El camino errático de la Presidenta
Buenos Aires, 5 de agosto de 2012
Por Eduardo Van der Kooy
“Sólo un aislamiento notable y el extravío de la sensibilidad explicarían el rumbo errático de Cristina Fernández en la mayor parte del aún breve segundo mandato. La política ha desaparecido bajo la lógica del mando. El poder se expresa sólo en su universo discursivo. Las palabras asoman cada vez más aferradas a su clientela fiel y alejadas de la mayoría que hace nueve meses le renovó el contrato.
Los problemas económicos se agravan porque están mal gestionados. O sin gestión . Los ministros, salvo excepciones, son simple espectadores o relatores obligados.
La Presidenta se ocupó de desmembrar estos meses dos alianzas clave del sistema político con el cual se encaramaron los Kirchner en el 2003. Rompió con Hugo Moyano y declaró la guerra a Daniel Scioli. No está claro todavía si el antimoyanismo le servirá para cubrir, siquiera en parte, el vacío dejado por el líder camionero. El vínculo con el gobernador bonaerense, más allá de los sopapos y palmadas, tampoco tendrá retorno. Cristina necesita sacarlo de la línea sucesoria antes de las legislativas del año que viene …
… Suceden últimamente tres cosas. Ese recurso, profundizado desde la muerte de Néstor Kirchner, empieza a combinar síntomas de hastío y agotamiento . Las intervenciones públicas de Cristina, además, han sufrido un viraje: de académicas y floridas empezaron a mutar en chabacanas . En simultáneo, parece abrirse una brecha con demandas y sentimientos sociales.
Esa distancia se hizo patente con el escándalo de los presos autorizados a realizar sospechosas salidas transitorias. El episodio se podría analizar desde dos planos. El de la irregular y arbitraria connivencia entre el Gobierno, la Justicia y el Servicio Penitenciario Federal para incorporar a los reclusos a la militancia política en el kirchnerismo.
La coartada cultural kirchnerista tropezó con obstáculos: la conducta del jefe del SPF, Víctor Hortel, que en una época supo ser profesor universitario; la visita que cuatro diputados de la oposición hicieron a la cárcel de Ezeiza.
… El otro plano del escándalo tiene que ver exclusivamente con Cristina . El caso, en sí mismo, encierra gravedad política e institucional. Aunque se potenció, sin dudas, porque entre los presos con salidas transitorias figuraron Eduardo Vásquez, el ex baterista del conjunto Callejeros, y Rubén Pintos, el asesino de un barrabrava de River. Vásquez fue condenado hace poco más de un mes a 18 años de prisión por haber quemado y asesinado a su mujer, Wanda Taddei. Pintos recibió prisión perpetua.
Cristina refirió a Vásquez, casi al pasar, como “el pibito ese” . Vásquez cometió un femicidio. Su ex conjunto fue protagonista, además, de la tragedia de Cromañón. La Presidenta exaltó también la supuesta pasión de los barrasbrava cuando alientan a sus equipos. Los barrasbrava no viven de esa pasión: viven de los negocios siempre oscuros que su actividad les permite tramar con dirigentes de clubes, futbolistas, políticos y policías.
Su intervención pudo haber sellado un viejo temor que invade a los argentinos: el de la indefensión y la impunidad . Un Estado que no sólo no asume su responsabilidad de garantizar seguridad: fomenta por razones políticas, para su conveniencia, la salida de presos. A la par, una Justicia dependiente del poder que pareciera jugar, en demasiadas ocasiones, con el dolor de la sociedad.
Detrás de Vásquez y Pintos existe un montón de víctimas.
También la Presidenta pareció perder, enredada en vagas explicaciones, la noción de sentido común.
¿Era comprensible una salida transitoria para un asesino recién condenado que quemó a su mujer? ¿Lo era para un barrabrava con prisión perpetua?
¿Dónde quedó, por otra parte, la defensa del género que Cristina siempre enarboló como una de sus banderas de derechos humanos? ¿Hacía falta ironizar sobre los presos y aludir al procesamiento de Mauricio Macri, como lo hizo cuando habló en la Bolsa de Comercio? No hay respuesta para preguntas tan incómodas. Reina silencio en el kirchnerismo.
Tampoco el Gobierno habla sobre la inflación . Pero la suba de precios no se detiene y empieza a modificar el foco de muchos economistas y del propio oficialismo para el año electoral que se avecina. Tal vez la mayor amenaza no vaya a ser la recesión que se observa ahora. Quizá sean los precios por las nubes …”.






















