Carlos Malamud: Brasil Elecciones 2014

Brasil: continuidad con triunfo oficialista

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No se trata de negar la buena voluntad de Rousseff por impulsar determinadas políticas públicas. La mayor incógnita se refiere al partido que la respalda, comenzando por su principal valedor, el ex presidente Lula

Infolatam
Madrid, 27 octubre 2014
Por Carlos Malamud

(Infolatam).- Finalmente Dilma Rousseff se impuso a Aécio Neves y acabó con todas las incertidumbres precedentes. Con casi el 100% escrutado la diferencia entre los candidatos era algo más del 3%, o de 3.000.000 de votos, sobre un total de 100.000.000 de sufragios válidos. Estas cifras revalidan a Brasil como una de las mayores democracias consolidadas del mundo.

Descontando los votos blancos y nulos Rousseff obtuvo el 51,6% del respaldo popular. Con estos resultados a la vista lo primero que se podría decir es que Brasil es un país polarizado, dividido en dos mitades irreconciliables. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. Pese a los intentos de las dos campañas, bastante más notoria en el caso de la del PT, la sociedad brasileña afronta su futuro de forma más homogénea que la de otros países de la región, donde la diatriba permanente de los populismos gobernantes rema en esa dirección.

Un solo dato puede arrojar mucha más luz que el mapa de los estados pintados en rojo y azul, según el partido vencedor en cada circunscripción. Se trata de los resultados de las elecciones de gobernadores, tanto en la primera como en la segunda vuelta, que cuestionan bastante la imagen del norte pobre frente al sur más rico. De ahí se deduce la existencia de una realidad política y social muy diversificada, que puede condicionar la labor del futuro gobierno dada la magnitud de los desafíos que tiene por delante.

Una victoria más amplia hubiera otorgado mayor legitimidad al cuarto gobierno consecutivo del PT para desarrollar su tarea de gobierno. Pero no ha sido así y este dato se terminará imponiendo en la lógica política, en buena medida reforzado por la elección parlamentaria de tres semanas atrás, con un resultado muy atomizado y mucho más escorado a la derecha que en el pasado.

No se trata de negar la buena voluntad de Rousseff por impulsar determinadas políticas públicas. La mayor incógnita se refiere al partido que la respalda, comenzando por su principal valedor, el ex presidente Lula, que tan agresivamente participó en la campaña. Pero también al aparato de un partido que lleva más de 12 años viviendo del estado, los cargos y los recursos públicos. Por eso es conveniente insistir en que una de las grandes virtudes de la alternancia es su capacidad de sanear las estructuras gubernamentales y las instituciones, aunque respetando, obviamente, la voluntad del pueblo soberano.

Clovis Rossi señalaba en un artículo publicado dos días atrás que la palabra más repetida por ambos candidatos y sus equipos de campaña había sido la de “cambio”. Del lado opositor el cambio se refería al obvio reemplazo del partido gobernante y sus aliados, del lado oficialista era un mecanismo de defensa frente a las protestas de junio de 2013 que todavía siguen conmocionando al país.

Por eso, habrá que estar pendiente a qué, cuánto y cómo quiere reformar el nuevo gobierno de Rousseff, teniendo en cuenta las fuertes resistencias a implementar algunos de esos cambios necesarios para la modernización del sistema político brasileño. Uno de ellos, por ejemplo, la gran fragmentación que se vive en el Parlamento, tanto en el Congreso como en el Senado. La multiplicidad de partidos, partiditos y agrupaciones aún menores, junto a la gran facilidad con que los representantes del pueblo cambian de socios y se dejan calentar por el sol que mejor paga dificulta la gobernabilidad del país, la aprobación de leyes y aumenta el descrédito de la institución y de la clase política.

El otro gran frente al que deberá atender desde ya mismo la presidente electa es el económico. Allí también los desafíos son enormes. La presión de muchos sectores económicos y sociales para abrir la economía del país y reducir el nivel de intervención del estado es creciente. El malestar con el vecino gobierno argentino y otros gobiernos regionales también. Así, por ejemplo, las millonarias inversiones en el puerto cubano de Mariel se convirtieron en un argumento de polémica durante la campaña, lo que no quiere decir que el resultado de la elección se haya decidido por estas cuestiones. Obviamente fueron otros los factores que pesaron en la determinación de los electores, pero el malestar de fondo, unido a la percepción de una corrupción creciente y sin parangón en la historia nacional no facilitará las cosas.

Entre las tareas más urgentes el nuevo ejecutivo deberá reducir la inflación, aumentar la inversión, mejorar las infraestructuras y la productividad. Retos todos ellos no menores para una presidente que llegó exhausta al final de su primer mandato. Al mismo tiempo deberá recomponer unas alianzas más que necesarias y sin las cuales el PT no podrá cumplir con sus objetivos.

Los sectores más desfavorecidos apostaron por mantener las conquistas de la última década en un voto claramente conservador. Pero al mismo tiempo han comenzado a manifestar que quieren más y mejores servicios públicos y un sistema político más eficiente, limpio y transparente. Ése es el cambio que predicaba la reelecta presidente Rousseff. El problema es que si no cumple con buena parte de sus promesas la frustración se instalará en la sociedad brasileña.

 

 

3 comentarios a “Brasil: continuidad con triunfo oficialista”

  1. Ernesto Barnach-Calbó dijo:

    El primer análisis que veo aobre las elecciones brasileñas es el tuyo y en principio me parece acertado. La polarización política se extiende por el mundo. Lo que dificulta saber hacia donde vamos. Pero si bien la democracia liberal subsiste, está herida, entre otras cosas,porque la corrupción está tmabién globalizada. Saludos

  2. Orestes E. Díaz dijo:

    ¿Cuatro años más?
    Publicado el 25 de Octubre (www.orestesenrique.wordpress.com)

    Predecir el eventual ganador de la segunda vuelta electoral en Brasil ha significado un reto sumamente difícil debido a tres razones: 1) contienda disputada , 2) complejidad de la ccompetencia dentro de un estado con un sistema de multipartidismo extremo con dinámicas diferentes a nivel nacional y estadual, 3) dificultades con el procesamiento de la información en otro idioma.

    En camino a la segunda vuelta, la campaña se extendió tres semanas. En la primera el rasgo sobresaliente fue el ascenso de la figura de Aécio Neves (34,9 millones de votos en primer turno). Ello se debió al apoyo casi unánime que recibió de los candidatos y partidos perdedores (un total de ocho pequeños partidos que sumaron en conjunto 2 millones de votos) y sobre todo, de la candidata Marina Silva y el Socialismo que quedaron terceros con

    22, 1 millones de votos de respaldo. Entre tanto, la candidatura de Dilma Rouseff y sus aliados (43,2 millones de votos), no recibió adhesiones adicionales por parte de partido o candidato alguno. Sólo el PSOL, el partido chico con más respaldo (1,6 millones de votos), llamó a su militancia a no apoyar a Aécio Neves, pero al mismo tiempo se declaró incompatible con Dilma. Significaba que la oposición eligió enfrentar unida el propósito reeleccionista de Rouseff y el PT. El sentimiento antipetista tomaba expresión política. (“Sombras nada más”, archivos, 2014).

    Aquí es cuando comienza la complejidad en la lectura de los respaldos. Aunque Marina Silva (Redes Sostenibles) y el Socialismo dieron su apoyo a Neves, no es posible saber con exactitud qué por ciento de los 22 millones de votos corresponden a uno y otro. Ese dato es de importancia debido a que es un hecho aceptado que todos los votantes de Marina Silva, no la acompañarían en su controvertido respaldo al candidato de centro derecha (PSDB), bien porque sus posiciones son más próximas al PT, bien porque una vez confirmada que la competencia final sería la misma que durante los últimos veinte años, es decir, PT vs. PSDB, se sentirían defraudados y más propensos a votar en blanco o abstenerse.

    De cualquier forma es indudable que a quien favorecieron las adhesiones fue a Neves, cuando menos descontaba la diferencia del primer turno y empataba en intención de voto con Dilma o hasta la superaba.

    De lo que se trataba en ese momento para el analista, de acuerdo con nuestras premisas, era de poner máxima atención en el comportamiento de la coalición de partidos que arropa a Dilma y al PT. ¿Sería erosionada por la fuerte presión que ejercía el ascenso de Aecio Neves? Si eso llegara a suceder, entonces significaba que la balanza se inclinaba definitivamente a favor del candidato del PSDB.

    Se señaló entonces que el principal aliado del PT, el poderoso PMDB, no apoyaría a Rouseff en seis estados. Ello se debe a que en esos estados el PMDB y el PT no son aliados, sino que compiten por el control de las gubernaturas. Es una característica del sistema electoral brasileño que hace más complejo el pronóstico del resultado final. La alianza nacional entre partidos no necesariamente se refleja en las alianzas regionales o estaduales. Quiere decir, que aunque PT y PMDB van juntos a nivel nacional, son a su vez adversarios en determinados estados, lo que determina que en ese ámbito el acuerdo nacional no funciona, o lo que es lo mismo, el PMDB no respalda a Rouseff. En este caso, la pregunta era ¿acaso ese comportamiento no se había expresado ya en la primera vuelta? Es decir, el total de votos que sumó Dilma en la primera vuelta, por cierto disminuidos con respecto a la elección presidencial de 2010, ya reflejaba esa particular situación. Era un dato preocupante, pero no un asunto nuevo. No significaba que el PMDB abandonaba a su aliado en el momento crucial, decidiendo el rumbo de la elección. Aunque fiel a su estilo, el PMDB declaró que estaba listo para cogobernar con cualquiera de los dos candidatos que en definitiva resultara ganador.

    Pero entonces llegaron los debates entre los candidatos. Se dice que los debates inciden muy poco en el rumbo de la campaña salvo que se cometan errores groseros. Sin embargo, hay razones para afirmar que esta vez los debates jugaron un papel que no se puede subvalorar. Sirvieron, por ejemplo, a la maquinaria del PT para des construir la imagen de Aécio Neves.

    En la primera vuelta, una vez que Marina Silva amenazó la posición de Rousseff con el idilio que despertó en los votantes (“Quien es Marina Silva”, 2014, archivos), lejos de la artillería petista quedó Aécio Neves que se veía muy desplazado en la competencia. Al llegar segundo, su nueva posición lo puso de forma natural en la mira. Entonces comenzó la desconstrucción. Salió a relucir que mientras fue gobernador del estado de Minas de Gerais no hubo preocupaciones sociales en su gestión, la educación y la salud pública se deterioraron, en cambio hubo nepotismo y fuertes indicios de tráfico de influencias y desvío de fondos públicos. Quedó en claro a su vez, que como Senador votó en contra de la elevación del salario mínimo. Para colmo, en el estado natal de Aécio, Minas de Gerais, se alzó con el triunfo el candidato a gobernador petista.

    Entre tanto, las revelaciones por la corrupción en Petrobras también alcanzaron a referentes del partido de Neves. El papel que cumplieron esos ataques fue poner en duda que el cambio al que aspira una parte decisiva del electorado pudiera provenir de una eventual gestión de Aécio Neves. Todo lo contrario apuntaba más a ser un retroceso hacia una etapa superada. Sin embargo, Dilma Rousseff también recibió “golpes”. El esquema de corrupción de Petrobras favorecía al oficialismo y es responsabilidad directa del ejecutivo. El estado de la economía apunta, ante todo, a determinantes internos, y Dilma, fue acusada de que su hermano Igor Rousseff, cobraba un salario por trabajar en dependencias públicas en las que jamás se reportó.

    En medio de esa situación confusa, ¿cómo saber a cuál de los candidatos le irá mejor el día decisivo, sin caer en la tentación de guiarse por encuestas por las reservas que tenemos contra ellas?

    En mi opinión, las claves son las siguientes:

    1.-Dilma es una presidenta en funciones, con los beneficios que de esa posición ventajosa se derivan, que pese a una situación económica adversa y a que enfrenta a una oposición unida en torno a la figura de su adversario Aécio Neves, ha logrado conservar, sin embargo, el respaldo de una amplia coalición de partidos. Este hecho es sumamente importante, no se percibe que la coalición oficialista haya sufrido fracturas o desgajamientos por el vaivén y la dureza de la confrontación electoral.

    2.- En la dinámica de la elección presidencial en un estado federal, sin dudas influye el comportamiento de las elecciones a nivel de cada estado o provincia. Como regla, el partido o coalición que sume más gobernadores electos o que logre imponerse en aquellos estados con mayor peso, difícilmente podrá ser superado en su propósito de imponerse en la contienda general. Ello se debe a que los gobernadores son verdaderos agentes que controlan poderosas estructuras de activistas y votantes. Hay que tener en cuenta también, que en Brasil, a diferencia de México, las elecciones a gobernador tienen lugar de forma simultánea a la elección presidencial respondiendo a su vez a la lógica de dos vueltas que caracteriza la elección general. ¿En ese aspecto, cuál es el balance entre Dilma y Aécio? Los resultados de la primera vuelta arrojaron que Dilma ganó en quince de los veintisiete estados. Aécio, por su parte, se impuso en diez estados y Marina Silva en dos. En Acre, uno de los dos estados en que Marina Silva ganó la votación presidencial, sin embargo, el PT y sus aliados quedaron mejor posicionados con vistas a controlar la gubernatura en segunda vuelta. En cuanto a los tres estados con mayor peso electoral, Rousseff ganó en Río de Janeiro y Minas de Gerais y perdió en Sao Paulo. Mientras en primera vuelta se impusieron siete gobernadores asociados con la coalición nacional oficialista y seis pertenecientes al arco opositor.

    Como se ve, en ningún caso los elementos de juicio son excepcionalmente contundentes, a lo sumo marcan una tenue tendencia. Lo fundamental a mi juicio es que la enorme y engrasada estructura político- electoral de la presidenta en funciones, después de dos duras etapas y varios contratiempos, se encuentra intacta y gestionando el voto casa por casa, estado por estado. De no producirse entre viernes y sábado hechos que descarrilen la elección (aún falta un debate televisivo), como por ejemplo, la publicación de la revista “Veja” denunciando que Lula y Dilma siempre estuvieron al corriente de los desvíos de fondos desde Petrobras, los lulistas, no sin susto, conservarán el poder. Dilma Rousseff será reelecta. ¡Cuatro años más!

    Orestes Enrique Díaz Rodríguez

    Octubre 24, 2014

    Tulum

  3. Emil Gles dijo:

    Lá presidenta Dilma se verá obligada a mudar algunas decisiones equivocadas en el área economica y el país retomará el rumbo positivo,el PT es un partido que sabe hacer campana política por eso el resultados final de las elecciones.

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