El futuro de México

Infolatam
Madrid, 25 noviembre 2012

El presidente Felipe Calderón ha propuesto una semana antes de dejar el cargo que su país deje de llamarse Estados Unidos Mexicanos y se convierta únicamente en México. Algo similar ocurrió en Brasil en 1968, cuando se abandonó la denominación oficial en uso hasta entonces de Estados Unidos de Brasil y se cambió por la de República Federativa de Brasil. La iniciativa de Calderón, que recibió calurosos apoyos y feroces críticas, es mucho más modesta y sólo busca imponer la denominación de México a secas.

Sin embargo, la pregunta acerca del futuro de México, en estos días de comienzo de un nuevo sexenio, poco tiene que ver con cuestiones nominalistas, de imagen o de marca país. El tema está estrechamente relacionado con el retorno del PRI al poder y con la posibilidad de que el partido otrora todopoderoso se haya renovado y estemos, o no, en presencia de un nuevo PRI. Sin conocer la composición del gabinete de Enrique Peña Nieto, que con toda probabilidad se hará público este viernes (el 30 de noviembre) es difícil avanzar en la respuesta. Y lo mismo se puede decir en torno a la orientación que le quiera dar a su administración.

Ahora bien, pese a las dificultades para avanzar en la cuestión de si hay un nuevo PRI, algo en lo que los analistas no terminan de ponerse de acuerdo, en lo que si hay un extendido consenso es en el hecho de que en los últimos 20 0 30 años México sí que ha cambiado profundamente. En realidad estamos frente a un país totalmente diferente de aquel que en 1994 se incorporó al TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte). Por eso, en su último número The Economist ponía de relieve el enorme potencial del país y los pasos firmes y positivos que se habían dado para promover el crecimiento. Incluso comparó positivamente a México con Brasil, teniendo en cuenta el carácter más abierto y dinámico de su economía.

Volviendo a la pregunta acerca de la modernización del PRI, José Woldenberg, ex presidente del Instituto Federal Electoral (IFE), señaló que el retorno príista a la presidencia no implica una regresión para México, al no existir las mismas condiciones políticas e institucionales de hace 24 años. Entre otras cosas apuntó a que el partido de Peña Nieto no tiene mayoría absoluta en ninguna de las dos cámaras del Parlamento y, lo cual no es un dato menor, deberá cohabitar con gobernadores del PAN, del PRD y de coaliciones.

Pese a ello, el juego parlamentario podrá dejar atrás el bloqueo entre las partes de los últimos sexenios y abordar una serie de proyectos claves para la transformación del país. La actitud del PAN así lo atestigua. La situación del PRD es más compleja ya que deberá atender al desafío que ha supuesto el nacimiento del nuevo partido de López Obrador, MORENA (Movimiento de Regeneración Nacional), atajar la salida de militantes en esa dirección y dotarse de un claro perfil de izquierda moderna y democrática para diferenciarse de su anterior líder.

La selección de sus secretarios (ministros) y los primeros meses de la gestión de Peña Nieto, especialmente en cuestiones candentes como la lucha contra el narcotráfico, la gestión de la economía, el impulso a las reformas pendientes (energética, fiscal, etc.) o la pugna con algunos sindicatos claves (maestros, petroleros), nos irán mostrando el verdadero rostro del presidente y su partido, el PRI, en la segunda década del siglo XXI. Es evidente que  Peña Nieto deberá hacer algunas concesiones a los sectores más tradicionales y corruptos de su partido, pero si quiere consolidar su proyecto deberá avanzar en la senda de la modernización y de la buena gestión. Sólo el tiempo nos dará la respuesta.

Un comentario a “El futuro de México”

  1. liliana De Riz dijo:

    Absolutamente de acuerdo con el análisis….

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