Los chilenos prefieren el consenso

Infolatam
Santiago, 19 agosto 2014
Por Patricio Navia

Después de volver al poder con un discurso de cambios radicales, la Presidenta Michelle Bachelet parece haberse enredado en su intento por impulsar profundas transformaciones en la educación y en el sistema impositivo. Pese a las altas expectativas refundacionales que la propia Bachelet alimentó en campaña—cuando prometió “reformas, no reformitas”—su segundo gobierno (2014-2018) cada día se parece más a los cuatro gobiernos de la Concertación (1990-2010), que privilegiaron la moderación, el pragmatismo y la construcción de acuerdos amplios con todos los sectores políticos.

La promesa de un gobierno más radical y refundacional que Bachelet hizo en campaña, y que se vio plasmado en el programa de gobierno de la Nueva Mayoría (NM)—nombre que Bachelet adoptó para reemplazar al de la Concertación—se ha diluido ante una realidad institucional que induce el consenso y debido a que los propios chilenos, según señalan las encuestas, prefieren reformas que sean consensuadas con la oposición.

Después de ganar la segunda vuelta electoral con la mayoría más amplia desde el retorno de la democracia, y debido a la mayoría absoluta en ambas cámaras que tiene la NM, el gobierno de Bachelet se inició en medio de altas expectativas—y no poco temores—de que en Chile se estaba iniciando una refundación. Después de 24 años de democracia y desarrollo económico, Bachelet llegó al poder el 11 de marzo de 2014 prometiendo reformas fundacionales para combatir la alta desigualdad que existe en Chile.

 Cuando presentó su proyecto de reforma tributaria a fines de marzo, el gobierno parecía decidido a impulsar transformaciones profundas. Algunos de los líderes de la NM hablaron incluso de usar la mayoría legislativa como una retroexcavadora para desmantelar el modelo económico de libre mercado implementado originalmente por la dictadura de Pinochet y mejorado por los sucesivos gobiernos democráticos a partir de 1990. El impulso refundacional se extendió a proyectos de ley para reformar el sistema educacional y a iniciativas de reforma política destinadas a cambiar el sistema electoral.

 Pero la realidad de una institucionalidad que induce al diálogo y la decidida voluntad de búsqueda de consenso de los legisladores más moderados de la NM pronto pusieron freno a los aires refundacionales. A comienzos de julio, liderados por el senador democratacristiano Andrés Zaldívar, un líder moderado de la NM, la comisión de hacienda del Senado anunció un protocolo de acuerdo entre la NM y la Alianza, la oposición derechista. Producto de ese acuerdo, la reforma tributaria verá la luz en la tradición de todas las grandes reformas hechas en democracia, producto de un amplio consenso entre el gobierno y la oposición.

Acuerdo Reforma Tributaria

Presentación del Acuerdo para la Reforma Tributaria de Chile

Aunque todavía resta negociar algunos detalles de la reforma en el Senado—y después la Cámara de Diputados deberá ratificar el proyecto antes de que pueda convertirse en ley en el mes de octubre—la negociación entre la NM y la Alianza echó por tierra los temores de algunos que creían que el segundo gobierno de Bachelet venía a refundarlo todo. La negociación también alimentó el descontento de los sectores más izquierdistas de la NM, que aspiraban a usar la mayoría legislativa de esa coalición para imponer reformas que la propia Bachelet había prometido en campaña.

 La presión por construir consensos ahora se ha movido hacia la reforma educacional, que se tramita en la Cámara de Diputados. Aunque hay menos espacio para la negociación, y las diferencias entre la Alianza y la NM son mayores—e incluso hay discrepancias profundas al interior de la NM—los promotores del consenso parecen convencidos de que la única forma de avanzar es a través de la construcción de grandes acuerdos que, casi por defecto, deben inducir a reformas moderadas y graduales.

 La reforma política, reforma electoral, impulsada con entusiasmo por el gobierno de Bachelet, también parece encaminada a la construcción de consensos. Porque requiere de mayorías más amplias en el Congreso para ser promulgada, la reforma electoral se ha convertido en una nueva oportunidad para los que defienden las virtudes de los grandes acuerdos. Pero también ha sido una oportunidad para que expresen su frustración los que soñaban con un gobierno de izquierda que impusiera su voluntad sancionada por una mayoría electoral.

Aunque ha insistido en la necesidad de pasar una reforma que modifique el sistema electoral heredado de la dictadura—que distribuye dos escaños por cada distrito, induciendo a la formación de dos grandes coaliciones que tienden a tener similar representación en el Congreso—la Presidenta Bachelet también ha dejado en claro que ella cree, al igual que sus predecesores, que las reformas ganan legitimidad cuando son aprobadas por amplias mayorías.

La encuesta del CEP, tambien a favor de los consensos

Como para confirmar la ventaja que han tomado los promotores de la democracia de los acuerdos, una encuesta reciente del prestigioso Centro de Estudios Públicos (CEP) ratificó la percepción de que los chilenos prefieren los grandes acuerdos. Un 63% de los entrevistados dijo preferir que las dos coaliciones llegaran a acuerdos antes de que se votaran las leyes en el Congreso. Ratificando la política de los consensos—y tácitamente apoyando la gradualidad de las reformas—los chilenos parecen cómodos con la idea de que es mejor avanzar más lento pero evitando la polarización y la radicalización.

Después de todo, los casi 25 años de democracia de los acuerdos han hecho de Chile la nación más desarrollada en América Latina. Aunque votaron por Bachelet, que prometía reformas más radicales, los chilenos parecen preferir las reformas moderadas y graduales. La misma encuesta muestra que la mitad de los chilenos se ubica en posiciones moderadas en la escala ideológica izquierda-derecha. Aunque la mayoría de los chilenos ubica a Bachelet a la izquierda de sus posturas personales, un 65% cree que la presidenta tiene voluntad de llegar a acuerdos. Tal vez por eso es que, pese a la que percepción sobre la situación económica futura es menos optimista, un 50% de los chilenos aprueba el desempeño de Bachelet y solo un 29% desaprueba.

Casi seis meses después de asumir el poder, la Presidenta Bachelet enfrenta un panorama complejo. La economía se enfría rápidamente y se espera que el desempleo comience a aumentar. El enfriamiento de las economías emergentes y las dudas sobre los efectos de la reforma tributaria han contribuido al enfriamiento. Este año, Chile crecerá en torno al 2%, su nivel más bajo desde la crisis de 2009.

Pero entre todos los desafíos que enfrenta su gobierno, hay una cuestión que no debiera preocupar a la Presidenta. Su decisión de promover el diálogo y la búsqueda de consensos con la oposición, aunque moleste a los sectores más radicalizados de la izquierda, es vista con buenos ojos por una mayoría de los chilenos. Después de todo, no parece extraño que en un país de gente moderada, los consensos tengan una valoración tan alta.

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