Cristina y Dilma, dos caras de dos monedas diferentes

Infolatam
Guatemala, 19 de marzo de 2012

(Especial para Infolatam por Rogelio Núñez)-. Los dos principales países del Cono Sur, Argentina y Brasil, están gobernados por dos mujeres de fuertes personalidades: Cristina Kirchner y Dilma Rousseff. Ambas llegaron a la presidencia apoyadas en el carisma de dos hombres: Néstor Kirchner en el caso de la argentina y Lula da Silva en el de la brasileña, pero las dos han logrado demostrar en el ejercicio de su cargo su autonomía y su fortaleza política.

Pero más allá de estas coincidencias, Cristina Kirchner y Dilma Rousseff encarnan dos polos opuestos de lo que se entiende por forma de gobernar, por estilo de gobierno y por actitud ante la política.

Populismo vs equilibrio

Cristina Kirchner es una buena heredera de los usos, y abusos, del estilo peronista de gobernar. Si históricamente Juan Domingo Perón encarna un prototipo de liderazgo populista, Cristina Kirchner sigue por ese camino. Por el contrario, Dilma Rousseff prefiere un estilo más sobrio, más técnico y de más bajo perfil.

La Presidenta argentina recurre frecuentemente al vicio populista de polarizar la sociedad en buenos y malos, pueblo frente a oligarquía: “muchos dicen representar al pueblo. ¿Se puede representar al pueblo y enorgullecerse de desabastecerlo?…Si les hace feliz agraviarme, síganlo haciendo, pero por favor, no agravien más al pueblo: dejen que las rutas se despejen, y que los argentinos puedan acceder a los alimentos, a las fábricas a los insumos, a los comercios, a las mercaderías”.

Dilma Rousseff y Cristina Kirchner en el balcón de la Casa Rosada

Dilma Rousseff y Cristina Kirchner son junto a Laura Chinchilla la encarnación del poder femenino en América latina

Igualmente, Cristina Kirchner recurre con asiduidad al victimismo, sobre todo desde la muerte de su esposo: “cuando veo por allí rozagantes caminar y criticar con tanta facilidad a quienes provocaron tanto daño a nuestra economía y a nuestra gente y lo recuerdo a él, créanme que muchas veces tengo dudas si vale la pena seguir adelante”.

Beatriz Sarlo la ha definido muy sagazmente en un artículo en el diario La Nación: “nadie pide que Cristina Kirchner se convierta en una demócrata a la uruguaya. Eso va contra sus reflejos y probablemente también contra un estilo argentino, dado a atropellar, que los votantes no han rechazado últimamente. El unicato lo ejerce una personalidad política autocentrada, desconfiada de cualquier pluralismo, hipersensible a las críticas, renuente al diálogo salvo con sujetos ausentes o en estado de dependencia”.

Por contra, Dilma Rousseff huye de las prácticas y los dicursos populistas y maniqueos pues en ella predomina la vertiente profesional de una economista de carrera que entró en política de la mano de Alceu Collares (PDT) cuando este fue elegido alcalde de Porto Alegre en las primeras elecciones democráticas. Rousseff entonces fue designada secretaria municipal de Economía.

Luego fue presidenta de la Fundación de Economía y Estadística del estado de Rio Grande do Sul y secretaria estatal de Energía, Minas y Comunicaciones. En 2000, se afilió al PT y en 2002 conoció a Luiz Inacio Lula da Silva quien le llevó primero al Ministerio de Energía y luego a la Casa Civil, una especie de primer ministro en Brasil.

Lula ha confesado en más de una ocasión que se quedó muy impresionado de las virtudes de Dilma cuando la conoció: “apareció por ahí una compañera con una computadora en la mano. Comenzamos a discutir y percibí que tenía una diferencia respecto a los demás que estaban ahí porque venía con la practicidad del ejercicio de la Secretaría de Minas y Energía de Rio Grande do Sul. Ahí me quedé pensando: creo que ya encontré a mi ministra”.

Revanchismo vs investigación seria

Ambas presidentas comparten un pasado similar pues en los 70 estuvieron vinculadas a la izquierda radical. Pero mientras Cristina Kirchner eludió la prisión marchándose a la provincia de Santa Cruz, Dilma estuvo en el presidio de Tiradentes, en São Paulo. Allí fue trasladada después de ser torturada por pertenecer a la guerrilla, a la Vanguardia Armada Revolucionaria Palmares (VAR-Palmares).

La guerra comercial enfrenta a Argentina y Brasil y afecta a Mercosur

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De 22 años, había sido capturada el 16 de enero de 1970, sólo fue llevada ante un tribunal militar en noviembre, y sería liberada en diciembre de 1972, con diez kilos menos y un serio problema de tiroides.

Esa experiencia ha provocado actitudes muy diferentes. Mientras que Cristina Kirchner siempre parece tener en su mente los sucesos de la dictadura, Dilma Rousseff no exterioriza deseos de venganza cuando recuerda sus sufrimientos.

La presidente argentina siente que está en una cruzada contra el Régimen Militar (1976-83) y saca a relucir el tema cada vez que tiene una disputa sea con empresarios agrarios, como en 2008 (“las mismas organizaciones que hoy se jactan de poder llevar adelante el desabastecimiento del pueblo llamaron también a un lock out (paro) patronal en febrero del 76, en el capítulo más oscuro de la historia Argentina…Esta vez no han venido acompañados de tanques, esta vez han sido acompañados de generales multimediáticos que han hecho un lock out a la información”)…

…o con los medios de comunicación, como el Grupo Clarín (“solamente el que pueda pagar, puede mirar un partido de fútbol es injusto. Porque secuestran las imágenes, secuestran los goles, secuestran los derechos. Como antes secuestraron y desaparecieron a 30.000 argentinos”).

Luis Majul, autor de una biografía sobre el expresidente, explica así esta obsesión por recordar la dictadura: “¿por qué a Néstor Kirchner y Cristina Fernández les importa tanto presentarse como víctimas de la dictadura? Porque es la imagen con la que más cómodos se sienten frente a la militancia del Frente para la Victoria y las organizaciones humanitarias a las que a veces utilizan para evitar críticas de la centroizquierda argentina”.

En Brasil, la presidenta Dilma Rousseff mantiene un perfil mucho más bajo en el tema de los crímenes de la Dictadura (1964-85) de la que fue víctima directa. No ha emprendido ninguna cruzada ni se dedica a acusar a sus rivales por posibles vínculos con los gobiernos militares.

Eso no significa inacción, pues dio luz verde a una Comisión, que estará formada por siete personas que investigará durante dos años las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura entre 1964 y 1985: “la sociedad brasileña necesita mucho conocer su historia. Una historia que, en varios momentos, fue contada en un régimen de censura, de arbitrio y represión, un régimen en el cual las personas eran impedidas de expresar hasta su pensamiento”, dijo Rousseff en el programa de radio “Café con la Presidenta”.

Rousseff no ve en la Comisión una herramienta para la venganza pues “representa el rescate de nuestra historia. Es importante que las generaciones futuras conozcan hechos que ocurrieron en el pasado, principalmente durante la dictadura, cuando personas desaparecían, eran asesinadas…Todavía hay muchos episodios no aclarados y la intención es solamente esta: echar luz a una parte de la historia de Brasil para que no ocurra eso nunca más en nuestro país”.

Estilo discreto vs obsesión por la imagen

Dilma Rousseff y Cristina Kirchner cuidan y vigilan su imagen como lo hace cualquier político actual y más dado que ambas son mujeres. Pero en el caso de la argentina el cuidado del físico es casi una obsesión algo que no existe en la brasileña.

Cristina y Dilma encarnan dos estilos de gobernar muy diferentes

Lo máximo que ha hecho Dilma fue, en los tiempos de la campaña electoral, cambiar su look de peinado por uno más moderno aconsejado por el estilista Celso Kamura. Luego a lo que se negó rotundamente fue a cambiar su forma de vestir y continuó confiando en su modista de siempre, Luisa Stadtlander, que tiene a Rousseff como clienta desde hace más de 20 años.

Frugal en sus gustos culinarios, “tiene una personalidad muy diversificada. Por una parte se ocupa de manera muy determinada, casi obsesiva, de los temas políticos, muy exigente, pero también tiene un interés cultural muy grande”, como destaca su asesor para asuntos internacionales Marco Aurelio García.

En Cristina Kirchner es proverbial su obsesión por la imagen y su pasión por los vestidos. El diario Perfil recordaba por ejemplo como “batió todo los records estéticos con su serie de cambios de ropa cuando hizo en su gira de 48 horas por Francia. Allí, se cambió cinco veces en dos días; el más llamativo de sus atuendos fue el que usó para asistir a la marcha blanca por Ingrid Betancourt: un diseño bien europeo, toda de negro y con una boina muy parisina”.

Y la periodista Olga Wornat, una de sus biógrafas, señalaba ese aspecto de su personalidad cuando aseguraba que “ella es muy coqueta, quizá muy recargada a la bijouterie, pero siempre fue igual. Ella siempre dice que podrá haber un golpe de Estado pero ella no sale de su casa sin pintarse aunque aparezca maquillada como una puerta.

Odio eterno a la prensa vs respeto a la crítica

La relación con respecto a los medios de comunicación es un terreno que muestra claramente las diferencias entre ambas figuras: Dilma Rousseff acepta la crítica de los medios, a los que considera claves en la lucha contra la corrupción. Cristina Kirchner parece no soportar la crítica.

Los Kirchner desataron una guerra contra los medios opositores, en especial el Grupo Clarín, desde 2008 cuando estalló el enfrentamiento entre el gobierno y los empresarios agrarios. Cristina Kirchner siempre saca a relucir los intereses económicos que poseen y su relación con la Dictadura “yo les digo a todos los chicos que no se preocupen por las cosas que les dicen esos centros de emisión de poder que justificaron la dictadura y la represión; los jóvenes son lo más maravilloso de este movimiento popular…En otra época darían miedo, ahora dan pena”.

Cristina Kirchner encarna un gobierno personalista y Dilma uno de perfil técnico

Por contra, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, echó para atrás un Proyecto de ley impulsado por el Partido de los Trabajadores (PT), con el fin de controlar los medios de comunicación en Brasil. El Proyecto de ley,  ”Reglamentación social de los medios”, pretendía controlar la información que difunden los medios de comunicación en el país.

Rousseff rechazó la iniciativa legislativa de su partido de forma tajante: ”prefiero el ruido de los periódicos al silencio de las dictaduras”. Al dejar su desacuerdo con la propuesta del PT, Rousseff aseguró que los controles a los medios de comunicación, es erróneo dado que estos suelen ser los principales denunciantes de la corrupción en el país.

Gobierno de gabinete vs gobierno personalista

El estilo de gobierno separa asimismo a ambas presidentas. Dilma Rousseff encabeza un gobierno de gabinete mientras que Cristina Kirchner lidera un proyecto personalista donde los ministro son meros secretarios de estado.

Dilma Rousseff heredó de Lula da Silva un gobierno que ha ido cambiando a lo largo de estos meses debido a las dimisiones de los ministros. Pero el núcleo fundamental está compuesto por figuras de peso como Guido Mantegna en Economía, Marco Aurelio García como asesor en temas internacionales, o el ministro de Relaciones Exteriores, Antonio Patriota.

Cristina Kirchner no cuenta en su gabinete con figuras relevantes ni de peso. Desde 2005, cuando cayó Roberto Lavagna, los ministro de Economía del kirchnerismo han sido figuras secundarias como le ocurre ahora a Hernán Lorenzini. Incluso ella prefiere apoyarse en grupos como La Cámpora, liderados por su hijo Máximo Krichner, que en la estructura institucional del Partido Justicialista: ”ustedes son una de las cosas más maravillosas que le han pasado a este proyecto nacional y popular”, les dijo la Presidenta a los jóvenes kirchneristas de La Cámpora.

De hecho, la periodista del diario La Nación Laura Di Marco acaba de escribir un libro sobre La Cámpora y en declaraciones al diario chileno La Tercera asegura que “Cristina les abre las puertas, porque no confía en el peronismo y en sus viejas estructuras. En realidad, ella detesta el aparato peronista y confía mucho más en estos jóvenes. Los ve más puros, más leales. Siente que puede apoyarse en los amigos de su hijo Máximo”.

Un comentario a “Cristina y Dilma, dos caras de dos monedas diferentes”

  1. Guillermo López Flores dijo:

    ¡¡Sin desperdicio!! Explica en gran parte la fortaleza y debilidad de las instituciones en uno y otro pais.

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