Más gestos que hechos

La Nación

Por Joaquín Morales Solá

“…La Argentina ha recurrido históricamente a las Naciones Unidas, sobre todo desde que en la década del 60 el entonces canciller Miguel Angel Zavala Ortiz consiguiera la resolución de la Asamblea General que describe a la situación de las Malvinas como colonial. Ese es el eje de la histórica política argentina sobre las islas. Extraña que el kirchnerismo ponga el acento sólo ahora en el Comité de Descolonización de la ONU (con oposición incluida, como anunció Cristina Kirchner) después de ocho años de gobierno. Sorprende también que no se haya acordado mucho antes de los veteranos de la guerra, que siempre fueron menospreciados, olvidados y marginados. Como todos los veteranos de una guerra, sufren, es verdad, las consecuencias físicas y psicológicas de una conflagración. Ellos son víctimas inocentes y claras, porque no decidieron nada y debieron ir a la fuerza a una guerra desigual y chapucera.

Esa historia no le da derechos a ningún veterano a ejercer ahora la violencia. La agresión física que sufrió el diputado kirchnerista José María Díaz Bancalari, a manos de agrupaciones no oficialistas de veteranos, merece un enérgico repudio.

Por otro lado, la militarización del Atlántico Sur existe, pero existe desde la guerra perdida por la dictadura argentina en 1982. Otra cosa es, no obstante, la impolítica exhibición armamentística que está haciendo Londres en los últimos tiempos. Innecesaria, absolutamente.

Tal vez la parte más sustancial del discurso de Cristina Kirchner haya sido la que empleó para tenderle la mano de una negociación, otra vez, al primer ministro británico, David Cameron. Esa es la mejor decisión de la Presidenta desde que estalló la nueva tensión con Londres. Pudo hacer algo más concreto que una bella frase (“Dele una oportunidad a la paz”, lo instó) e instruir a la nueva embajadora en Londres, Alicia Castro, a quien tenía a escasos metros, para que pidiera al gobierno británico una inmediata ronda de negociaciones. Ya es tiempo de que alguno de los gobiernos dé un paso concreto hacia el diálogo, más allá de proponerlo ante micrófonos políticos. Que es lo que hacen los dos.

La oposición salió sorprendida por lo poco que hubo, aunque también distendida porque no había asistido a ningún desatino. La sorprendió, sí, una imagen del canciller Héctor Timerman. El ministro llegó en los momentos previos al discurso presidencial, buscó su nombre en la mesa donde estaría Cristina y no lo encontró. Sí estaba, en cambio, el nombre del ministro de Defensa, Arturo Puricelli. Timerman terminó sentado en una tercera fila de la plata de funcionarios. ¿Qué pasó? Es extraño, pero el ministro de Defensa prevaleció sobre el canciller durante un discurso en el que se proclamó la paz y no la guerra. ¿Fue entonces uno de esos mensajes encriptados del trono sobre el favor o el disfavor de sus cortesanos, que nada tienen que ver con el hecho convocante? No hubo respuestas.

¿Por qué semejante expectativa para tan poco? El conflicto con el sindicalismo se moderó durante algunas horas. El tenso y crucial silencio del molesto Brasil, por las medidas contra las importaciones de Guillermo Moreno, pasó a un segundo plano. La necesidad de dólares de la administración y las nuevas restricciones a la compra del billete norteamericano por parte del argentino común se esfumaron, fugazmente. De la agenda pública salieron la inflación, la quita de subsidios al consumo de servicios públicos y los primeros síntomas de una economía que comienza a ser tocada por la crisis internacional.

David Cameron tiene sus problemas internos y quizá, como corean los funcionarios argentinos, echó mano a las Malvinas para distraer a su opinión pública. Si aquello fuera cierto, Cristina Kirchner debería cuidarse de no seguir los mismos pasos. Las Malvinas ya han sido usadas y nunca, ni aquí ni allá, el resultado fue bueno”.

Extracto del artículo publicado por el diario La Nación

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