Argentina marcha hacia adelante, pero a menor velocidad
Infolatam
Argentina, 16 febrero 2012
Por Alejandro Rebossio
La bonanza de las materias primas, el impulso de la demanda doméstica y la falta de alternativas de ahorro en un contexto de alta inflación llevaron a que los argentinos compraran 846.000 vehículos, un poco menos que los mexicanos, los españoles o los turcos. En enero de 2012, las ventas crecieron 8%, un número que indica una fuerte desaceleración, pero que sigue siendo bueno, sobre todo en un mundo inestable por la crisis de la eurozona.
Así está Argentina: rebajando la velocidad, pero sigue marchando hacia delante. Los mercados prevén que crezca al 3,5%, frente al 7% en 2011, aunque muchas veces han sido menos optimistas de lo que la realidad terminó demostrando. Un reciente informe del banco de inversión norteamericano Goldman Sachs lamentaba, desde su visión, que el segundo Gobierno de la peronista Cristina Fernández de Kirchner esté profundizando la política discrecional e intervencionista del Estado, pero también destacaba que este país cuenta con fortalezas, como la elevada suma de las reservas del Banco Central (a pesar de que bajaron el año pasado, a diferencia de lo ocurrido en la mayoría de los países latinoamericanos), el bajo nivel de la deuda pública, el poco apalancamiento del sector privado y el reconocido potencial económico y humano.
La industria automotriz otra vez nos puede ilustrar sobre los desafíos que enfrenta la economía argentina. El líder del Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (Smata), Ricardo Pignanelli, es uno de los gremialistas que se ha puesto del lado de Fernández en la pelea que ella ha decidido librar contra su antiguo aliado y actual jefe de la peronista y poderosa Confederación General del Trabajo (CGT), el camionero Hugo Moyano.

Pignanelli aboga por que alguien reemplace a Moyano en la votación de secretario general de la CGT en julio próximo.
Pignanelli aboga por que alguien reemplace a Moyano en la votación de secretario general de la CGT en julio próximo. Además acepta la petición del Gobierno de que los salarios aumenten de media el 18%. Moyano pretende 25%, algo menos que el 29% de 2011. Precisamente el sector automotor, que es el que más exportaciones industriales genera en Argentina, es uno de los que se encuentra más alerta por la pérdida de competitividad del país, dado que en los últimos dos años la inflación superó el 20% y el tipo de cambio se apreció en términos reales.
El Gobierno pretende moderar esa inflación, aunque no lo diga en forma explícita. Por un lado, quiere aminorar las pretensiones salariales. Por otro, quiere rebajar algo el crecimiento de la emisión monetaria y del gasto público. Desde que Fernández consiguió su reelección en octubre pasado, ha iniciado una serie de recortes de subvenciones, que ya habían alcanzado un nivel mayor al de la obra pública. La tijera pasó por los subsidios al consumo de energía y agua, el metro, la producción de pollos y harina de trigo y la inversión petrolera, entre otros. Estos recortes, que en general han excluidos a las clases bajas, impactará en un menor consumo, según algunos analistas.
La industria automotriz también nos habla de otro desafío de Argentina: la falta de dólares. El Gobierno se ha reunido este mes con los representantes de las 11 multinacionales que fabrican en el país para reclamarles que los coches cuenten con más piezas nacionales. El Ejecutivo quiere que reduzcan sus importaciones. Y lo mismo está haciendo con todos los sectores de la economía. Por eso este mes ha impuesto un nuevo control a todas las importaciones que se destinen al mercado interno. De momento, dos tercios de las peticiones de autorización para ingresar mercadería han sido aprobados y el resto recibió observaciones de parte del supersecretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, el mismo que comenzó controlando los precios y el índice de precios al consumidor (IPC) y que ahora regula buena parte de la economía.
El Gobierno quiere evitar otro año de caída de las reservas, pues las necesita para pagar deuda pública (incluso si quiere volver a abonar sus obligaciones con el Club de París) y para evitar una brusca depreciación del peso. El expresidentes argentino Néstor Kirchner tenía siempre presente que una devaluación y una suspensión de pagos eran letales para un gobierno en Argentina. Las reservas cayeron el año pasado porque, a diferencia de años anteriores, el déficit de cuenta financiera, compuesto sobre todo por la salida de capitales, no se pudo contrarrestar con el supéravit de cuenta corriente.
Este saldo favorable casi desapareció en los primeros nueve meses de 2011 (de 3.486 millones de dólares un año antes a 561 millones) porque se redujo el superávit comercial (por el alza de las importaciones), se incrementó el déficit de la balanza de servicios, se mantuvo alto el giro de utilidades de multinacionales a sus casas matrices y aumentó el pago de intereses de las deudas externas pública y privada.
Después de la reelección, el Gobierno argentino ha reaccionado con controles a la compra de dólares (solo pueden hacerlo quienes cuenten con ingresos justificados en Hacienda), nuevos trámites para las importaciones y peticiones informales a las multinacionales para que dejen de girar tantas utilidades al exterior. La salida de capitales se ha reducido, pero no ha desaparecido. El Banco Central dispuso una norma para reforzar el capital de las entidades financieras con la mira en la crisis de la eurozona, pero también para impedir que distribuyan dividendos entre sus accionistas en 2012.
La petrolera YPF, controlada por Repsol y gestionada por la familia local Eskenazi, se encuentra bajo la amenaza de reestatalización porque reparte muchos beneficios en lugar de reinvertirlos, al tiempo que Argentina ha pasado a ser importador neto de energía en 2011, después de décadas. Varios fabricantes de coches se comprometieron a invertir más y a resignar la distribución de dividendos, mientras que una de ellas, Fiat, llegó a suspender plantilla en enero durante 48 horas por falta de insumos importados para fabricar.
Economistas opositores como el diputado Claudio Lozano consideran que la tensión laboral, tanto por los salarios como por posibles despidos, será uno de los temas clave de 2012. Con los ahorros que consiga el Estado con los recortes de subsidios tal vez pueda subvencionar el empleo en riesgo, si llega a ser necesario, como lo hizo en la crisis mundial de 2008/2009. Ya ha bajado el desempleo al 6,7%, pero aún queda camino por recorrer para seguir reduciéndolo y para mejorar la situación del 34% de asalariados que trabajan en la economía informal.


























