El ALBA y Repsol

Bolpress (Bolivia)
La Paz, 25 febrero 2012
Por Andrés Soliz Rada

Repsol, después de la notable victoria que obtuvo al constituir el primer Fondo de Inversión con un pueblo indígena, por 14 millones de dólares, calificado por los guaraníes de “aporte específico y concreto a las reivindicaciones de las comunidades bolivianas y latinoamericanas”, por las perspectivas que abre a futuros convenios entre transnacionales y “naciones” precolombinas, ha logrado otro avance inimaginable, al apadrinar una lujosa fiesta, a la que asistieron 400 invitados, para celebrar el séptimo aniversario de creación de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).

El evento tuvo lugar en el Hotel Intercontinental de la capital española y estuvo presidido por los embajadores Carmen Almendras, de Bolivia; Alejandro Gonzáles, de Cuba; Aminta Buen año, de Ecuador; Augusto Zamora, de Nicaragua; y Bernardo Álvarez, de Venezuela. El invitado de honor y centro de atenciones fue el presidente de la petrolera, Antoni Brufau (“El País”, Madrid, 22-02-12).

El periodista Pablo Ximenez de Sandoval considera que la recepción social fue, en realidad, una culminación de acuerdos logrados por Repsol con gobiernos del ALBA. En Bolivia, luego de haber invertido 900 millones de dólares en años precedentes, anunció que desembolsará otros 475 millones, para desarrollar campos de gas destinados a la exportación, varios de los cuales son parte del territorio que controla la Asamblea del Pueblo Guaraní Itika Guazú (APG IG), que, asesorada por la ONG Nizkor, vinculada a Soros y Rockefeller, suscribió el Fondo de Inversión, del que los indígenas reciben una rentabilidad del 10 % del capital, es decir 140.000 dólares mensuales. Repsol anunció inversiones en Venezuela por 1500 millones de dólares en meses venideros. En Ecuador, la cifra ascenderá a 134 millones. En Cuba se apresta a explotar el petróleo del Golfo de México en aguas territoriales cubanas.

No resulta fácil conciliar los duros discursos antiimperialistas de Evo Morales, Raúl Castro, Rafael Correa y Hugo Chávez con convenios suscritos por Repsol que es, a su vez, socia en importantes emprendimientos con la estadounidense Exxon Mobil y la inglesa British Petróleum, ambas consideradas principales responsables de invasiones y bombardeos a Irak, Afganistán y Libia, a fin de consolidar su control sobre reservas de hidrocarburos. Paradójicamente, el argumento central para crear el ALBA, la CELAC, UNASUR, el MERCOSUR y la CAN residió en el anhelo latinoamericano de detener, mediante políticas de integración, el abuso de petroleras, articulas a Paraísos Fiscales, fabricas de armas y tráfico de drogas.

Si bien podría sostenerse que el acontecimiento no rebasó los límites protocolares, vale la pena recordar que el coordinador del Espacio Económico del ALBA (ECOALBA), Diego Borja, sostuvo que el tratado bolivariano no se reduce a buscar una integración comercial, “sino que está vinculada con voluntades sociales, políticas y comunicacionales”, que buscan compartir una visión de futuro. Añadió que el ALBA está inmersa en una disputa simbólica, en una lucha de ideas, en la que “no se puede ceder terreno… en términos de profundizar una transformación” (ALAI – AMLATINA, 22-02-12). Vale la pena evaluar si las fotografías difundidas por los medios de comunicación de los embajadores del ALBA y Brufau fortalecen o debilitan la voluntad social de nuestros pueblos de construir espacios alternativos en el conflictivo mundo moderno.

Desde la óptica indigenista, los acuerdos con Repsol tampoco son fáciles de armonizar con sus postulados. El sociólogo portugués Boaventura de Souza Santos, acaba de acusar a los Movimientos de Liberación Nacional de la América morena, de haber sido “muy dependientes de la cultura y de la modernidad occidental”. Su condena está dirigida a esos nacionalistas que pretendieron rescatar recursos naturales estratégicos de manos del capital financiero internacional, como Getulio Vargas en Brasil, Juan Domingo Perón en la Argentina, Juan Velasco Alvarado en Perú, Alfredo Ovando en Bolivia o Salvador Allende en Chile.

Frente a esa tendencia, Boaventura enarbola un indigenismo que, según dice, rescate “otras formas de pensar”, “otras formas de imaginar el mundo”, “otras cosmogonías”, “otras cosmovisiones”, que estaban suprimidas y silenciadas”. (“Rebelión”, 22-02-12). El desafío pasa por saber si esas metas son susceptibles de ser alcanzadas a través del fortalecimiento de estados nacionales en vías de consolidación o mediante su atomización, como pretenden las petroleras y las ONG.

(Bolpress. Bolivia).-

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