BID: Latinoamérica bien, pero amenazada (y no sólo por la crisis de Eurozona)

Infolatam
Montevideo, 18 marzo 2012
Por Nelson F. Salvidio

Los latinoamericanos tienen un exceso de precaución al hablar del Estado. Nunca lo sienten en primera persona; lo perciben como un tercero. Por eso es común ver cómo propuestas facilistas de resolver problemas con aumento de gasto público ganan adhesión rápida entre la gente.

El “que pague el Estado” implica de alguna forma el sentimiento de que el Estado es otro, es algo ajeno. Que no tiene costo en su propio bolsillo de contribuyente.

También sirve de ejemplo, el curioso razonamiento de echarle la culpa a un tercero por problemas propios.

Esa costumbre de ver al Estado como tercero puede tener asociación con la época colonial y su proyección al presente, en el entendido que el gobernante era “un virrey”, y que en definitiva “el Estado” era una figura ajena a la población, un tercero (incluso con sede del otro lado del continente)

El Estado es otro, por lo cual cuando las políticas públicas son erróneas, la culpa es de “otro”, y no hay una responsabilidad colectiva, ni siquiera de los que dieron su voto al gobierno de turno.

Hoy, en pleno 2012, es fácil echarle la culpa a Europa.

La reflexión latinoamericana de estos tiempos pasa por sentir que la región “venía demasiado bien”, que eran “años de bonanza”, pero que injustamente eso puede interrumpirse por el impacto negativo que pueda generar un estallido europeo. O al menos verse seriamente afectado por efecto de turbulencias de la Eurozona, y también de la desaceleración de China.

El informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que fue presentado este domingo en la Asamblea de Gobernadores realizada en Montevideo, puede generar alguna interpretación en ese sentido. Pero eso sería una conclusión de una lectura rápida, no atenta, y con cierta mala intención.

El reporte anual, este año titulado “El mundo de los senderos que se bifurcan, América Latina y el Caribe ante los riesgos económicos globales”, efectivamente habla del problema que puede tener la región por impacto negativo externo, pero marca también un problema serio de los países de la zona, que los gobernantes (y en definitiva la opinión pública) prefiere pasar por alto.

El Informe Macroeconómico 2012 del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) indica que el crecimiento proyectado para América Latina en este año es de 3,6%, pero que eso está condicionado a dos puntos que aparecen como amenazas:

- una desaceleración de la economía china más rápida que la esperada y

- una profundización de los problemas económicos de Europa.

Para el BID, América Latina y el Caribe “mantienen cierta resistencia ante una posible desaceleración en el crecimiento económico mundial resultante de una profundización de la crisis de la deuda en Europa y de una desaceleración en China”, pero advierte que si eso se agrava, “la región debe preparar una respuesta contra cíclica”.

Ahí en definitiva está la clave del caso. Hay riesgos de “enfermedad económica” pero ya está identificada la “vacuna” que aunque no sane totalmente, puede ayudar a “calmar mucho”, para usar expresiones que pueden hacer entendible el problema y su enfoque de abordaje.

Entonces, ¿hay vacunas disponibles? Dicho de otra manera y respetando el lenguaje técnico de macroeconomía, ¿la región aprovechó la bonanza para ahorrar fondos que permitan contrarrestar tiempos malo con políticas anti cíclicas?

No hay respuesta común para la región. Pero  la amplia mayoría de los países no guardó “vacunas”.

El estudio del banco interamericano recuerda “un factor relativamente preocupante” que está determinado porque “una mayoría de los países de la región hoy tiene menos margen para implementar paquetes de estímulo fiscal que tras la crisis de Lehman Brothers”.

Es llamativo, luego de eso vinieron tiempos buenos de alto crecimiento e ingreso de divisas.

“En varios países que implementaron paquetes de estímulo fiscal en 2008, una parte de ese mayor gasto se habría vuelto permanente”, sostiene el BID. Y afirma que “de 23 países, sólo cuatro cuentan con márgenes amplios para implementar una política fiscal anticíclica ante una crisis financiera internacional”.

El BID recomienda que “en sus paquetes de estímulo, los países con margen fiscal limitado deben diseñar medidas temporales que puedan abandonar una vez pasado el impacto negativo”.

Pero el enfoque contra cíclico tiene validez si se aplica siempre y no sólo en tiempos malos. Es decir, para tener “un colchón de gasto público pronto”, fruto de ahorros previos, para usar dinero que reactive el mercado interno o que coopere con los sectores expuestos a la competencia o a la pérdida de mercados.

Para ser más claros, la política anti cíclica requiere ahorrar en tiempos buenos para gastar en tiempos malos. Pero no al revés.

El informe destaca que “varios países, especialmente exportadores de materias primas, han acumulado reservas internacionales que les ayudarían a protegerse de la turbulencia financiera internacional y han reducido sus pasivos externos”.

Pero varios, en este contexto, está relacionado con … una minoría.

Las perspectivas económicas de América Latina y el Caribe son buenas, mucho mejores que en otras zonas del mundo. Pero el crecimiento aparece amenazado por dos factores externos que no pueden dominarse. Son ajenos, es cierto, pero podrían amortiguarse mejor con políticas contra cíclicas, fundamentadas en ahorros previos.

Unos pocos países pueden hacerlo.

El BID, mediante un modelo económico global, afirma que si se cumplen esos dos escenarios negativos, con empeoramiento de Europa y China, “América Latina y el Caribe sufrirían una recesión relativamente moderada”.

La región no es una unidad sino la suma de países que se manejaron con diverso criterio y que se han expuesto a riesgos con preparación muy diferente.

Si China se desacelera pero no demasiado, si Europa encuentra una salida más o menos ordenada para su crisis, otra vez podrán quedar tapadas las carencias de países latinoamericanos, para los cuales ir contra el ciclo, vale solamente en tiempos de recesión.

Por la gente, es deseable que eso no suceda. Pero de alguna forma, aun cuando no se pongan a prueba para determinar si saben enfrentar un cambio adverso del panorama externo, los países –gobiernos y su gente- deberán considerar la conveniencia de no hacerse trampas al solitario, de no auto engañarse.

La seriedad y la conducta responsable en el manejo del dinero público, de la política fiscal, puede marcar la frontera entre crecimiento moderado y crecimiento al fin, o recesión amarga.

Latinoamérica tiene todavía buenas perspectivas para seguir creciendo, pero enfrenta amenazas. Y esas no son exclusivamente las externas, sino también las propias, las generadas en tiempos de bonanza, sin tomar precauciones y prevenciones.

Comentar esta noticia

 

Cambiar a versión móvil