Jorge Lazarte: Bolivia Referendum

Bolivia: ¿La derrota de Evo Morales es el principio del fin?

Infolatam
La Paz, 29 febrero 2016
Por Jorge Lazarte

(Infolatam).- El referendo constitucional del 21 de marzo reciente tuvo al país en suspenso hasta el ultimo minuto, tanto por las dudas fundadas sobre la imparcialidad del organismo electoral, como por los anuncios apresurados desde el gobierno de que los datos que lo daban ya perdedor, podrían revertirse. Lo que estaba en juego no era poco. De los resultados dependía la vida misma del partido de gobierno y el futuro de Evo Morales. El gobierno apostó al todo por el todo pero no pudo contener la avalancha de indignación que sacudió al país las últimas semanas previas, por las inconductas gubernamentales que salieron a la luz pública. El resultado final demostró que Evo Morales podía ser vencido, con todas las consecuencias políticos que ello implica para Bolivia y también para los países del ALBA, ya en proceso de declinación.

Lo primero que debe puntualizarse es que Evo Morales precipitó el referendo vía “movimientos sociales” cooptados , a través de los cuales le propuso al país una reforma constitucional( legal pero no muy democrática en términos de Estado de derecho),  para habilitarse a un cuarto mandato sucesivo. Apostar por la modificación de un solo artículo era asumir un riesgo en un país que en los hechos y en derecho tradicionalmente nunca fue afecto al “prorroguismo”. La otra alternativa, que fue pensada, era un paquete de reformas (entre ellas la de la fracasada “nueva” justicia), que hubiera llevado más tiempo (y entrecruzarse con las estrecheces económico-financieros en el horizonte),  y además podía ser factor de disensiones internas acerca de su contenido. Y fue desechada.

“… Para vencer esta resistencia el gobierno optó por una estrategia agresiva contra el NO apelando a un discurso apocalíptico (sin nosotros es el caos)”

En un primer momento, la idea “prorroguista” no fue bien recibida, como lo evidenciaron   las encuestas de entonces y todas las anteriores. Para vencer esta resistencia el gobierno optó por una estrategia agresiva contra el NO apelando a un discurso apocalíptico (sin nosotros es el caos), y descalificador (acusando a sus promotores de recibir instrucciones y dinero del “imperio” y de políticos bolivianos en el extranjero fuertemente cuestionados en Bolivia, pero que no se privaron de entrar en la campaña). Esta estrategia fue eficaz, pues los datos de encuestas mostraron que el SI subía y el NO bajaba, hasta emparejar.

Pero a la vez esas encuestas daban cuenta de un promedio de alrededor un 20% de “indecisos”, que serían claves. El gobierno acentuó su estrategia martillando sobre un pasado de quiebra contra un presente de estabilidad, mientras que el NO (en realidad era una multitud, pues sumaba todos los colores del arcoiris político), tenía como baza la corrupción muy avanzada y que casi a diario se revelaba en el uso discrecional de los enormes recursos del Fondo Indígenas, comprometiendo a dirigentes sociales cooptados por el gobierno y entusiastas propagandistas por el SI.

En la tercera fase del proceso al modo de un tobogán, las preferencias electorales volvieron a cambiar en las ultimas semanas antes del referendo. En el camino, a las denuncias de corrupción se sumó que una revelación rocambolesca sobre las relaciones intimas del Presidente de hace algunos años, cuya “pareja” de entonces es ahora una empresaria de éxito envidiable y se dice que por los millonarios contratos de empresas chinas (de la que es una de las representantes) con el Estado. Este “affaire” muy pronto calificado de “trafico” de influencias sacudió a la opinión pública y por primera vez   afectaba directamente a Evo Morales. Y como si faltara una cereza para terminar con el paquete de escándalos, el Vicepresidente fue puesto en evidencia de que no tenía ningún título profesional, como solía ser presentado o presentarse.

En ambos casos las  explicaciones erráticas,   incómodas y deshilvanadas, sólo reforzaron la convicción de que se había ido demasiado lejos en el uso y abuso del poder, y había que ponerle un límite. Ciertamente que los “indecisos” encontraron en estas inconductas argumentos contra el gobierno, y los blindaron para no dar crédito a la protestas gubernamentales de que se trataba de una “guerra sucia” tramada por el “imperio”. Esta nueva sensibilidad era palpable en el ambiente, y no era atribuible enteramente a estrategias más finas de los NOs, sino a las graves falencias del gobierno. En suma, el MAS se había convertido en su propio problema.

A todo ello había que agregar la desconfianza creciente en los organismos electorales que el gobierno controla (juntamente al poder Judicial y Tribunal Constitucional, que en un fallo de antología cambió la forma de contar los períodos, como establecía la Constitución Política, habilitó a Evo Morales para el período actual) y que desde hace años se niegan a depurar el Padrón Electoral, con enormes vicios de origen, y es mantenido en secreto hasta ahora, pues se sabe cuantos son los votantes pero no quienes son. Un equipo técnico de la OEA había recomendado hace un año que a breve plazo debía hacerse la auditoría del Padrón. Es decir, antes del referendo.

Todo este cuadro de situación motivó una movilización de redas sociales e innumerables grupos de ciudadanos para cuidar el voto y después defender el voto. Es la primera vez que tal movilización de magnitud de produce en Bolivia. Ahora los que tienen el poder creen que hay que regular a las “redes”, pues según ellos se han convertido en una suerte de “basurero”, con capacidad para “tumbar” gobiernos.

“Finalmente el margen a favor del No fue muy estrecho. Sin embargo persiste la duda de si los datos oficiales son los efectivos, dado que el proceso final de escrutinio no fue muy prolijo, para decir lo menos”.

El día mismo del referendo, cuando los conteos rápidos del organismo electoral daban un margen apreciable al NO, crecieron los temores de que el voto pudiera ser manipulado, a raíz de las declaraciones formuladas desde el Palacio, y repetido por las más altas autoridades gubernamentales, de que se había producido un “empate técnico” que se “romperá” así sea por un “solo voto” y que los datos de la votación “podían modificarse” en las próximas horas. Nuevamente las movilizaciones se activaron con denuncias y casos de “volteos” de votos. Se sabe de problemas internos en el gobierno entre los “duros” y los “realistas” sobre lo que se suponía estaba en marcha, situación a la que no fue ajeno el organismo electoral, también con desinteligencias. Finalmente el margen a favor del No fue muy estrecho. Sin embargo persiste la duda de si los datos oficiales  son los efectivos, dado que el proceso final de escrutinio no fue muy prolijo, para decir lo menos.

Ahora queda pendiente queda abierta la pregunta sobre las consecuencias políticas hacia delante de este referendo. En primer lugar, la victoria del NO es una dura derrota política de Evo Morales,  considerado hasta la víspera   invencible, y ahora afectado anímicamente. En segundo lugar, es un voto castigo contra el MAS,   que arriesga que sus fuerzas centrífugas se desaten por la imposibilidad de encontrar un sustituto a un “caudillo”, que por ser tal es insustituible. Evo Morales es la fuerza de cohesión interna entre facciones y clanes que componen la cúpula dirigente del MAS. Morales es la fuerza y a la vez la debilidad del MAS, que difícilmente sobreviviría sin el caudillo. En tercer lugar también será afectado el núcleo de poder central o poderes que se organizaron al amparo de un poder que creyeron que les pertenecía. Este poder erosionado en que los unió, puede ser también factor de conflictos intestinos.

Ciertamente que el efecto compuesto es un escenario político de un país dividido, que puede conocer turbulencias que   dependerán de un lado  del giro del gobierno ante el cambio de escenario. Y del otro, de la capacidad de controlar a un MAS sin estructura de partido, que ya no es un proyecto ideológico sino un mosaico de intereses, fragmentado en facciones y clanes no muy amistosos que tienen vida propia como ha ocurrido con el asalto con seis muertes, a una alcaldía emblemática del “proceso de cambio” pero ahora en manos de la oposición.

En cuanto a la oposición política tan débil, se ha abierto una oportunidad para reconstituirse profundamente, y no ser parte del problema del país. Sólo que es heteróclita como lo fueron las razones para votar contra la reforma constitucional. Carece   de proyectos históricos alternativos, y de líderes de alto perfil; en buena parte tiene el lastre del pasado; y a falta de nuevas ideas le sobran ambiciones de campanario. Todo ello le impide canalizar todo el descontento creciente en la población.

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