos ejércitos privados de entre 60.000 y 70.000 miembros, según las autoridades salvadoreñas.

Otro medio millón más personas –entre familiares, socios, políticos y policías corruptos– dependen económicamente de las maras, a las que los salvadoreños pagan unos 756 millones de dólares al año en extorsiones, el 3% del PIB. No hay contemplaciones con quienes se niegan a pagar. En 2013 fueron asesinados 93 transportistas por no someterse al chantaje. Según el Consejo Nacional de Pequeñas Empresas, con más de 10.000 miembros, el 79% de sus miembros paga cupos a las maras.

El presidente salvadoreño, Salvador Sánchez Cerén, ha advertido que en su gobierno no hay espacio para “diálogo o treguas” pese a que la tasa de homicidios cayó un 70% cuando las maras pactaron una tregua con el gobierno en 2012. Según la DEA, la agencia antinarcóticos de EEUU, el 80% de los flujos de drogas ilegales que se dirigen a ese país atraviesan el istmo, financiando el imperio delictivo de las maras.

Según el Migration Policy Institute de Washington, desde 2010 EEUU y México han aprehendido a un millón de inmigrantes irregulares salvadoreños, hondureños y guatemaltecos. El año pasado fueron 332.430 y en 2014 68.631 de ellos fueron niños. Entre octubre de 2013 y julio de 2015, casi 100.000 menores de edad llegaron a EEUU sin compañía alguna. Belice, Costa Rica, México, Nicaragua y Panamá han registrado aumentos similares de solicitudes de asilos por las mismas razones: violencia, extorsión y reclutamiento forzoso en las bandas.

Honduras no tuvo una guerra civil pero sufrió los efectos de los conflictos de sus países vecinos. El World Economic Forum sitúa a Honduras en el puesto 133, entre 140 países, en relación a los costes económicos que le acarrea la inseguridad: un 19,2% del PIB.

Paliativos y placebos

La soluciones propuestas a la criminalidad van del reforzamiento del poder judicial y las fuerzas de seguridad al desarrollo de programas de empleo juvenil. El Congreso de EEUU, por ejemplo, ha aprobado una partida de 750 millones de dólares para financiar el plan ‘Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte’.

Pero si no se reducen los flujos de armas, los remedios serán temporales o meros paliativos. Antes, las maras solo se podían permitir comprar las pistolas y “cuernos de chivo” –los ubicuos AK-47– que dejaron las guerras internas. Pero ahora tienen acceso a lanzagranadas, vehículos blindados y armamento pesado con los que imponen toques de queda en barrios enteros, emboscan destacamentos militares y bloquean carreteras.

Washington puede hacer mucho al respecto condicionando sus exportaciones de armas a la región. Según la ONG Norwegian Initiative on Small Armas Transfers, entre 2010 y 2014 EEUU exportó armas cortas y ligeras y munición por valor de 1.500 millones de dólares. Brasil, Chile, Colombia y México fueron el destino del 63% de las exportaciones dirigidas a la región. Solo en México las importaciones de armas provenientes de EEUU aumentaron un 330% entre 2010 y 2015.

Buena parte de esas armas terminan en manos criminales. De las 15.937 armas capturadas por la policía mexicana en 2014, el 71,9% fueron compradas o adquiridas en EEUU pero de marcas y fabricantes de todo el mundo. En Centroamérica y el Caribe esa proporción oscila entre el 40-60%. Brasil y Argentina, entre otros países de la región, tienen también sus propias y florecientes industrias de defensa y armas cortas. 

La World Custom Organization Enforcement Network (CEN), que agrupa a organismos aduaneros de todo el mundo, estima que en 2013 operaciones policiales en todo el mundo incautaron unas 1,4 millones de armas de fuego. La mayor parte de esas capturas se produjeron en países latinoamericanos. Brasil, Colombia, México e Irak son los únicos países que superan las 10.000 incautaciones anuales. Según el Small Arms Data Observatory, que rastrea el tráfico de armas en más de 150 países, AL-C es la única región mundial en la que los precios de las armas de fuego en el mercado negro cayeron en la década pasada.

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