Carlos Malamud: América Latina y el fin de ciclo

América latina tras el referéndum boliviano

PATAMANTA (BOLIVIA), 21/02/2016.-  EFE/MARTIN ALIPAZ

"Más allá de las dificultades económicas, los ciudadanos de Argentina, Bolivia y Venezuela mostraron a la hora de votar su cansancio con los gobiernos prolongados y el exceso de personalismo".

Infolatam
28 febrero 2016
Por Carlos Malamud

(Infolatam).- Tras el triunfo del NO en el referéndum boliviano, que cerró momentáneamente la puerta a la reelección de Evo Morales, muchos analistas y periodistas retomaron la discusión de si estamos frente a un cambio de ciclo en América Latina o a un retroceso del populismo en su versión bolivariana. En una Ventana anterior señalaba que todavía era pronto para manifestarse de forma concluyente sobre estas dos cuestiones, aunque también decía que el referéndum de Bolivia era un proceso electoral a seguir por las pistas que podía darnos sobre el futuro inmediato.

A la vista de estos resultados es el momento de sacar algunas conclusiones de las elecciones de Argentina, Venezuela y Bolivia, donde los populismos gobernantes fueron vencidos. Ciertamente que en los tres casos hubo derrotas, pero éstas no implican el fin del populismo en América Latina y menos el del populismo bolivariano. Comenzando por lo obvio, sólo en Argentina se produjo un cambio de gobierno. Mientras las elecciones venezolanas fueron legislativas, el referéndum boliviano fue una consulta para reformar la Constitución.

Pese a su derrota y al control opositor de la Asamblea Nacional, Nicolás Maduro mantiene cuotas importantes de poder y de momento gobierna como si nada hubiera ocurrido, gracias a su control del Tribunal Supremo. Evo Morales, más allá del golpe simbólico y de una menor legitimidad, controla las mismas instituciones que dominaba antes del referéndum. Pero, al no existir ningún impedimento legal podría convocar cuando estimara conveniente y antes de finalizar su mandato una nueva consulta para volver a ser reelegido. De momento provoca a la oposición a solicitar un referéndum revocatorio para sacarlo del poder, algo que pocos desean ante las dificultades económicas que se avecinan.

La segunda conclusión tiene que ver con la/s oposición/es y su lugar en el sistema político. No hay alternancia sin alternativa de gobierno y ésta no existe en la mayoría de los países latinoamericanos. En su lugar resulta más común encontrar un conjunto de partidos y fracciones enfrentados, con grandes dificultades para compartir posiciones. Sólo cuando se visualiza una amenaza de grandes dimensiones se puede pensar en una gran convergencia política. Esto no ocurrió en Argentina, donde fue imposible unificar al peronismo disidente de Sergio Massa con la coalición Cambiemos, liderada por Mauricio Macri.

en Venezuela, el desafío de enfrentarse a un gobierno percibido como la encarnación del mal absoluto permitió converger en torno a la MUD (Mesa de la Unidad Democrática), un conglomerado político e ideológico muy diverso.

En Venezuela, el desafío de enfrentarse a un gobierno percibido como la encarnación del mal absoluto permitió converger en torno a la MUD un conglomerado político e ideológico muy diverso”.

Por el contrario, en Venezuela, el desafío de enfrentarse a un gobierno percibido como la encarnación del mal absoluto permitió converger en torno a la MUD (Mesa de la Unidad Democrática), un conglomerado político e ideológico muy diverso. Su conformación y la confección de una lista común para las legislativas no fue fácil. Las diferencias entre los líderes y los diversos grupos son constantes y más de una vez se estuvo a punto de consumar la ruptura. Habrá que ver lo ocurre cuando llegue el momento de tomar decisiones irreversibles, algo que no parece demasiado lejano.

En Bolivia la situación provocada por el referéndum fue diferente. En las elecciones municipales y departamentales de marzo de 2014 hubo grandes dificultades para presentar candidaturas unificadas anti-MAS (Movimiento al Socialismo) o anti-Morales. Este fenómeno podría volver a producirse en las próximas presidenciales. En esta ocasión la tarea fue más sencilla, ya que sólo se trataba de confluir en torno a una respuesta negativa. Presentar candidatos para presidir el país y elaborar un programa será una tarea más complicada.

La última conclusión se relaciona con la idea de giro a la derecha, algo omnipresente la semana pasada. Marta Lagos, directora de Latinobarómetro, dijo que el conflicto político actual no es un enfrentamiento entre izquierda y derecha sino que “la gente va contra las élites… [unas] élites que en el fondo se han comportado como siempre”. La identificación simplista de los populismos bolivarianos con la izquierda permitió en su momento generalizar en torno del llamado giro en esa dirección, y ahora, en un nuevo golpe de péndulo, se habla de un nuevo cambio, esta vez a la derecha.

Entre los gobiernos ubicados a la izquierda estaban los de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, sostenidos por el mismo peronismo que en su día permitió la existencia y el liderazgo de Carlos Menem. De ahí su difícil adscripción en el espectro político e ideológico, más allá de sus guiños a babor. La referencia al peronismo permite traer a colación la formación de amplios movimientos políticos y sociales como sostén del populismo bolivariano. En ellos la izquierda, el centro y la derecha suelen estar entremezclados. Lo mismo puede ocurrir en las oposiciones multicolores cuando logran unificarse, como prueba la MUD en Venezuela.

Más allá de las dificultades económicas, los ciudadanos de Argentina, Bolivia y Venezuela mostraron a la hora de votar su cansancio con los gobiernos prolongados y el exceso de personalismo. Claro que la economía ayuda y el desabastecimiento, por ejemplo, explica en buena medida la transferencia del voto chavista a la oposición. Pero eso no es suficiente. Ni en Argentina ni en Bolivia se percibían en el momento de votar excesivas calamidades económicas.

Dijo Evo Morales que habían perdido una batalla pero no la guerra y que su revolución cultural, étnica, anticapitalista y antiimperialista tenía un soporte popular del 50%. Resulta cuanto menos interesante ver como el discurso bolivariano evalúa los resultados electorales ajustados. Cuando las oposiciones ganan, caso de Argentina o Bolivia, se resalta el escaso margen de diferencia, pero cuando es el gobierno, caso de Brasil o El Salvador, la legitimidad los acompaña. Detrás de esta forma de analizar la realidad se esconde un cierto paternalismo, muy propio de aquellos gobiernos populistas que tanto se enorgullecen de empoderar al pueblo, aunque al final sólo enriquecen a la casta.

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