América Latina: El liderazgo en tiempos de unión

Llorente & Cuenca/Infolatam
Madrid 27 marzo 2012
Por Raul Rivera Andueza

(Llorente & Cuenca).- En décadas recientes, América Latina parece haber encontrado su rumbo. El modelo económico que Chile puso en marcha hace ya varias décadas – una economía social de mercado abierta al mundo, en la que el gobierno se retrae a un rol subsidiario y la iniciativa individual se vuelve el gran motor de la prosperidad – se ha extendido gradualmente a través de un conjunto de países que ya representa el 80% de la economía y población regional. La ortodoxia se ha impuesto en materia macroeconómica, contribuyendo a acelerar las tasas de crecimiento. Las viejas teorías estatistas y proteccionistas se han visto desacreditadas por los resultados: a pesar de la “Gran Recesión”, la última década fue la más exitosa en la historia de la región, lo que hizo posible que entre 50 y 70 millones de latinoamericanos superaran la pobreza, convirtiendo a América Latina en una región de clase media.

Las nuevas libertades económicas han ido de la mano de la recuperación de las libertades políticas, al punto que todos los actuales gobernantes latinoamericanos han sido elegidos democráticamente (salvo la dictadura cubana, una excepción en fase terminal). La pujante clase media ha ganado un creciente protagonismo en la escena política y está exigiendo espacios de participación cada vez mayores, desconcertando a elites políticas herméticas que en muchos casos no han sabido adaptarse a los cambios. Los ciudadanos no sólo exigen mayor efectividad y transparencia en la gestión gubernamental (con una lógica propia de la sociedad de consumo), sino también mayor representatividad. Menos explícitamente, también están demandando una visión política más clara sobre el modelo de “sociedad desarrollada” que se aspira construir.

La “integración profunda” como nuevo reto regional

En medio de estas nuevas realidades, una sorpresa: al abrirse al mundo, muchos países latinoamericanos se abrieron a sus vecinos, haciendo realidad la añorada integración económica casi sin darse cuenta. Para muestra un botón: Chile, Colombia, México y Perú hoy están unidos por tratados de libre comercio bilaterales que los convierten un gran mercado de más de 200 millones de consumidores, mayor y más abierto que Brasil.

Los gobernantes de esos cuatro países, en este nuevo contexto, están poniendo en marcha un “área de integración profunda”, la Alianza del Pacífico, que apunta a lograr beneficios muy concretos en diversos ámbitos a través de una mayor integración. Otros países latinoamericanos con economías abiertas han anunciado su intención de sumarse al proyecto.

Nuevos retos, nuevos liderazgos

Obviamente, tras décadas de infructuosos esfuerzos integracionistas a nivel regional y subregional, la Alianza del Pacífico no tiene más opción que legitimarse a través de los resultados logrados. En ese sentido, será vital asegurar la calidad “técnica” y capacidad de ejecución de quienes la lideren.

La experiencia europea demuestra, sin embargo, que sería un error concebir un proceso integracionista como un esfuerzo eminentemente “técnico”, alejado de la ciudadanía. Las cúpulas gobernantes no están en condiciones de impulsar un proyecto de esta naturaleza exclusivamente a partir de consensos “técnicos”, por bien gestionado que el proyecto mismo pueda o no estar, a menos que los ciudadanos vean su lógica. Los beneficios logrables deben ser comprendidos y los resultados, reconocidos y valorados por éstos. En definitiva, los ciudadanos deben hacer propio el proyecto y legitimar sus avances. Desde este punto de vista, el proceso es indudablemente “político”.

Ello exige no sólo atenerse a las reglas del juego democrático, sino que abrir el proyecto lo más posible a la participación ciudadana desde un inicio. En este ámbito, liderar es sinónimo de identificar rápidamente ámbitos de alto impacto donde es posible lograr avances reales y significativos y enfocarse en ellos; generar consensos sólidos en torno a las iniciativas concretas a implementar, a partir de un diálogo público-privado; llevar adelante con éxito las iniciativas acordadas; y comunicar estos éxitos, de manera de generar nuevos consensos en torno a metas aún más ambiciosas y asegurar los apoyos para conseguirlas.

América Latina no tiene más opción que llevar adelante con éxito este proyecto si aspira a convertirse en uno de los grandes protagonistas del el siglo XXI a nivel global. Pronto se cumplirán dos siglos desde que la región llevó a cabo con éxito un proyecto comparable en alcance y ambición. Las nuevas realidades hacen que el momento actual sea más propicio: se dice que a Bolívar lo derrotó la geografía, mientras que hoy ella nos impulsa a la unión. Pero en otros sentidos, el reto es más complejo, ya que requiere de un nivel de participación ciudadana muy superior al que estamos acostumbrados. Afortunadamente, éste no es mayor que el nivel de participación que la ciudadanía está demandando. En este, como en otros ámbitos, América Latina no tiene más opción que volverse profundamente innovadora.

Resumén del artículo publicado en UNO de d+i Llorente & Cuenca

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