Ricardo Darín como síntoma

Infolatam
Madrid, 20 enero 2013
Por Carlos Malamud

(Especial para Infolatam).- La no tan inocente pregunta de Ricardo Darín acerca del meteórico enriquecimiento de Néstor y Cristina Kirchner provocó una tormenta en Argentina, reforzada por la airada respuesta en facebook de la presidente Fernández. En un brillante artículo de opinión publicado en La Nación, Jorge Fernández Díaz habla de Darín y del drama argentino de tener criterio propio, manifestado en el dilema de quien no quiere verse engullido por la fuerte polarización existente entre el verticalismo kichnerista y el antikerchnerismo extremo.

Como bien señala Fernández Díaz: “El antikirchnerismo extremo tiene tantas patologías mentales como su gemelo aborrecido y funcional. Unos y otros son sectarios y violentos, y tratan todo el tiempo de sacar partido y de patrullar como policías ideológicos lanzando munición gruesa contra todos”.

La postura de Darín no es más que un síntoma de la enfermedad que corroe a la sociedad argentina: la polarización y la crispación. Durante los años de gestión kirchnerista se ha alimentado la lógica amigo/enemigo o patria/antipatria que no ha hecho más que favorecer esta situación. El director de cine Juan José Campanella lo puso negro sobre blanco cuando en defensa de Darín glosó la respuesta presidencial del siguiente modo: “Si criticás te masacraremos para que nadie más se anime”.

Lo que ocurre en Argentina es similar a lo que vemos en países como Bolivia, Ecuador, Nicaragua o Venezuela, donde cualquier postura que diverja del poder es sumamente criticada. Desde la perspectiva de la movilización social impulsada por los populismos latinoamericanos todo está hecho para evitar los matices, para arrojar a la gente a los extremos, intentando galvanizar a los leales y paralizar a los enemigos. Las cosas llegan a tal punto que familias o grupos de amigos son divididos por la misma línea que escinde a las sociedades mencionadas en dos mitades irreconciliables.

Gracias a la prédica persistente que surge del poder, porque ése es claramente su origen, se va incubando en la población el virus del odio y la intolerancia. De este modo cualquier tipo de diálogo entre los polos es abortado de raíz. Rápidamente las descalificaciones y los insultos reemplazan a las ideas y los argumentos. Si la legítima pretensión de la oposición de querer ganar unas elecciones democráticas es presentada como golpista o destituyente, ¿qué queda para críticas más profundas?

Este panorama se ve agravado por la falta de respeto a las minorías. Cuando la ministra argentina Alicia Kirchner twitea que “las minorías tienen el deber de escuchar a las mayorías, esa es la democracia” está exponiendo un punto de vista muy extendido entre algunos políticos latinoamericanos.

Lo terrible del caso es que Argentina ya vivió una historia semejante. La brecha entre peronistas y antiperonistas cavada durante las dos primeras presidencias de Juan Domingo Perón luego fue ahondada por la llamada Revolución Libertadora, dando origen a una profunda fractura social. Los argentinos tuvieron que ver durante varias generaciones cómo la rutina de la confrontación, en algunos casos de una violencia extrema, se abría paso a codazos frente a prácticas más civilizadas y dialogantes. Finalmente las heridas se cerraron a costa de demasiado sufrimiento y de mucho tiempo. De este modo, los éxitos incontestables del peronismo en lo relativo a la justicia social fueron empañados por la posterior dinámica fratricida.

Algo similar va a ocurrir en los países de América Latina dominados por gobiernos populistas si el mal no se ataja desde el poder, que es el único capaz de hacerlo. Los indudables logros de sus gobernantes (Chávez, Correa, Fernández, Morales e inclusive Ortega) serán inservibles para mantener la cohesión y la paz social si desde el gobierno no se cambian el estilo y el relato hasta ahora dominantes. La pregunta del millón es si es imposible hacer avanzar a sus sociedades sin crispar ni polarizar. Según los seguidores de las arcanas teorías de Ernesto Laclau eso no es posible. Pero la realidad de países como Brasil, Chile o Uruguay muestra lo contrario. Mientras las cosas no cambien, posturas como las de Darín, sus preguntas no tan ingenuas y las reacciones que generan, seguirán siendo un síntoma del mal que ha penetrado en buena parte de la región.

3 comentarios a “Ricardo Darín como síntoma”

  1. julio fuentes ch dijo:

    Dictadura de las mayorías, POR FALTA DE RESPETO A LAS MINORÍAS..Cuando la ministra argentina Alicia Kirchner twitea que “las minorías tienen el deber de escuchar a las mayorías, esa es la democracia” está exponiendo un punto de vista muy extendido entre algunos políticos latinoamericanos.

  2. O Faber dijo:

    Y acaso la “burguesa” clase media no insulta, y de manera muy agraviante a la presidenta, donde se le ha dicho de todo, desde prostituta a “que se muera”.
    ¿Quien comenzó con las agresiones sino los burgueses en cuanto vieron tocado sus intereses? Malamud: cualquiera que ejerza una política “tibia” que favorezca a los pobres sera denostado y se tratara de “bajarlo” de l poder, no sea ingenuo…

  3. julio fuentes ch dijo:

    FABER, porque la burguesía toca el piano tu debes tocar la corneta?. Acaso una parte cuando hace mal uso de los inastrumentos de música, la otra está obligada para empatar.

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