Pan y circo para todos

La Nación. (Argentina)
Buenos Aires, 18 julio 2012
Por La Nación (Argentina)

Disfrazada de cuestiones administrativas, la pertinaz escalada política de la Presidenta contra el gobernador bonaerense ha puesto sobre el tapete una práctica de la que se ha abusado en extremo. Concierne, desde luego, a Daniel Scioli y a otros de sus pares y a numerosos intendentes, pero el peor de los ejemplos ha sido del gobierno nacional que a nadie engaña con su infatigable locuacidad. Ha gastado enormes sumas de dinero faltante en asuntos prioritarios como la salud, la educación, la Justicia, la vialidad y la defensa nacional para ofrecer supuestos espectáculos gratuitos como Fútbol para Todos.

Fuera de sí porque Scioli no pidió permiso para hacer públicas sus aspiraciones de llegar a la Casa Rosada ni para hacerse fotografiar con Hugo Moyano -y antes, con Mauricio Macri-, la Presidenta lo ha acusado de ser un mal administrador. Enseguida se sumaron a la andanada los colaboradores presidenciales más entrenados en la provocación y la obsecuencia. El eje de las críticas fue que la gobernación bonaerense ha gastado mucho dinero en marketing político.

El gobierno nacional ha sido en particular débil ante la tentación del facilismo para sumar voluntades y soplar aires narcisistas. El Fútbol para Todos ha sido, con un costo de 4000 millones de pesos en tres años, el mejor ejemplo de un fenómeno en expansión.

Si le sobrara el dinero no estaría el Gobierno jugando ahora con el derecho ciudadano de cubrirse del drama inflacionario o prohibiendo, de un día para otro, importaciones en arrebatos que arriesgan nuestros mercados extranjeros e interfieren hasta con derechos básicos a la cultura y a disponer de medicamentos e instrumental sanitario del que se carece en el país. El Gobierno ha antepuesto de tal modo a consideraciones superiores la voluntad avariciosa de retener para sí los valiosos minutos anteriores y posteriores a los partidos y el cuarto de hora de los entretiempos. Por lo demás, la gratuidad del fútbol televisado resulta una gran mentira proporcional a las estadísticas del Indec, pues los $ 4000 millones que se gastaron sólo en tres años salieron del bolsillo de los contribuyentes.

Hubo otros hechos de igual tenor: la fiesta que organizó el Gobierno en 2010 para celebrar el tercer aniversario de la asunción de Cristina Kirchner y el Día Internacional de los Derechos Humanos, que duró unas pocas horas, convocó a una multitud en Plaza de Mayo y costó nada menos que 2,5 millones de pesos.

Tampoco, es verdad, los gobiernos de Macri, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y del socialista Antonio Bonfatti, en Santa Fe, se han privado de fiestas llamativas por lo onerosas. En la celebración del bicentenario de la creación de la Bandera las arcas santafecinas desembolsaron 716.000 pesos sólo por la actuación de dos artistas.

Hoy, cuando muchos municipios bonaerenses sufren los coletazos de las crisis, debe mencionarse, por ejemplo, que Sergio Massa, intendente de Tigre, se mostró junto a Fito Páez, Palito Ortega, Chaqueño Palavecino y varios otros; que Darío Giustozzi, de Almirante Brown, abrió un variado abanico que fue desde Iñaki Urlezaga hasta José Carreras, pasando por León Gieco y los Auténticos Decadentes, y que Martín Insaurralde, de Lomas de Zamora, “regaló” por su parte a los vecinos la posibilidad de disfrutar gratuitamente de Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat, entre otros.

La gente ha carecido de información inmediata sobre los costos y la procedencia de los fondos para solventarlos. Tampoco se le ha explicado cuáles son las prioridades para el gasto: la mayoría de los municipios bonaerenses tienen en estado calamitoso las calles, los centros de salud y los cementerios. La política del pan y circo entretuvo a la gente, pero terminó mal en el Imperio Romano y allí donde se la haya practicado. Con el gobierno nacional como máximo responsable, el país ha entrado en una etapa de serias dificultades económicas que quedan expuestas a diario, incluso por las penurias provinciales a la hora de pagar sueldos y mantener en condiciones aceptables la infraestructura pública.

Si es verdad, como la Casa Rosada sostiene, que uno de los grandes males de la administración Scioli ha sido el derroche en frivolidad, es de esperar que la política señalada concluya cuanto antes. Pero en todos los ámbitos en los cuales se ha enseñoreado, empezando por el gobierno nacional.

(Editorial de La Nación. Argentina)

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