Honduras Elecciones

Elecciones en Honduras: Encrucijada histórica

Infolatam
San Jose (Costa Rica), 21 noviembre 2013
Por Daniel Zovatto

(Infolatam).- Este domingo 24 de noviembre, una Honduras polarizada, marcada por las secuelas del golpe de Estado de 2009, y atravesada por denuncias de fraude, celebrará elecciones generales de gran importancia para su futuro.

5.3 millones de hondureños (de una población de 8.4 millones) acudirán a las urnas para elegir, además de a un nuevo presidente (que sustituirá al actual Porfirio Lobo el 27 de enero de 2014), a tres designados o vicepresidentes, 128 diputados al Congreso Nacional, 20 al Parlamento Centroamericano con sus respectivos suplentes y 298 alcaldes.

En Honduras el presidente es electo por simple mayoría, ya que este país es uno de los pocos de la región que no regula el balotaje. Tampoco contempla la reelección en ninguna de sus modalidades: indefinida, consecutiva o alterna.

La trascendencia de estos comicios radica en que tienen lugar en un país que aún no se ha recuperado del todo de las graves consecuencias provocadas por el golpe de Estado que derribó al presidente Manuel Zelaya –quien, a su vez, impulsaba un referéndum inconstitucional–. En efecto, si bien a lo largo de estos cuatro años Honduras ha hecho algunos avances parciales, lo cierto es que la democracia sigue mostrando heridas abiertas en numerosos ámbitos: debilidad institucional, crisis del sistema bipartidista, criminalidad, violación a los derechos humanos, asesinatos de periodistas, corrupción, etcétera.

Los datos de cultura política que surgen del Latinobarómetro 2012-2013 (LB) son igualmente graves y preocupantes. Ocupa una de las últimas posiciones en apoyo a la democracia (47%, 9 puntos por debajo de la media regional) y el último lugar en satisfacción con la misma (18%, 21 puntos por debajo de la media regional).

Únicamente 12% considera justa la distribución de la riqueza, sólo 9% opina que se gobierna para el bien de todo el pueblo, mientras 86% afirma que el país está gobernado por unos cuantos grupos poderosos en su propio beneficio. Está en último lugar en materia de confianza con el presidente y con el gobierno y en el penúltimo en lo que se refiere al Parlamento y al Poder Judicial.

Principales fuerzas contendientes

Los dos principales candidatos presidenciales son Juan Orlando Hernández del Partido Nacional –conservador– (uno de los partidos tradicionales junto con el Liberal) y Xiomara Castro de Zelaya, del Partido Libertad y Refundación (LIBRE), una amplia coalición de zelayistas, ex liberales e izquierdistas, algunos cercanos al chavismo. Según las últimas encuestas ambos llegan con un virtual empate técnico (28 y 27%, respectivamente).

Más atrás figuran el aspirante del Partido Liberal, Mauricio Villeda, que ronda 15-17%, y Salvador Nasralla, popular presentador de televisión que se postula por el Partido Anticorrupción, con alrededor de 10 por ciento. Existen además otros cinco candidatos, pero todos ellos con intensiones de voto muy bajas.

En este panorama, el tradicional bipartidismo que acaparaba alrededor de 90% de los votos (94% en 2009) queda fuertemente desdibujado (los votos liberales y nacionales no serían superior al 50% y una tercera fuerza [LIBRE] superaría a uno de los referentes históricos –en este caso, a los liberales).

De triunfar Xiomara Castro este domingo, y más allá de quien resulte ganador en la segunda vuelta chilena (Bachelet o Matthei), América Latina tendría cinco primeras mandatarias (tres en América del Sur y dos en América Central), convirtiéndose en la región con el mayor número de mujeres en ejercicio de la primera magistratura.

Campaña marcada por la inseguridad ciudadana y el regreso del zelayismo

Los asuntos medulares de la campaña han girado en torno a los grandes temas que monopolizan el interés y la preocupación ciudadana: inseguridad y generación de empleo.

En el terreno político, la crisis institucional de 2009 ha polarizado y dividido las aguas en el país. Provocó el nacimiento de un movimiento político (LIBRE) que reivindica al ex presidente Zelaya y que lidera su esposa Xiomara Castro. Además, la crisis de 2009 causó el hundimiento del Partido Liberal –la antigua fuerza de Zelaya–, la otra gran fuerza política del sistema bipartidista tradicional hondureño.

En el terreno económico-social, Honduras afronta una delicada situación derivada de los altos niveles de pobreza (alrededor de 60% de los 8,5 millones de habitantes viven en la pobreza y 63% señala que durante los últimos 12 meses se ha quedado sin dinero para comprar comida) y de desigualdad (el país posee uno de los índices GINI más altos de la región, de 0,59).

Según datos del LB 2012-2013, 87% está insatisfecho con la marcha de la economía, 81% considera que la distribución del ingreso es injusta y 66% opina que el país está estancado o en franco retroceso. Pese a ello, Honduras ocupa el primer lugar a nivel regional (69%) en apoyo a la economía de mercado como el único sistema para llegar a ser un país desarrollado.

Sin embargo, por encima de todos ellos destaca el tema de la inseguridad ciudadana, el principal problema del país según LB. En 2012 el país fue considerado el más inseguro del mundo con una cifra de 85 muertes violentas por cada 100.000 habitantes.

Estos tres temas han estado en el centro de los debates. Castro levanta las banderas que su esposo dejó en el camino en 2009. De hecho, Manuel Zelaya es el coordinador general de LIBRE, y ella propone, como lo hiciera su esposo, una reforma constitucional a través de una Asamblea que tendría como misión “refundar el país”.

Su principal rival, Hernández, ha optado por demonizar a su oponente al poner sobre el tapete la crisis institucional de 2009 y el desbarajuste económico que (según él) marcó la gestión de Zelaya. El candidato conservador ha prometido la creación de miles de empleos en las maquiladoras y la ampliación de los cultivos de caña de azúcar y palma africana, así como mejorar las viviendas de los sectores más pobres.

Consciente de que los empresarios hondureños han estado históricamente cerca de los partidos de derecha y que en 2009 apoyaron el golpe, Castro esgrime la necesidad de sanar las heridas del golpe y lograr la “reconciliación” de la familia hondureña, todo ello con el objetivo de ganarse la confianza de aquéllos ofreciéndoles garantías para sus inversiones.

En el terreno del combate a la inseguridad las aguas también están muy divididas. Hernández propone “mano dura”, en especial el impulso a la recién nacida Policía Militar que ahora pretende extender a todo el país. En cambio, Castro propone medidas de corte social para combatir la inseguridad y la creación de una “política comunitaria” destinada a proteger los barrios de la delincuencia.

El fantasma del fraude

El clima de polarización, las heridas aún abiertas por el golpe de 2009 y las denuncias de fraude pueden convertirse en una tormenta perfecta si los resultados entre el primero y segundo lugar son muy cerrados y la transmisión de datos se retrasa más de lo normal.

Unos 750 observadores internacionales (de la Unión Europea, de la Organización de las Naciones Unidas y de la Organización de Estados Americanos) están presentes en Honduras para seguir de cerca los comicios.

La jefa de la misión de observación electoral de la Unión Europea (la más numerosa de todas), Ultike Lunacek, expresó el pasado martes que hay muchos “ojos mirando” para impedir cualquier posibilidad de fraude. Por su parte, la embajadora de Estados Unidos en Honduras, Lisa Kubiske, opinó que “debido a lo ajustado de las elecciones es probable que en esa misma noche (la de las elecciones) no se obtengan los resultados de los comicios como el pueblo lo requiere”, lo que podría llegar a provocar brotes de “violencia”.

Por su parte, el Tribunal Supremo Electoral de Honduras, consciente de esta seria amenaza, viene trabajando para garantizar la transparencia del proceso. Su presidente, David Matamoros, declaró ayer a AFP que las pruebas que se hicieron del sistema de transmisión de datos del 50% de los centros de votación resultaron exitosas.

Mi opinión

En el plano político, gane quien gane, estas elecciones dejarán un país altamente polarizado en el cual existen pocos puentes tendidos y un alto grado de animosidad mutua.

Cabe la posibilidad de que el triunfo de Castro y su propuesta de reforma constitucional (su oferta más polémica) lleguen a tensar aún más este complejo escenario. Los dos partidos tradicionales (Liberales y Nacionales) al igual que organizaciones como la Iglesia, las Fuerzas Armadas y ciertos sectores empresarios podrían verse tentados a plantear una oposición frontal similar a la que llevaron a cabo durante la presidencia de Zelaya.

De igual manera, el triunfo de Hernández no ocultaría la circunstancia del ascenso de la izquierda radical, la cual ejercería una fuerte oposición tanto en el Congreso como en las calles.

Por su parte, para el sistema de partidos, estas elecciones supondrán el fin del histórico bipartidismo que data de los últimos años del siglo XIX y que se vio reforzado con el regreso de Honduras a la democracia desde 1981-1982.

En resumen: sea quien sea que llegue a la presidencia deberá hacer frente a difíciles condiciones de gobernabilidad, ya que ningún partido tendrá mayoría absoluta en el Congreso y, por consiguiente, no conseguirá promover cambios sin llegar a un acuerdo entre las diferentes fuerzas políticas.

Por ello, la encrucijada que Honduras tiene ante sí es clara. El escenario deseable es que prevalezca la madurez política de parte de los principales actores, lo cual permitiría la adopción de políticas de Estado consensuadas que den respuesta efectiva a los graves problemas del país. Ello contribuiría a una auténtica reconciliación que cierre definitivamente las heridas causadas por el golpe de 2009.

El escenario opuesto, que Honduras debe evitar a toda costa, es la posibilidad de que la ingobernabilidad se acentúe mientras aumenta el poder e influencia de las maras y se deteriora la situación económica.

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