Comunicación y activismo en la sociedad del hashtag
LLORENTE & CUENCA
Madrid, 29 julio 2012
Por Llorente&Cuenca
(Por Juan Carlos Gozzer. LLORENTE & CUENCA).- No hay duda que el movimiento #yosoy132 irrumpió en las pasadas elecciones mexicanas como un viento fresco en el que los jóvenes cobran de nuevo el protagonismo en un contexto, como el iberoamericano, tan urgido de buenas y nuevas ideas.
También en España, el movimiento de los #indignados ha puesto de manifiesto, como ya sucediera con la “Primavera Árabe”, que la tecnología 2.0 ha abierto la puerta de par en par a ciudadanos, stakeholders y, en definitiva, a toda la sociedad para que no sólo tome la palabra sino que, como ya anticipara el filósofo italiano Gianni Vattimo, construyan la Historia (con mayúsculas y, porqué no, también con minúsculas) desde muchos puntos de vista.
Sin embargo, en esta sociedad en el que las historias son un hashtag compartido y viralizado por muchos, los recientes procesos en México o en las pasadas elecciones presidenciales en Colombia, nos muestra una paradoja compleja.
En México, las miradas más críticas dirán que #yosoy132 no logró influir en el resultado de las urnas y amenazar la ya anunciada victoria del PRI de Peña Nieto. En Colombia, la lectura fue similar: a pocas semanas de los comicios, el candidato verde, Antanas Mockus, era uno de los políticos con más seguidores en Facebook a nivel mundial, superando a líderes de la talla de Nelson Mandela y anticipando una final reñida con el entonces candidato Juan Manuel Santos. El resultado, de todos sabido, fue que Santos superó con amplia (muy amplia) diferencia a Mockus. ¿Acaso en Iberoamérica, online y offline refieren a dos universos paralelos?
Para los que nos dedicamos al mundo de la comunicación y la reputación, estos procesos nos dibujan dos desafíos de gran valor: por un lado, para los ciudadanos y, en general, stakeholders, el reto de influir en la llamada “realidad” a partir de esa conversación 2.0 y, por otro lado, para los “viejos protagonistas” (empresas, partidos políticos, instituciones) el reto de integrar en la “sociedad del hashtag” sus acciones y mensajes clave. Aquí reside gran parte de la tensión reputacional que se vive en la región actualmente.
La comunicación, según la entendemos hoy en día, no es sólo un ejercicio de difusión sino acciones estratégicas y medibles encaminadas al cambio y la transformación. Si no, resulta estéril. La “sociedad del hashtag” debe poder generar resultados palpables, al tiempo que el mundo “offline” no puede darse el lujo de creer que lo que sucede en las redes sociales no tiene nada qué ver con la realidad. Y los casos de México o Colombia, por citar alguno, dan fe de ello.
Latinoamérica tiene ante sí – y todos nosotros somos responsables- la oportunidad de aprovechar los canales 2.0 y los esfuerzos invertidos en aumentar la conectividad y el acercamiento de los actores a todos los espacios virtuales, para hacer que esta “sociedad del hashtag” no sea sólo un viento fresco y “viral”, sino una plataforma constante de enriquecimiento y fortalecimiento social y económico que termine por “borrar” definitivamente la diferencia entre on y offline. Y no dudo que lo lograremos.






















