Narcotráfico y reconocimiento social en México: entre los reyes y los bueyes

Infolatam
Madrid, 26 febrero 2012

Los jóvenes mexicanos que por un motivo u otro se acercan al narcotráfico están convencidos de que es mejor “vivir cinco años como rey que 30 como buey”. Esto supone dejar de lado el ritual del esfuerzo y el trabajo, con todas sus implicaciones, por la parafernalia del reconocimiento social y el enriquecimiento fácil, aunque sea por vías delictivas y asumiendo un elevado riesgo personal.

El dicho anterior condensa la breve expectativa de vida de narcos y sicarios, como prueba la construcción de un lujoso mausoleo por el jefe del cartel de los Zetas, Heriberto Lazcano, “El Lazca”, o “El Verdugo”, de 37 años, un antiguo cabo de infantería, en su natal Pachuca, estado de Hidalgo. Lazcano también es un gran benefactor de la iglesia de Nuestra Señora de los Lagos. La complicidad de algunos eclesiásticos debe ser tal que el cartel de los Caballeros Templarios, en Guanajuato, ha solicitado una tregua durante la próxima visita del papa Benedicto XVI.

En una reciente fiesta patronal en Nuestra Señora de los Lagos se escuchó el corrido “Los más buscados”, dedicado a los Zetas, que dice: “Si antes eran como 20, ahora se perdió la cuenta. Decididos a morirse, los conocen como zetas. A ley se han ganado el puesto, por eso se les respeta”. En los narcocorridos y telenovelas, donde se los magnifica y glorifica, se ve el respaldo social de los delincuentes.

Éste es uno de los problemas más graves que afronta el gobierno federal en el combate al narcotráfico. La mayor diferencia entre México y Colombia es la postura de la sociedad y la opinión pública. Incluso en Brasil, la policía militarizada era saludada con entusiasmo por los pobladores de las favelas cuando ingresaba en un territorio hasta entonces controlado por los narcos.

En México, encontramos a vastos sectores de la población, liderados por destacados políticos e intelectuales, que critican la política gubernamental y apuestan por negociar o desarrollar políticas menos confrontacionales, situando de forma equidistante a los narcos y al gobierno federal. El poeta y periodista Javier Sicilia, tras la muerte de su hijo, impulsó una marcha nacional por “la paz con justicia y dignidad”, donde la idea de “paz” prima por encima de la necesidad de extirpar el cáncer delictivo.

La lucha contra el crimen organizado es una cuestión crecientemente presente en América Latina, un desafío que no se diluirá mágicamente con la legalización del consumo. El narcotráfico florece abonado por la corrupción y la debilidad institucional. El incendio en la hondureña cárcel de Comayagua muestra que no hay atajos y que se deben impulsar políticas públicas coordinadas para fortalecer la justicia, la policía y hacer que las cárceles dejen de ser escuelas de delincuencia. La coordinación también debe ser regional, ya que la debilidad de estados y gobiernos es el mejor regalo para el crimen organizado.

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