América Latina necesita integración financiera frente a la volatilidad

Reuters
Santiago, 25 abril 2013
Por Alicia Bárcena

En medio de las réplicas de la crisis que estalló hace cinco años, América Latina y el Caribe logró mantener el crecimiento económico mostrando una mayor fortaleza para hacer frente a las turbulencias de la economía mundial (3 por ciento en 2012, mientras se espera un aumento de 3,5 por ciento para este año).
Hoy es fundamental dinamizar los diversos procesos de integración regional que se vienen observando en América Latina y el Caribe, cuya expresión política más reciente, la CELAC, acaba de vivir una potente cumbre. Otras dimensiones reclaman avanzar en paralelo.Pero no es suficiente para la región: ya es hora de acrecentar la caja de herramientas para blindar a las economías de la volatilidad financiera y de los términos de intercambio.Una de ellas, fundamental, es la integración financiera de la región. Un esfuerzo que debe articularse en torno a una Red de Seguridad Financiera para el Desarrollo que sea capaz de hacer frente a problemas de corto y largo plazo.

¿Cómo? Creando mecanismos de financiamiento contra cíclicos de apoyo a la balanza de pagos y movilizando recursos en el mediano y largo plazo para el financiamiento del desarrollo productivo.

la región cuenta con el Fondo de Reservas Latinoamericano (FLAR) que tiene una limitada cobertura de países alcanzando solo a siete países

En cuanto al apoyo de la balanza de pagos, la región cuenta con el Fondo de Reservas Latinoamericano (FLAR) que tiene una limitada cobertura de países alcanzando solo a siete (Bolivia, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Perú, Uruguay y Venezuela) de las treinta y tres economías de toda la región.

Ampliar la participación de los países de la zona en fondos de esta naturaleza es un desafío fundamental. Por un lado, se trata de ampliar el campo de cobertura para incluir a un mayor número de naciones de distinto tamaño, reconociendo que en general los choques externos no afectan a todos los países de manera simultánea. En paralelo, hay que aumentar el capital existente para hacer frente a las necesidades potenciales de liquidez.

Siguiendo la lógica de que los fondos regionales son una línea de defensa adicional de otras instancias de apoyo a la balanza de pagos existentes, la CEPAL estima que un fondo regional debería contar con un volumen cercano a los 15.000 millones de dólares para cubrir las necesidades de financiamiento de un número significativo de países pequeños y medianos de la región (por contraste a los 2.344 millones de dólares de los que dispone el FLAR).

La red de seguridad financiera se fortalece con un papel más amplio y activo por parte de los bancos de desarrollo. Estos son una potencial fuente para la generación de instrumentos de financiamiento del comercio intrarregional cuya falta ha limitado las posibilidades de expansión de los flujos comerciales intrarregionales.

El comercio intrarregional de América Latina y el Caribe es menor al de otras regiones del mundo en desarrollo. Pese a que durante las últimas dos décadas, las exportaciones intrarregionales se multiplicaron por diez, su participación en las exportaciones totales sigue siendo baja alcanzando cerca de un 20 por ciento.

Asimismo, en la medida que la banca subregional de desarrollo suele tener mejor grado de inversión que sus países miembros, permite facilitar el acceso de los países de región a los mercados financieros internacionales.

La última crisis lo demostró, la banca de desarrollo tiene capacidad contracíclica contrarrestando la caída en los flujos financieros y la expansión del crédito doméstico que suelen observarse en estos trances.

Así, por ejemplo, en el año más crítico de la crisis global (2009) el Banco Nacional de Desarrollo de Brasil (BNDES), aumentó sus desembolsos en 37 por ciento lo que permitió contrarrestar una caída del orden de 5 por ciento del crédito privado.

Las instituciones financieras regionales han mostrado una serie de atributos positivos que hay que mantener y que han ayudado a establecer su legitimidad, entre los que destacan la rápida capacidad de respuesta y flexibilidad necesaria para hacer frente a los choques externos.

Las instituciones financieras regionales también gozan de un mayor sentido de pertenencia por parte de los países miembros, que las perciben más cercanas y afines a sus realidades.

Esto crea una relación especial entre estas instituciones y los países, que se expresan, en particular, en una sintonía entre las líneas de financiamiento y las demandas de los países y, en el caso particular de los fondos de reserva regional, en una fuerte posición de acreedor preferente.

Esto se traduce en que las instituciones financieras regionales tiene buenas clasificaciones de riesgo, superiores a la de sus países miembros. Los países de la región siempre han honrado sus compromisos con estas instituciones, aun en momentos de moratoria sobre sus deudas soberanas con respecto a otros acreedores.

Las instituciones financieras regionales constituyen un eslabón importante en el proceso de densificación del entramado de la arquitectura financiera internacional potenciando la capacidad de proveer la estabilidad financiera como bien público global.

En este sentido, las instituciones financieras regionales deben considerarse como un complemento de la institucionalidad financiera mundial pero dentro de una estructura de cooperación financiera en varios niveles que responda a principios de subsidiariedad.

Se trata, en definitiva, de reforzar la provisión de financiamiento contracíclico para enfrentar los efectos de shocks externos y atenuar la posibilidad de un contagio financiero.

Comentar esta noticia

 

Cambiar a versión móvil