Críticas heterodoxas a la coyuntura de Argentina

Infolatam
Buenos Aires, 13 de junio de 2012
Por Alejandro Rebossio

(Especial para Infolatam).- Que economistas neoliberales critiquen la política del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner es algo habitual, pero que los reproches partan de boca de analistas heterodoxos puede despertar preocupación. Muchos economistas ortodoxos son los mismos que defendieron la liberalización a ultranza de la década del 90 que condujo a la crisis de Argentina de 2001/2002, pero también muchos heterodoxos que apoyaron a los Kirchner en un principio ven con cada vez más inquietud el devenir de una economía que se desacelera en forma brusca. Incluso algunos especialistas advierten de que este año Argentina puede caer en recesión, aunque para ello deben sucederse dos trimestres de caída del PIB. El Estudio Bein, uno de los que más acierta en sus pronósticos, calcula que la economía argentina creció 3,5% en el primer trimestre, después de un 7% en 2011, y en todo 2012 prevé que se expanda al 2,5%.

El secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.

Hasta la muerte del expresidente Néstor Kirchner, Argentina tenía en este abogado obsesionado por la política a su ministro de Economía. Desde que falleció su marido, Fernández toma las decisiones económicas a partir de consultas con diversos ministros, secretarios de Estado y altos funcionarios, entre los que termina prevaleciendo el supersecretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. Es Moreno quien comenzó con los controles de precios, continuó con la subestimación del índice de inflación y prosiguió con la regulación de las importaciones.

Desde la heterodoxia lo critican al secretario porque ha aplicado desde febrero pasado una política de protección comercial indiscriminada, a sectores que lo necesitarían y a los que no, y a cambio no ha logrado arrancar de ellos compromisos para evitar una subida de precios (la inflación ascendería este año al 23%) ni para asegurar que inviertan o creen empleo. Coinciden con economistas ortodoxos en que las restricciones a las importaciones han contribuido a que la inflación se mantuviera tan alta como en 2011, a pesar de que en 2012 el crecimiento económico ha perdido mucho ritmo.

Todas las importaciones deben pasar por un control estatal. Es una medida que apunta más a la preservación del superávit comercial que a la protección del empleo. Ese superávit es clave para que el Banco Central se haga de los dólares necesarios para pagar la deuda externa y para evitar una devaluación acarrearía un impacto en los precios, pero en la heterodoxia se preguntan si las restricciones generalizadas a la importaciones no están provocando un efecto similar en la inflación que la que provocaría una depreciación fuerte del peso. Además recuerdan que desde el año pasado Moreno exige a los importadores que por cada dólar que compran deben exportar otro. Una medida así debería haber impulsado un fuerte salto en las exportaciones, pero este año crecieron solo el 4% en el primer cuatrimestre e incluso cayeron 6% en abril.

Mucho se ha escrito de la obsesión de los argentinos por ahorrar en dólares o de que los inmuebles se compran en dólares, pero el 88% del mercado de cambios se mueve por la compra de divisas por parte de los importadores y, en menor medida, por las multinacionales que giran beneficios o regalías a sus casas matrices. Solo el 12% del mercado obedece a los pequeños y grandes inversores que quieren ahorrar en la moneda norteamericana. En noviembre pasado, cuando el Gobierno limitó la compra de dólares a quienes pudiesen justificar sus ingresos ante las autoridades tributarias, Moreno había definido como una “pelea política” que el dólar no debía costar más de 4,40 pesos. También amenazó a los dueños de las casas de cambio con meterlos presos si la moneda estadounidense subía a más de 4,50 en el mercado paralelo, que creció de la mano de las restricciones a las compras.

Ahora el dólar cuesta 4,50 pesos en la plaza oficial y 4,90 en el mercado paralelo.

Ahora el dólar cuesta 4,50 pesos en la plaza oficial, donde desde mayo se han restringido incluso las operaciones de aquellos que trabajan en la economía formal. En el mercado paralelo el dólar vale más de 5,90 y de momento ninguno de los grandes operadores de las casas de cambio está tras las rejas. Los heterodoxos críticos de Moreno se preguntan si el dólar a 4,40 pesos que se había fijado tenía en cuenta que la moneda de Brasil, principal socio comercial de Argentina, se iba a devaluar como lo ha hecho este año o si la soja, principal producto de exportación de Argentina, iba a subir en medio de una sequía que ha recortado un quinto de la cosecha.

Además se interrogan si es posible resolver la pérdida del superávit de cuenta corriente (en el que influye sobre todo el comercial) con una moneda apreciada en términos reales (ajustados por inflación), que impulsa las importaciones. Es cierto que las compras externas ahora están restringidas, con excepción de las energéticas, que son necesarias para que la actividad económica persista. Pero las restricciones de importaciones afectan la actividad económica de ciertos sectores que necesitan importan insumos o maquinarias extranjeras y a la vez alientan los precios justo en un año en que el Gobierno ha decidido ponerle techo a las subidas salariales como parte de su estrategia para desalentar la inflación y la apreciación real del peso.

En 2011 los aumentaros salariales en la economía formal (dos tercios del total) llegaron al 35% de media y en 2012 no superan el 24%. Incluso algunos recibirán alzas mucho menores a la inflación, como los maestros (19,5%). Esto desalienta el consumo y también tensiona la situación social en un país donde la pobreza había bajado con los Kirchner a poco más de un quinto de la población. La tensión también puede ascender si el empleo no crece tanto como otros años (el paro igualmente bajaría del 6,7% al 6,6%, según Bein) y si las arcas públicas encuentran más dificultades para elevar los planes sociales. No es lo mismo para la población soportar una inflación del 23% con una economía que crece al 7% que con una que se expande al 2,5%.

El Gobierno de Fernández sigue aumentando el déficit fiscal (leve si se lo compara con el del resto de Latinoamérica) con el argumento de que debe hacer política contracíclica ante la incertidumbre económica mundial. Por eso ha frenado la gradual reducción de subvenciones a la energía y el transporte. Pero son las provincias y los municipios los que pasan penurias y deben hacer el ajuste que la Nación no hace: suben impuestos, retrasan el pago de salarios, recortan obras públicas y se endeudan en los mercados. También el Gobierno federal ha ralentizado obras como la construcción de la central nuclear Atucha II, según fuentes que participan del proyecto. Mantiene una deuda pública neta baja porque alrededor de la mitad de los títulos están colocados en organismos públicos, aunque algunos de ellos después los comercializan en el mercado, por lo que diputados de la oposición denuncian un endeudamiento encubierto.

“Si no hago todo esto, el país revienta”, le dice Moreno a los empresarios en reuniones privadas. No faltan los economistas heterodoxos que temen que sea la receta del supersecretario de Comercio Interior la que reviente. Prevén que la presidenta de Argentina, ante una eventual pérdida de popularidad en las encuestas, encomiende la política en manos del viceministro de Economía, Axel Kicillof, el ideólogo de la nacionalización de YPF. Los neokeynesianos confían en este experto en Keynes, pero lamentan que quizá en ese momento reciba una economía demasiado maltrecha.

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