América latina y España

Fortalezas y debilidades de España en América Latina

Infolatam
Madrid, 29 de febrero de 2016

Las claves

  • El 77% de los empresarios españoles en América Latina va a incrementar su apuesta por la región

(Infolatam, por Rogelio Núñez)-. La situación política por la que atraviesa España ha provocado que desde algunos medios se asegure que el gobierno español está perdiendo posiciones en América Latina y que ese espacio está siendo ocupado por Francia o Italia. En realidad, esa visión debe ser matizada porque si bien España sufre dos claras debilidades a la vez posee posee tres grandes fortalezas en lo que respecta a su relación con los países latinoamericanos.

Un artículo del diario El País señalaba recientemente que “Francia e Italia toman la delantera a España en América Latina” y subrayaba que “atado de pies y manos por las limitaciones de un Gobierno en funciones, Rajoy no puede invitar a Macri a Madrid ni tampoco viajar él mismo a Argentina y debe contentarse con contemplar cómo Hollande y Renzi le toman la delantera… Mientras España sigue ensimismada, la próxima cita con Iberoamérica, el Congreso de la Lengua, el 15 de marzo en Puerto Rico, llama ya a la puerta”.

En realidad, la situación es mucho más compleja de lo que transmite esa lectura unidimensional y parcializada que lleva a cabo el diario del Grupo Prisa.

Las debilidades de una relación

En la actual coyuntura España tiene tres fortalezas en su relación con América Latina y dos flaquezas. De las debilidades una es coyuntural (la existencia de un gobierno en funciones) y otra estructural (los escasos vínculos comerciales entre España y Latinoamérica).

America Latina EspañaEntre las fortalezas se encuentran los lazos histórico-culturales, los vínculos y redes sociales que enlazan a ambos lados del Atlántico y las intensas relaciones empresariales. En la actual coyuntura lo más llamativo es la debilidad del vínculo político debido a que desde diciembre España tiene un gobierno en funciones.

Pero más allá de alarmismos, como el del diario El País, todo indica que es una debilidad solo coyuntural. Más tarde o más temprano, vía nuevas elecciones o no, surgirá un nuevo ejecutivo en España que pueda reimpulsar las relaciones con la región. Otra cosa es que ese futuro ejecutivo sobreviva lo suficiente y tenga margen de acción para desplegar una estrategia con respecto a España.

En este aspecto, Carlos Malamud, investigador del Real Instituto Elcano destaca de que “hay que diferenciar lo que es la política exterior que se expresa en acciones de largo plazo de lo que es la presencia, imagen e influencia de España en América Latina. Es verdad que desde hace bastantes años, sobre todo desde el inicio de la crisis y como consecuencia del descenso considerable la cooperación española, se ha prducido una reducción de la presencia de España. Además, a eso se une el hecho de que haya un gobierno en funciones, con la parálisis que eso supone para la diplomacia ejercida en las más altas esferas del estado. Ahí es donde se encuentran señales de parálisis”.

“Esto no se puede traducir como una pérdida de influencia y de presencia en América latina. Las bases de influencia de España y la imagen de España en América latina tienen que ver no solo con las acciones gubernamentales ni solo con los viajes del Jefes del Estado, del presidente o de ministros, sino que tienen que ver básicamente con relaciones mucho más sólidas que se expresan en el campo de la económica y en sólidos y permanentes nexos culturales y personales de todo tipo. La solidez de los lazos entre España y América latina va más allá de lo que puede significar la labor de un gobierno determinado”, concluye Malamud.

Mucho más trascendental es la falta histórica y estructural de vínculos comerciales entre España y América latina.

Como señala Juan Carlos Martínez Lázaro, economista y profesor del IE Business School, es llamativo que “España exporte más Portugal que a toda América Latina ya que hacia Latinoamérica solo dirige el 6% de sus exportaciones mientras que a Portugal supera el 7%”. Incluso, en 2014-2015, África, con el Magreb a la cabeza, sobrepasaba a América Latina en el ranking de exportaciones: 6,6% frente al 5,9%.

Las tres grandes fortalezas

Frente a esos dos puntos débiles se alzan tres grandes fortalezas. Una es meramente histórica y cultural. La relación especial construida desde 1492 hasta la actualidad y la existencia de una patrimonio cultural común que se refleja, sobre todo, en un idioma compartido.

Como apunta Guillermo Fernández de Soto, Director de CAF en España, “el español como idioma común ha sido de gran ayuda. Compartir los valores fundamentales ha permitido una mayor facilidad de implantación y el desarrollo de negocios iberoamericanos. Los españoles y latinoamericanos llevan más de cinco siglos cruzando el Atlántico. A finales de los 90 hasta mediados de los 2000 cientos de miles de latinos vinieron a España buscando una vida mejor. Con la crisis de 2008 la dirección del flujo cambió. Y esto es natural. No es que España «haya recuperado» su vocación americana, es que nunca la perdió. Hoy lo que se impone es una asociación estratégica birregional”.

En segundo lugar, los vínculos empresariales cada vez son más intensos y ahora en ambas direcciones. Para las multilatinas España es la entrada a la UE y eso ya se ha traducido en la llegada de inversiones, sobre todo mexicanas.

“España siempre ha estado presente en América Latina. Las empresas españolas llevan muchos años instaladas allí. Durante la crisis europea y el boom del continente latinoamericano las empresas medianas vieron la oportunidad de entrar en esos mercados. Esto ha sido bueno para las empresas que cruzaron el océano, y también para nuestros países pues han contribuido a su desarrollo económico. De esta presencia destaco las buenas prácticas y la transferencia de tecnología”, apunta Fernández de Soto.

Desde los años 90 data la presencia de las empresas españolas en América latina.

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Sede de Telefónica en México

Como muestra el IX Informe “Panorama de Inversión Española en Iberoamérica”, presentado este lunes en la Casa América y elaborado por la escuela de negocios IE Business School y la aerolínea Air France KLM, la relación goza de muy buena salud.

De un total de 66 empresas encuestadas -entre las que están grandes sociedades financieras, constructoras o entidades de telecomunicación, pero también pequeñas y medianas- el 77 % prevé aumentar sus inversiones en la región, mientras que el 6 % piensa reducirlas y el 17 % las mantendrá.

El informe también señala que, para el 52 % de las sociedades, su negocio en los mercados iberoamericanos superará en importancia al del mercado español, un 22 % menos que en 2014.

Juan Carlos Martínez Lázaro, profesor del IE Business School, explica que “América latina es una zona prioritaria y clave en el proceso de internacionalización de las empresas españolas. Y si bien 2016 va a ser un año difícil también lo va a ser de oportunidades en países como México, Colombia, Perú, Chile y el Caribe”.

La inversión de las empresas españolas es, por lo tanto, una inversión estratégica que llegó en los 90 para quedarse y que ha superado la crisis de la “Media Década Perdida” (1998-2003) y la actual ralentización (2013- ).

“Las inversiones españolas van a tener un crecimiento táctico en 2016, con escasas adquisiciones  porque no es un momento para grandes aventuras”, añade Martínez Lázaro.

A las relaciones empresariales y culturales se unen los inmensos lazos personales, culturales y los que proceden de la sociedad civil.

En definitiva, como sostiene Carlos Malamud: “Si olvidamos estas cuestiones menos mensurables pero tanto o más visibles que las visitas de un presidente o un primer ministro, se puede perder la perspectiva sobre el estado o la naturaleza de la relación de España con América Latina. Es verdad que lo que se hace es manifiestamente mejorable y que con el sustento que tiene esta relación se podrían hacer más y mejores cosas, por ejemplo, en todo lo relacionado con la diplomacia pública y el reforzamiento de la imagen de España. Ahora bien, a la hora de pontificar sobre nuestros defectos, múltiples y horrorosos, también habría que incluir en el balance las virtudes y los puntos fuertes, comenzando por la lengua, la cultura y las relaciones personales”.

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