Chile Gabinete

El primer gabinete de Bachelet

Infolatam
Santiago, 25 de enero de 2014
Por Patricio Navia

La combinación de nombres conocidos y caras nuevas que constituyen el primer gabinete de Michelle Bachelet reflejan tanto las fortalezas de la mujer que hace pocas semanas ganó fácilmente la elección presidencial en Chile así como las limitaciones que tendrá la próxima presidenta para impulsar muchas de las reformas que prometió en campaña.

El equipo de 23 nombres causó sorpresa porque, contrario a lo que prometió la propia Bachelet en campaña, no hubo paridad de género. Solo hay 9 mujeres, y varias de ellas ocupan ministerios de segunda importancia. La propia Bachelet dijo que hubiera preferido tener más mujeres, pero esa declaración sólo desnudo el persistente rumor que los cinco partidos que conforman su coalición de gobierno, la Nueva Mayoría (ex Concertación) terminaron por imponerle nombres a Bachelet, pese a las repetidas declaraciones de que Bachelet tendría total libertad y discrecionalidad para armar su equipo. Si Bachelet quería más mujeres y hubiera tenido realmente libertad para decidir todos los nombres, hubiera nombrado más mujeres. Pero al final, pese a su aplastante victoria e incuestionable popularidad, Bachelet no logró doblegar la voluntad de los partidos y debió aceptar nombrar un gabinete con más hombres que mujeres.

El Ministro de Hacienda, Alberto Arenas, no causó sorpresa. Leal a Bachelet y cercano a la presidenta, Arenas será el encargado de impulsar una ambiciosa reforma tributaria. La necesidad de negociar con el Congreso hará que la experiencia política de Arenas, que milita en el Partido Socialista, le resulte útil. Además, como ex director de Presupuestos, Arenas conoce bien el Ministerio de Hacienda y estará especialmente preocupado de mantener la disciplina fiscal en lo que se prevé será un año difícil económicamente. Por eso, aunque su mandato inicial sea impulsar una reforma tributaria, bien pudiera ser que Arenas termine siendo el Ministro de Hacienda encargado de resistir a las presiones por más gasto público en un contexto de decrecientes ingresos fiscales.

En el equipo político, Bachelet sorprendió al nombrar al joven Rodrigo Peñailillo (40 años) como titular de Interior y jefe de gabinete. Hombre también leal a ella, Peñailillo fue su jefe de gabinete presidencial entre 2006 y 2010. Con poca experiencia más allá de su trabajo con Bachelet, Peñailillo aparece como una apuesta arriesgada de Bachelet. El que será encargado de liderar el equipo de 23 ministros tiene mucha menos experiencia que varios de los otros ministros y no ha ocupado puestos de importancia. En cierto modo, Peñailillo pasó de las ligas menores a ser el jugador estrella del equipo. Hay buenas razones para pensar que el jefe de este primer gabinete tendrá muchos problemas para convertirse en el líder político de este gobierno.

En los otros ministerios clave, Bachelet nombró algunas personas experimentadas. En Educación, el ex ministro de Hacienda en el gobierno de Ricardo Lagos, Nicolás Eyzaguirre, tendrá la difícil tarea de impulsar una reforma que tiene muchos opositores y muchos simpatizantes (aunque no todos estén de acuerdo en lo que se debe reformar y en la dirección de esas reformas). Con aspiraciones políticas propias, Eyzaguirre tendrá la tarea más difícil en el gabinete, aunque es también probablemente el más experimentado de todos los ministros.

El gabinete tiene nombres experimentados, cuestión que vuelve a sacar a la palestra la promesa que realizó Bachelet en 2005, y repitió en 2013, diciendo que nadie debía repetirse el plato (que nadie debía ocupar un ministerio que ya había tenido). Al nombrar a José Antonio Gómez en Justicia, cartera que éste ya había ocupado en el gobierno de Lagos, Bachelet se abrió a críticas de que volvió a abandonar una de sus promesas de campañas. También hay nombres nuevos, aunque algunos de ellos—como la ministra de Trabajo Javiera Blanco o la titular de Deportes Natalia Riffo, tengan poca experiencia en los ministerios que ahora dirigirán.

En Energía, otro ministerio clave, Bachelet nombró a Máximo Pacheco, un empresario con amplias redes y conocidas habilidades políticas. Pacheco será el encargado de diseñar una política energética. Sus relaciones cercanas con el sector eléctrico, y sus declaraciones a favor de la construcción de centrales hidroeléctricas, generarán resquemores en los medioambientalistas, quienes a su vez se sentirán fortalecidos por el nombramiento de un ministro de Medio Ambiente, Pablo Badenier, que se opone a la construcción de la polémica central Hidroasyén.

En Relaciones Exteriores, el nombramiento de Heraldo Muñoz, también muy experimentado, facilitará la tarea del gobierno de Bachelet de implementar el fallo de la Corte Internacional de La Haya sobre el diferendo de frontera marítima con el Perú, que se hará público el próximo lunes 27 y que se anticipa desfavorable para Chile. Muñoz posee una amplia experiencia diplomática y amplias redes, lo que le permitirá asumir rápida y eficientemente la difícil misión de reposicionar internacionalmente a Chile y lidiar con lo que se espera sea un fallo adverso.

El gabinete de Bachelet causó más decepción que entusiasmo. Pero eso se debe a que las expectativas sobre lo que podrá hacer Bachelet en su gobierno están demasiado elevadas. Como mucha gente espera cosas muy distintas de lo que será el gobierno de Bachelet, cuando la presidenta electa finalmente comenzó a aterrizar los mensajes y a convertir sus promesas de campaña en realidad a través del nombramiento de un equipo de ministros, era inevitable que las altas expectativas se estrellaran con la realidad siempre más compleja de tener que negociar los nombramientos del gabinete con los partidos miembros de la coalición y acomodas las piezas de un ajedrez donde, por más popular y poderosa que sea, Bachelet no tiene todo el control del tablero.

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