Patricio Navia: Chile Elecciones

El día después de su victoria

bachelet debate 1013

Como la principal base de apoyo de Bachelet son las personas de más edad, la ex presidenta sabe que tiene la victoria prácticamente en el bolsillo.

Infolatam
Santiago, 12 diciembre 2013
Por Patricio Navia

Si bien las elecciones solo se ganan cuando se terminan de contar todos los votos, ya parece un hecho que el resultado de la segunda vuelta de la elección presidencial del domingo 15 va a convertir a Michelle Bachelet en la próxima presidenta de Chile. Aunque la campaña ha sido agotadora y Bachelet se vio inesperadamente forzada a una segunda vuelta–pese a obtener casi el doble de votación que su más cercana rival–gobernar resultará todavía más difícil para la líder de la centroizquierdista Concertación, que ahora se prepara para volver al poder bajo el nombre de Nueva Mayoría.

Aunque como las personas de más ingreso son las que más votan, la candidata oficialista Evelyn Matthei ha puesto sus esperanzas en que una participación muy baja le termine permitiendo tener una sorpresiva victoria.

Habiendo recibido el 47% de los votos en primera vuelta, a Bachelet le bastará mantener su votación, y que la participación electoral decaiga marginalmente, para ganar este domingo. Se espera que la participación baje del 45% observado en primera vuelta a un 40%. Muchos de aquellos que votaron por candidatos presidenciales alternativos se quedarán en casa. Como la principal base de apoyo de Bachelet son las personas de más edad, la ex presidenta sabe que tiene la victoria prácticamente en el bolsillo. Pero a menos que ocurra un terremoto de abstención–cuestión que desde la derecha sería vista como un milagro–Bachelet ganará fácilmente el domingo 15.

A diferencia de la mayoría de los presidentes que pueden esperar un periodo de luna de miel después de asumir, Bachelet deberá abocarse inmediatamente a enfrentar el problema de haber alimentado demasiadas expectativas en campaña. Los tres meses de transición antes de que asuma el poder el 11 de marzo serán especialmente complejos. La gente esperará señales de una presidenta electa que todavía no podrá ejercer poder.

El nombramiento de su gabinete de ministros, esperado para fines de enero, será el primer campo de batalla entre las fuerzas más izquierdistas, que esperan que Bachelet realice transformaciones profundas, y los más centristas, que apuestan a que ella repita el gobierno gradual y moderado que lideró entre 2006 y 2010.

Ya que en campaña ella ha prometido algunas reformas profundas–como una nueva constitución, una reinvención del sistema educacional y una gran reforma tributaria–las expectativas de los más izquierdistas–y los temores de muchos en el sector empresarial–están especialmente altas. Pero como el programa de gobierno de su candidatura es bastante más moderado, los centristas, y no pocos empresarios, están notoriamente tranquilos. Las primeras decisiones que tome Bachelet para armar sus equipos de gobierno comenzarán a despejar dudas sobre cuál dirección tomará. También comenzarán a alimentar el descontento de los que se sentirán traicionados.

Si la experiencia de su primera administración dejó lecciones, Bachelet buscará construir consensos y mantener a todos contentos, o al menos no demasiado descontentos. Así como en su primer gobierno Bachelet formó numerosas comisiones que incluyeron representantes de grupos muy diversos y de posiciones a menudo antagónicas, Bachelet nuevamente buscará construir consensos. Además, con la traumática experiencia del Transantiago a cuestas–la fallida implementación del nuevo sistema de transporte público de Santiago en 2007–Bachelet evitará hacer reformas radicales sin primero ponderar todos los riesgos y minimizar resistencias.

De ahí que aquellos que esperan que las primeras señales de Bachelet después de su anticipada victoria del 15 de diciembre diriman la dirección que tomará su gobierno–revolución izquierdista o reformas moderadas–probablemente deberán seguir esperando. Fiel a su estilo, Bachelet combinará señales que apaciguen tanto a los que aspiran a cambios radicales–un estado más activo en la economía, educación universal gratuita y una nueva constitución–como a los que prefieren cambios graduales.

Por eso, la elección del domingo confirmará el nombre de quién dirigirá Chile por los próximos cuatro años, pero no determinará si el poder lo ejercerá Bachelet junto a los que aspiran a reformas radicales o con los que promueven reformas graduales. Porque Bachelet buscará evitar alienar a unos y otros, ese esfuerzo será visto como indefinición y como oportunidad por ambos grupos para avanzar sus agendas. El resultado será confusión y señales ambiguas que dificultarán la gobernabilidad tanto en el periodo de transición como en los primeros meses del próximo gobierno.

Un comentario a “El día después de su victoria”

  1. luis aliste dijo:

    Rste señor, es cientista politico, analista o definitivamente tir alas cartas del tarot para sus comentarios. Por eso mi pais se ha mediocrisado, pseudo profesionales. Pongamonos serios por favor,

Comentar esta noticia

*