Luz y sombra del mensaje

Lima, 29 de julio de 2012
Por Augusto Alvarez Rodrich

Sería injusto decir que el mensaje de ayer del presidente Ollanta Humala fue malo, porque no fue así, pero tampoco se puede sostener que fuera bueno pues, más allá de varios anuncios interesantes y valiosos, quedó –al menos a este columnista– la sensación de que a este discurso desangelado le faltó alma, sentido y la dosis indispensable para generar ilusión en la población, algo que es muy importante en la política.
Más que un mensaje anual del presidente, lo de ayer pareció el discurso de un premier no muy inspirado que va al Congreso para solicitar un voto de confianza al inicio de su gestión.

Un problema que atentó contra esa posibilidad fue la duración excesiva del discurso pero, también, el hecho de que, más allá de la colección de cifras arremolinadas durante dos horas, faltó empaquetarlas en un orden que le diera sentido de agrupación en torno a un norte común.

Un amigo que no estoy autorizado a revelar comentó ayer, a modo de broma, a propósito de la sorprendente iniciativa del presidente Humala para que el ‘derecho al agua’ sea incorporado como reforma constitucional, que la modificación que sí se debería hacer es la que impida que el mensaje presidencial al Congreso dure más de cuarenta y cinco minutos.

Hablando de discursos, una digresión indispensable pues ayer no solo hubo un mensaje del presidente de la República –como corresponde– sino otro inoportuno e impertinente del cardenal Juan Luis Cipriani, quien, lamentablemente, no tiene nadie a quien oiga con atención que le explique lo mal que se ve el hecho de que convierta el púlpito en trinchera para la defensa de sus ideas políticas y de sus pleitos personales. El 28 de julio es el día del mensaje del presidente, no el de un cardenal afiebrado que cree que el Perú es su chacra.

Volviendo al mensaje presidencial, este trajo anuncios variados y valiosos para todos los gustos, pero el más importante fue el compromiso de que la pobreza total se reducirá a 15% de la población en el 2016.
Es un anuncio crucial. Primero, porque su logro no es posible sin la articulación de varias políticas públicas en muchos sectores. Segundo, porque su consecución significaría un avance notable para hacer realidad la ansiada inclusión social.

También hubo carencias relevantes. Desde Conga hasta las políticas deseguridad ciudadana y los enfoques específicos para administrar mejor la conflictividad social.

Pero la ausencia más importante fue, más allá del reconocimiento de errores ‘al paso’ que hubo al inicio del discurso, una explicación sincera y persuasiva del cambio que tuvo el propio presidente Humala con relación a sus tiempos como candidato.

Eso le hubiera ayudado a reforzar su liderazgo y a recuperar la credibilidad y confianza que se han erosionado en los últimos meses.

Extracto del artículo publicado por el diario La República

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