Buenas razones para deprimirse en la derecha chilena

Infolatam
18 de julio de 2013
Por Patricio Navia

(Especial Infolatam).- El sorpresivo anuncio de que el candidato de la oficialista Alianza en Chile, Pablo Longueira deponía su candidatura presidencial debido a una depresión aguda representó un terremoto para la coalición formada por la derechista Unión Demócrata Independiente (UDI)—partido al que pertenece Longueira—y el centro-derechista Renovación Nacional (RN). Pero aunque la clase política tomó una justificada pausa para desear una pronta recuperación al renunciado candidato, la realidad innegable es que con o sin Longueira, la Alianza tiene un desafío prácticamente imposible en esta elección, evitar la victoria de la candidata de la centro-izquierdista Concertación, la ex presidenta Michelle Bachelet.

La inusitada forma en que Longueira depuso su candidatura es comparable con su intempestiva entrada a la carrera presidencial el pasado 29 de abril.  Después de un escándalo que revelara una cuenta secreta en el Caribe, el entonces candidato de la UDI para las primarias presidenciales del 30 de junio, el ex ministro Lawrence Golborne, renunció a su candidatura presidencial. Ya que RN tenía como candidato a Andrés Allamand, Longueira inmediatamente asumió el desafío de ser el candidato UDI.

A dos meses de las primarias, Longueira renunció al Ministerio de Economía—puesto al que había sido nombrado por el Presidente Sebastián Piñera en julio de 2011—y asumió la candidatura.  Como líder indiscutido de la UDI—después de haber ocupado el cargo de diputado por cuatro periodos y habiendo sido electo al Senado en 2005—Longueira reagrupó al partido, ordenó la lista de candidatos al Senado y a la Cámara y montó una impresionante y acelerada campaña para competir contra Allamand. Pese a que las encuestas daban por ganador a Allamand, Longueira se alzó con la victoria, recibiendo el 51.4% de la votación.  La sorpresa en la Alianza fue gigantesca.  Longueira, uno de los políticos con el más alto rechazo a nivel nacional, se convertía en el candidato presidencial de la Alianza, electo en unas primarias abiertas y vinculantes.

La noche del 30 de junio trajo noticias preocupantes a toda la derecha. Bachelet arrasó en las primarias de la Concertación, con el 73% de los votos, superando ampliamente a sus tres rivales.  La sorpresivamente alta participación en esa contienda favoreció a la Concertación. Tres de cada cuatro votos emitidos fue para candidatos de esa coalición. Bachelet consiguió más votos que el doble de la suma de los votos recibidos por Longueira y Allamand.  Las primarias confirmarón el altísimo apoyo electoral a Bachelet.

Para empeorar las cosas, Allamand no quiso dar gestos de unidad en la Alianza. Aunque fue a saludarlo, no quiso aparecer en público al lado de Longueira. Los conflictos en la Alianza se siguieron sucediendo en las dos semanas y media que han transcurrido desde las primarias.  La semana pasada, sorpresivamente también, el presidente de RN y otro senador de su partido anunciaron un acuerdo con la bancada de senadores de la Concertación para reformar el sistema electoral.

Una bandera de lucha para la Concertación, la reforma al sistema electoral binominal—dos escaños por distrito, donde la segunda fuerza a menudo se ve beneficiada en desmedro de la primera y de los partidos pequeños—había sido duramente resistida por los partidos de la Alianza.  Al anunciar su intención de cambiar el sistema electoral, los senadores RN desnudaban que las tensiones al interior de la Alianza no habían disminuido.

Aunque no se han publicado encuestas, los sondeos que manejan las campañas presidenciales indican que Longueira no había podido recuperar terreno ante Bachelet. De hecho, algunos sondeos indican que la primera vuelta del 17 de noviembre estaría marcada por la incertidumbre de si Bachelet alcanza la mayoría absoluta. Más que competir con Bachelet, Longueira parecía más preocupado de evitar verse obligado a competir con dos candidatos independientes, el ex Concertación Marco Enríquez-Ominami, que ya fue candidato en 2009, y el economista independiente de centro-derecha Franco Parisi.

El anuncio de la renuncia de Longueira deja a la Alianza en un mal pie. La ley estipula que de retirarse el candidato ganador de las primarias, los partidos quedan libres para escoger a sus propios candidatos.  A la par del anuncio de Longueira, la directiva de la UDI dejó entrever que ellos mismos—sin RN—escogerían al candidato de remplazo.  Aunque está fuera del país en vacaciones, Allamand, el candidato RN derrotado, también parece interesado en obtener la nominación presidencial de su coalición, o al menos de su partido.  El propio Golborne, cuya renuncia motivó el ingreso de Longueira, inmediatamente dio señales de estar disponible. Otros nombres de líderes de RN y UDI también han comenzado a circular como posibles candidatos.

Lamentablemente para la Alianza, la posibilidad de que RN y la UDI presenten dos candidatos no es descartable. Alegando que así pueden sumar más votos, algunos estrategas de la Alianza inmediatamente recordaron que en la primera vuelta de 2005, cuando RN y la UDI fueron con candidatos separados, la suma de su votación fue superior a la de Bachelet (aunque Bachelet igual se impuso en segunda vuelta).  Pero ya que ahora hay también otros candidatos—Enríquez-Ominami y Parisi—en carrera, la división de la derecha hace más probable que la disputa en noviembre sea más por el segundo lugar que por competir con Bachelet.  Si la Alianza queda fuera de la segunda vuelta, el terremoto será mayor que lo experimentado hoy en las sedes de RN y la UDI.

Mientras más se demore la definición del nuevo candidato, más difícil será mantener la unidad de la Alianza. La confianza en las huestes Concertacionistas ha devenido casi en euforia. Si Bachelet ya era casi imbatible, esta crisis de la candidatura de Longueira hace aún mas cuesta arriba derrotarla en noviembre. Esta noche hay buenas razones para deprimirse en las filas de la Alianza. Aunque a partir de mañana, las tensiones que se esperan entre RN y la UDI serán razones aun mayores para mirar sin esperanza la elección presidencial de noviembre.

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2 comentarios a “Buenas razones para deprimirse en la derecha chilena”

  1. Andrés dijo:

    Es ahora o nunca! Ossandon Presidente! Yo que vote por Orrego, voto en la presidencial por Osandon.

  2. alex dijo:

    Errores de Manual, el Sr. Longueira, era consciente de su dolencia, antes de presentar su candidatura y UDI tenia que haber valorado muy bien su estado de salud antes de proclamar su candidatura a primarias. El centro derecha en Chile ha hecho el ridiculo frente a los ciudadanos y a su electorado, asumiendo una derrota antes de empezar. La vuelta de la sra. Bachelet a la politica chilena, genera muchas incertidumbres que ella no ha despejado, se nota en su discurso una persona mas radicalizada, y un cierto “tufillo” de populismo “chavista”, Muy mala la conducción politica de la derecha en Chile

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