2013 será la hora de verdad de Dilma. ¿Podrá lograrlo?


Por Paulo Sotero

(Especial Infolatam).- En sus primeros dos años como primera presidente mujer de Brasil, Dilma Rousseff hizo lo improbable. Una neófita en la política electoral, vista por muchos como una mera extensión de su reverenciado predecesor y mentor, Luiz Inácio Lula da Silva, Rousseff es hoy más popular en Brasil que su creador. Notablemente, Dilma se ganó la confianza de los brasileños mientras su equipo económico y sus políticas perdieron la confianza de los inversores: el crecimiento del PIB se movió en la dirección opuesta a su índice de aprobación, bajando de un 7.5 por ciento en 2010 a 2.7 por ciento en 2011, y a alguna cifra alrededor del 1 por ciento este año.

Ahora Rousseff afronta lo imposible. Ha asegurado acelerar el crecimiento a un 4 por ciento en el próximo año mientras sigue insistiendo en el mismo conjunto de políticas que produjo los decepcionantes resultados del último tiempo, lo que se hizo evidente por el anuncio a fines de noviembre de un irrisorio crecimiento del 0,6 por ciento del PIB en el tercer trimestre, bajo las expectativas del gobierno y del mercado. Los expertos están divididos sobre si las malas noticias harán que Dilma cambie el rumbo. Hay poco desacuerdo, sin embargo, sobre que el 2013 será el momento de la verdad para Rousseff.

Según el anterior ministro de Finanzas, Pedro Malan, hay un amplio consenso entre economistas sobre lo que Dilma necesita hacer para probar a los escépticos, por segunda vez, que están equivocados. El ratio de inversión sobre el PIB en Brasil, actualmente alrededor del 19 por ciento, tiene que llegar a un rango entre el 23 y el 25 por ciento, logrado por países vecinos como Chile, Perú y Colombia, y por México, países que están creciendo entre un 4,5 y 5 por ciento y probando que un escenario adversario mundial ya no es un excusa para un pobre desempeño económico. Hay, sin embargo, diferentes visones al respecto.

De acuerdo al consultor de negocios Amir Khair, la historia cuenta una película diferente. En los años 50 Brasil creció a un promedio anual del 7,4% con un ratio de inversión del 16,4%. En la década siguiente la economía del país se expandió un 6,2% anual, con inversiones del 18,2% sobre el PIB. En contraste, en la década perdida de los 80 las inversiones alcanzaron al 21,8% del PIB mientras la economía crecía a un modesto promedio anual de 1,7%. Durante los 8 años de gobierno de Lula (2003 a 2010), la economía creció a un promedio de 4,1% anual mientras la tasa de inversión se mantuvo por debajo del 20% del PIB. http://www.estadao.com.br/noticias/impresso,consenso-perigoso-,972995,0.htm.

En cualquier caso, para levantar las inversiones, la presidente brasileña deberá cumplir su reciente promesa de ser “pragmática” y actuar rápido para zanjar la brecha que permitió que se abriese en su relación con el sector privado. El problema se deriva de lo que se percibe como un estilo de gobierno que centraliza el proceso de toma de decisones en la oficina del presidente, una defectuosa capacidad de implementación en oficinas clave de Brasilia y una estrategia excesivamente intervencionista y displicente con los intereses de actores clave.

Esta visión es ampliamente compartida incluso entre aquellos que aplauden los planes de Rousseff de bajar los costos económicos financieros y de producción, y de fomentar reformas e inversiones en áreas cruciales de infraestructura, como puertos, aeropuertos, autopistas, trenes, sistemas de transporte masivos en las áreas metropolitanas principales y en la industria de producción eléctrica, así como de desarrollar las enormes reservas offshore de petróleo y gas encontradas hace cinco años.

Los escépticos dicen que las actitudes dogmáticas de Rousseff en política económica y sus poco aprecio por los consejos de terceros le van a impedir actuar con la suficiente rapidez para restaurar la confianza de los inversionistas. Ella tiene, sin embargo, un poderoso incentivo político para hacerlo y preservar la fuerte posición que construyó en la primera mitad de su mandato para postular con éxito a un segundo periodo en octubre del 2014. Su continuidad como candidata favorita a la reelección podría deteriorarse si malas noticias económicas, incluidas las crecientes presiones inflacionarias, inundan el mercado de trabajo y se altera el bajo desempleo que conquistó su popularidad entre los votantes, a pesar del declive del crecimiento económico.

Rousseff sabe que si flaquea enfrenta una fuerte competencia desde su propia base política. Como sostuvo The Economist, el gobernador del estado de Pernambuco, Eduardo Campos, popular presidente del Partido socialista de Brasil, de 48 años, y una estrella creciente que aparece como un potencial contendor para el 2014, está ya haciendo discursos que hacen eco de la crítica del sector privado sobre la forma en que Rousseff trata a los inversionistas. Sintomáticamente, el llamamiento de The Economist a la destitución del Ministro de Finanzas, Guido Mantega, causó consternación entre los fucnionarios próximos a Rousseff, por que aparentemente forzó a la presidente a posponer planes para hacer precisamente lo que la revista recomendaba y demostró que ella hará lo necesario para cumplir su promesa de un crecimiento sustancial, estable y sostenido.

El 12 de diciembre, sin embargo, defendió a Lula después de que un periódico publicase fragmentos del testimonio que el operador del “mensalão” dio a los fiscales federales, en un intento de reducir su sentencia a 40 años de carcel, acusando al anterior presidente de haber autorizado el esquema de compra de votos en el congreso y de beneficiarse personalmente del mismo. “Condeno todos los intentos, y éste no es el primero, de ensuciar y de anular el gran respeto del pueblo brasileño por él” dijo Rousseff en una conferencia de prensa en París refiriéndose a Lula.

Sin dejar lugar a dudas sobre su actitud personal sobre corrupción política, a finales de noviembre despidió a seis funcionarios, incluyendo al jefe de gabinete de la oficina del presidente en Sao Paulo, descrito en los reportajes como “íntimo amigo” de Lula, después de que una investigación de la Policía Federal implicase a miembros del directorio de agencias reguladoras y a un asesor senior del fiscal general en un esquema de fabricación y venta de informes de auditoría. De forma igualmente evidente, Rousseff se ha distanciado consistentemente de las llamadas de su partido para la “democratización de los medios de comunicación”.

Introvertida por temperamento y necesidad, especialmente cuando se compara con el trotamundos y carismático Lula, la presidente brasileña parace que continuará siendo selectiva en materias de política exterior y que centrará su atención particularmente en temas relacionados con la estabilidad regional y con la política económica mundial que afecte los intereses de Brasil. Intereses convergentes entre Brasil y los Estados Unidos en reavivar el crecimiento económico, la mejora de la infraestructura, educación e innovación, así como la creciente expansión de las multinacionales brasileñas y norteamericanas operando en ambos países, están surgiendo como un motor necesario para una relación más comprometida con los Estados Unidos durante el segundo periodo del presidente Obama.

La intención mostrada por Rousseff de visitar la Casa Blanca a principios de 2013, cuando llamó a Obama para felicitarle por su reelección en noviembre, fue vista como una incipiente señal de un diálogo más productivo con Washington. Así será si la presidente brasileña prueba que los escépticos están equivocados y hace lo que la razón y el sentido común recomiendan para volver a atraer las inversiones y vuelve a poner a  Brasil en la vía de un fuerte crecimiento económico.

Un comentario a “2013 será la hora de verdad de Dilma. ¿Podrá lograrlo?”

  1. JOSÉ AUGUSTO GUILHON dijo:

    Como siempre, el análisis de Sotero es competente, completo y equilibrado. Apunta con precisión las fragilidades del gobierno Dilma y sus proprias limitaciones y asimismo su aprobación popular además del bajo desempleo que le dan fuerza.
    Creo entretanto que unos fatores essenciales están fuera de su control, como sua inabilidad para hacer fucionar la máquina del gobierno, para comandar su propria base política, para enfrentar al parlamento y para contenir su proprio partido. Sus buenas intenciones y su prometido compromiso con el desarrollo no le bastarán se no logra superar la incompetencia del gobierno, las divisiones en la coalición y en el parliamento y las crisis continuas iniciadas por el PT y por Lula.

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