México presdenciales 2012
La mentira
La Otra Opinion (México)
México, 15 julio 2012
Por Ricardo Alemán
Nadie sensato, con un mínimo de sentido común, se puede oponer a la construcción de nuevas reglas electorales que impidan la compra y coacción del voto y el perfeccionamiento de la llamada equidad mediática en tiempos electorales. Es deseable, sin duda, aspirar a elecciones perfectas.
Sin embargo, de nada servirá una reglamentación electoral perfecta, con cientos o miles de candados –y con regulaciones extremas–, frente a la cultura creciente de no pocos políticos y ciudadanos que usan la mentira, el engaño y el invento de supuestas o imaginarias realidades, para no reconocer y no aceptar el veredicto de las mayorías en las urnas.
Y es que la mentira en la boca de un líder político –en tanto poderoso instrumento de manipulación de mesas–, se ha convertido en herramienta imprescindible de los aspirantes a puestos de elección popular –en tiempos electorales–, para negar derrotas, reclamar triunfos que nunca existieron y para cobrar venganzas políticas y destruir instituciones.
Y LOS MENTIROSOS.
(La otra opinión. México).- Y los ejemplos más recientes del político que ha hecho de la mentira su estilo de vida, es el de Andrés Manuel López Obrador, quien construyó montañas de mentiras en cuatro de las cinco elecciones en las que ha participado. En dos ocasiones compitió por el gobierno de Tabasco y, casualmente, en las dos derrotas acusó al PRI de fraude, tomó la plaza de Villahermosa, realizó penosos “éxodos” de acarreados y llegó a plantarse en el zócalo de la ciudad de México, en reclamo de “democracia” y “limpieza electoral”.
Y cuando ganó el GDF –en el 2000–, AMLO nunca se acordó del fraude, del cochinero y menos de las corruptelas de las que se valieron sus adversarios. Eso sí, luego que perdió la elección del año 2006, volvió a su memoria el cuento del fraude. Como todos saben, mintió cuando dijo que llevaba diez puntos de distancia sobre Calderón –según sus propias encuestas–, y volvió a mentir cuando denunció un fraude que nunca existió y que luego de seis años, nadie probó.
Hoy, luego de la segunda derrota consecutiva en su lucha por alcanzar la presidencia de la república, el político que se llama –a sí mismo–, enviado del cielo, volvió a mentir al inventar, de nueva cuenta, un fraude que nadie ha visto y que nadie probará. ¿Por qué?. Porque no existió el fraude que pregona el candidato López Obrador.
Sin embargo, el discurso de AMLO se ha tornado aún más incendiario y, de nueva cuenta, miente al descalificar por completo la elección federal del 1 de julio. ¿Por qué decimos que miente?. Porque según su opinión, esa fue una elección inequitativo, en la que se compro el voto, en donde las encuestas fueron compradas, los medios comprados a favor del ganador y los gobernadores del PRI compraron cinco millones de votos. Y todo eso, o casi todo, es falso.
Pero lo más grave del asunto, no es la mitomanía que acompaña a AMLO desde hace más de 30 años. No, lo trágico para la democracia mexicana y sus instituciones, es que con sus mentiras un líder como López Obrador, de fuerte convocatoria y profundo arraigo, puede destruir la confianza general en las instituciones electorales. De hecho, luego de 2006 destruyó buena parte de esa confianza. Y hoy la credibilidad en el IFE y en el proceso electoral ya fue contaminada con el veneno de las mentiras de AMLO.
Y es que hay que decirlo con claridad; la mentira, igual que la compra de votos, igual que el relleno de urnas, que la manipulación mediática y que todo el cochinero electoral, es un poderoso vector que influye en las resultantes electorales; es veneno puro para la democracia.
REGULAR LA MENTIRA.
Y por eso la pregunta. Si las izquierdas y corifeos que las acompañas quieren reformas extremas –llevadas al límite de locura reglamentaria–, para garantizar que los procesos electorales sean perfectos, entonces también tienen que reglamentar y sancionar el uso de la mentira con fines político electorales.
Tendrían que crear, en paralelo a la Fiscalía Especializada para Delitos Electorales (Fepade), una Fiscalía Especializada para Mentiras Electorales (Feme), que investigue –como lo piden los corifeos de las izquierdas que no saben perder–, el impacto que tiene una mentira lanzada frente a los potenciales electores, por un candidato a puesto de elección popular.
Y ya metidos al extremo –de “reglamentitis”, al que pretenden llevar algunos el asunto electoral–, entonces se tendría que investigar y sancionar –al igual que se reclama investigar la compra de votos y el derecho de opinar–, mentiras como la supuesta independencia y apartidismo del manipulado movimiento de los “ternuritas” del #132.
Se tendrían que sancionar mentiras como los tres puntos que le daban a AMLO las encuetas, por encima del puntero; se tendría que sancionar el cuento de las elecciones inequitativas; la mentira de que a través de tarjetas de Soriana y de Monex, se compraron votos; la mentira de que todas las encuetas fueron compradas y, en general, se tendría que sancionar el cuento de que la mafia del poder impuso a Enrique Peña Nieto.
MENTIRAS TABASQUEÑAS.
Pero lo más simpático del asunto aparece cuando, por ejemplo, las mentiras hacen tropezar a AMLO con su propia legua y, en su propia tierra. El pasado viernes López Obrador viajó a Tabasco, en donde se desvivió en elogios para su amigo y ganador del gobierno estatal, Arturo Núñez. ¿Pero que creen?. Casi nada, que el resultado electoral que hizo gobernador a Núñez en Tabasco, desmiente todas las mentiras de AMLO. ¿Por qué?.
En efecto, en Tabasco, todos o casi todos los medios estaban a favor del candidato estatal del PRI, Jesús Alí; en efecto, todo el aparato del PRI ofreció dadivas, incluida la tarjeta “La Choca”. Y sin duda que se inundó el estado de propaganda a favor del PRI. Frente a ese aparato aplastante, el candidato de las izquierdas, Arturo Núñez, hizo campaña prácticamente sin dinero y en contra de todos los poderes estatales. ¿Y que pasó?
El PRI perdió y Arturo Núñez Ganó. ¿Por qué?. Porque los electores no son idiotas; porque a pesar de las prebendas, de la propaganda mediática, votó en libertad. Si las mentiras de AMLO estuvieran apegadas a la realidad, en Tabasco hubiese ganado el PRI, igual que en Morelos y, en el Disrito Federal, en donde el PRD no habría ganado de la manera apabullante como lo hizo.
Si fuera cierta la mentira de AMLO y la lógica de la compra de votos, compra de las encuetas, compra de conciencias y las cuotas de gobernadores del PRI, entonces el partido tricolor hubiera arrasado en el Congreso –en las cámaras de diputados y senadores–, y en las elecciones estatales Y si fuera cierto todo el circo de AMLO, se tendrían que anular todas las elecciones.
Pero AMLO es mentiroso, no tonto. Al tiempo.



























16 julio 2012 a las 06:08
Este personero de la retaguardia obscura de nuestro País no es tonto,es un manipulador profesional y por lo tanto nefasto,en el 88 fue Cárdenas y Maquío,2006,2012,no señor no es por Andres,es por MÉXICO,solo vea a su alrededor,tonto no eres.
18 julio 2012 a las 21:45
Esto ya es más que característico de AMLO, la mentira se vuelve verdad cuando uno mismo se la empieza a creer, con políticos así el país no puede avanzar hacía el progreso que esperamos, nada más vemos con él plantones, provocaciones, división entre la sociedad, descalificaciones hacia la gente que no voto por él y todo secundado por sus fieles, quienes a la primera opinión que digan en contra de su mesías, empiezan a atacar a aquellos que osadamente se atrevieron a tocar a su mesías salvador.
18 julio 2012 a las 23:36
AMLO miente pero lo hace muy mal pues sí hubo fraude en 2006 ya tuvo seis años para probarlos ¿porqué no lo ha hecho? porque no hubo tal! Mintió cuando dijo que iba arriba de Calderón y ahora lo vuelve a hacer diciendo que estuvo todo el tiempo arriba de EPN. La gente simplemente no voto por AMLO por que es un símbolo de odio y de incertidumbre
19 julio 2012 a las 03:30
AMLO ha mentido por 12 años y los ciudadanos ya se dieron cuenta, la respuesta fue que no votaron por él en estos comicios. Los ciudadanos ya están hartos de la bipolaridad del candidato, primero violento y luego amoroso y viceversa. Tarde o temprano su parodia se vendrá a bajo.