Ajuste fiscal en provincias de Argentina

Infolatam
Buenos Aires, 10 julio 2012
Por Alejandro Rebossio

Pagan la nómina en cuotas. Recortan las subvenciones a los colegios privados. Suspenden la iniciación de obras públicas. Se restringe el gasto de funcionarios en telefonía móvil. No se renuevan miles de contratos de empleados temporarios. Aumentan los impuestos sobre el patrimonio. Los proveedores del Estado cobran con retraso. La deuda pública aumenta. No nos referimos a los países europeos sedientos de rescates. Son las situaciones que están viviendo algunas de las provincias argentinas. Por motivos externos e internos, Argentina está desacelerando en forma brusca su crecimiento, tanto que en el segundo trimestre incluso pudo haberse estancado, y son los estados provinciales los que más están sufriéndolo.

En 2002, Argentina devaluó y creó impuestos a la exportación que no se repartían entre las provincias. En 2009, después del conflicto entre el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y los agricultores grandes y medianos, el Estado nacional comenzó a repartir algo del tributo que recauda por las ventas externas de soja, principal producto exportación argentino. Sin embargo, aún las provincias reciben menos parte de la recaudación tributaria nacional que antes de 2002. Esto ha tornado a los gobernadores provinciales más dependientes del Gobierno federal, que desde hace nueve años está en manos de los Kirchner.

En los primeros cuatro meses de 2012, las transferencias del Estado nacional a las provincias para gastos corrientes subieron 7%, es decir, decrecieron en términos reales porque la inflación asciende al 22,8% anual, según las agencias provinciales de estadística. Ese 7% es mucho menos que el aumento del gasto primario (antes del pago de la deuda) del Estado federal, que asciende al 33,3%, e incluso que el incremento de transferencias del Gobierno nacional a las provincias para obras públicas, que llega al 28,2%.

El Gobierno de Fernández ha suspendido el ajuste de las subvenciones a la energía (solo ha afectado a los barrios ricos) y al transporte. En cambio, acaba de anunciar un plan neokeynesiano para contrarrestar la desaceleración económica con la construcción de viviendas mediante créditos hipotecarios subsidiados. Argentina tiene una deuda pública neta históricamente baja, del 19%, que contrasta con el 165% posterior a la suspensión de pagos de 2001. Lo ha logrado a fuerza de quitas y cancelación de pasivos.

Pese a ello, la prima de riesgo de Argentina duplica la de la atribulada España después que la subestimación del índice de precios al consumidor (IPC) en el país sudamericano provocara pérdidas en los bonos en pesos ajustados por la inflación. Al Gobierno federal no le faltan pesos, pero sí dólares para pagar la deuda externa y por eso ha prohibido a sus ciudadanos que siguieran ahorrando e intercambiando viviendas en moneda norteamericana. Fernández cuida los dólares que ingresan al país gracias al elevado precio de la soja, fruto de la sequía en EE UU, aun cuando sus restricciones hayan provocado más inflación y menos actividad económica.

Pero las que más sufren la coyuntura son las provincias, que deben endeudarse en los mercados a unos altos tipos de interés que la Nación no está dispuesta a asumir. También ajustan sus cuentas o ruegan ayuda al Gobierno de Fernández. Todo esto conlleva consecuencias políticas.

Fernández, que lidera el peronismo por izquierda, le ha negado parte de la ayuda que pedía el gobernador de la provincia más poblada, la de Buenos Aires. Se trata de Daniel Scioli, un excorredor de motonáutica que entró en política en los 90, cuando el peronismo era neoliberal, pero que se ha mantenido muy fiel a los Kirchner. Scioli es de los pocos peronistas que ha confesado sus aspiraciones presidenciales para 2015, aunque aclaró que se postulará solo en caso de que no se reforme la Constitución para permitir una nueva reelección de la jefa de Estado. Pero semejante declaración de disciplina partidaria no ha caído nada bien en el kirchnerismo puro y duro.

Fernández ha dado a entender que Scioli gestiona mal y el gobernador, siempre contemporizador, ha respondido que sigue trabajando junto a la presidenta. Allí asoma una posible ruptura del peronismo para las elecciones legislativas de 2013. Algo así como cuando el entonces presidente de Argentina, Néstor Kirchner, se quitó de encima la tutela de su antecesor y correligionario, Eduardo Duhalde, en las legislativas de 2005.

El otro peronista que ha confesado que quiere gobernar Argentina dentro de tres años, el gobernador de la norteña Salta, Juan Manuel Urtubey, se enorgullece de tener sus cuentas en orden y quiere contrastar con Scioli. Pero Urtubey representa una opción de centroderecha dentro del peronismo y, por tanto, carecería a primera mano del apoyo del kirchnerismo.

Entre las provincias con más problemas financieros figuran otras de las más pobladas. Está Córdoba, gobernada por un veterano peronista no kirchnerista que siempre soñó con la Casa Rosada, José Manuel de la Sota. Está Santa Fe, donde gobierna el socialismo, que el año pasado logró el segundo puesto en las elecciones presidenciales, por encima del radicalismo y el peronismo disidente. Están también Mendoza y Entre Ríos, en manos de peronistas fieles a Fernández. También está Santa Cruz, la provincia de los Kirchner.

La oposición mira como espectadora la incipiente pelea entre Fernández y Scioli. En el medio, la presidenta también se ha enfrentado al líder de la poderosa y peronista Confederación General del Trabajo (CGT), Hugo Moyano. Esta semana la CGT se partirá entre moyanistas y kirchneristas. Moyano, a su vez, cultiva una buena relación con Scioli y con la segunda en la línea de sucesión de Fernández, la presidenta provisional del Senado, Beatriz Rojkés de Alperovich, esposa del gobernador de Tucumán. Scioli, mientras tanto, recibe el respaldo de otro gobernador, el de San Juan, José Luis Gioja. Son todos peronistas. “Los peronistas somos como los gatos”, decían Juan Domingo Perón. “Cuando nos oyen gritar creen que nos estamos peleando, pero en realidad nos estamos reproduciendo”, añadía el tres veces presidente argentino.

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