Julio Burdman: Argentina Estados Unidos

Obama transforma a Macri en Argentina

Para Washington, hoy Argentina tiene un sentido estratégico. Para la Argentina, la pregunta es si ese sentido perdurará más allá de los meses que le tocan a Obama, y si podrá obtener réditos económicos de ello.

Infolatam
Buenos Aires, 23 marzo 2016
Por Julio Burdman

(Infolatam).- América del Sur es, por muchas razones, una región en la que los fenómenos políticos se dan en forma de oleadas. Golpes militares, democratizaciones, reeleccionismos o giros ideológicos se repiten de un país a otro, como si se tratara de contagio bacterial. El hecho de que nuestros diferentes países compartan  los mismos problemas, las mismas instituciones y culturas similares ayuda a explicar estos ciclos. También, el hecho de que los políticos sudamericanos formen parte de un mismo espacio de acción, con experiencias e informaciones compartidas.

Ahora, esta fijación por los ciclos regionales toca de cerca a Mauricio Macri. Rosendo Fraga ha dicho en una entrevista que Macri podría llegar a ser un nuevo Chávez regional. No se refería, claro, al bolivarianismo; nada más lejos. Macri, como Chávez, podría liderar un ciclo ideológico en América del Sur, pero de carácter inverso. Ahora bien, ¿estaba el ejercicio del liderazgo político regional en los planes de Macri?

La de Obama a la Argentina no es una visita más. Viaja a América del Sur sólo para venir a Buenos Aires. Aunque su presidencia está finalizando y él ya no esté en condiciones de plantear grandes agendas económicas, con su acto de presencia puede poner en marcha los lineamientos de una alianza política. Para Washington, hoy Argentina tiene un sentido estratégico. Para la Argentina, la pregunta es si ese sentido perdurará más allá de los meses que le tocan a Obama, y si podrá obtener réditos económicos de ello.  

Esta recuperación de algunos grados de relevancia estratégica para los intereses de Washington es una situación novedosa. En los años 90, durante la presidencia de Carlos Menem,  Argentina buscó denodadamente una alianza con Washington, pero no obtuvo demasiadas ventajas de ella. A pesar de la profusión de gestos diplomáticos y políticos que ofrendó.

Una vez finalizada la Guerra Fría, durante la cuál Estados Unidos temió la sovietización del subcontinente, América del Sur ya no era una cuestión geopolítica. ¿Qué cambió? La revalorización de los recursos naturales y el que muchos gobiernos de la nueva izquierda sudamericana hayan seguido políticas autonomistas con acercamientos sustantivos a China y, en menor medida, Rusia.

Estados Unidos reacciona y quiere recuperar protagonismo en una región que forma parte, desde la Doctrina Monroe en adelante, de su área de influencia. Hoy, Washington ve a Macri como un aliado clave para esto. El nuevo presidente argentino, un ingeniero y empresario pragmático, que se proponía hacer una política exterior comercialista y sin banderías o contenidos ideológicos, se ve imprevistamente conminado a hacer geopolítica regional.

Ya arrancó confrontando con Venezuela: si el pragmático Macri se embarca en una empresa de esta índole, es porque vislumbra beneficios para su gestión. Una alianza con Washington puede implicar cierta ayuda en la reestructuración de la deuda, una incorporación (parcial) de Argentina a la Alianza Transpacífica, o el inicio de una charla sobre un tratado de comercio entre Estados Unidos y el MERCOSUR. Todos ellos son procesos lentos e inciertos, pero brindan al gobierno de Macri cosas que hoy está buscando: apoyos externos, una narrativa, y la posibilidad de concretar una nueva matriz de financiamiento.

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