Sin liderazgo seguiremos a paso de tortuga

México D.F., 7 de agosto de 2012
Por Leo Zuckermann

“… Si uno anda optimista, puede pensarse que México no se está cayendo a pedazos a diferencia de su propio pasado o de lo que está sucediendo en otras naciones. Mal que bien, las cosas funcionan. La economía crece y genera empleos; la inflación está controlada. En cambio, si uno anda en tono pesimista, observa un país cómodamente instalado en la mediocridad. Una nación que podría estar creciendo a mayor velocidad, generando más empleos y produciendo más bienestar social.

La pregunta es por qué no lo hacemos. Ahí es donde entra la política que, en lugar de estar concentrada en resolver los grandes problemas del país, está dominada por pequeñeces. La izquierda sigue en lo que más le gusta: la victimización. No asume la responsabilidad de haber perdido las elecciones, reclama un presunto fraude y cuestiona a las instituciones democráticas. Los panistas, por su parte, continúan aturdidos por el tren que les pasó encima, sin saber qué hacer al futuro y luchando por ver quién se queda con las ruinas del partido. Lo más increíble de todo es, sin embargo, el silencio de los priistas que ganaron la elección pasada. Entiendo que el próximo Presidente está esperando a que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación lo declare formalmente electo. Mientras tanto ha enviado a sus colaboradores a responder acusaciones: puras reacciones, nada de posturas proactivas. En fin, que todos nuestros políticos andan, me parece, viéndose su ombliguito y jugando con él.

No por nada queda la sensación de una falta de liderazgo político en el país. Un liderazgo que empuje, al punto de la obsesión, la aceleración del progreso económico. En lugar de eso andamos que si lo de Soriana es una estrategia de compra de voto o un montaje de la izquierda, que si el Presidente asiste o no a una reunión de los próximos legisladores de su partido, que si Fulanito será el coordinador de la bancada de su partido en el Senado o si Zutanito será secretario de Estado. Nimiedades, por no decir tonterías, para un país que lo que necesita es un duro jalón hacia la modernidad económica.

Quizás es lo que le pasa a un país como México que va caminando lentamente, sin mucha convicción, en un mundo donde hay naciones que van muy aceleradas. Es cierto: mal que bien, ahí la vamos llevando. Pero desespera el paso lento. Esta especie de amodorro colectivo cuando lo que se requiere es motores más potentes para acelerar el paso… No sé. Quizás este sentimiento también se deba a que regreso de un país que se reconstruyó por completo de las cenizas para convertirse, hoy en día, en una de las democracias más prósperas del planeta. ¿Por qué ellos sí pudieron reconstruir su país y los mexicanos no podemos tan sólo acelerar el paso? ¿Qué es lo que nos condena a seguir por el carril de baja velocidad?

Sé que las respuestas no son sencillas. Sin embargo, entre que son peras o manzanas, regreso de vacaciones con la sensación de que en otros países están discutiendo las cosas importantes mientras que en México estamos concentrados en temas coyunturales de poca monta. Como dije al principio: qué trabajo cuesta retornar a la realidad sobre todo cuando seguimos a paso de tortuga”.

Extracto del artículo publicado por el diario Excelsior

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