Cristina clásica, con doble discurso

Clarin (Argentina)
Buenos Aires, 29 enero 2012
Por Eduardo Van der Kooy

Las petroleras forman parte del nuevo listado de enemigos del Gobierno. La Presidenta descubrió ocho años tarde que la importación creciente de combustibles perjudica al sector energético y al desenvolvimiento económico. Palo a los ambientalistas. Tensión con Moyano.

Cristina Fernández se recluyó 28 días, forzada por un problema de salud, pero regresó como se había ido , salvo la cicatriz en la zona baja del cuello que se encargó de farolear. Tal vez le haya inyectado una sobredosis de histrionismo a un mensaje político que tuvo como objetivo enumerar los adversarios y las batallas de los tiempos que vendrán. El acoso a los medios de comunicación que no le son adictos, aunque no cesa, formaría ya parte de un libreto algo enmohecido.

Ahora es el turno de las empresas petroleras.

Pronto se observará en ese desfile también a los bancos.

Las épocas difíciles que asoman empiezan a tornar permeable el cuento kirchnerista sobre la existencia de una nación burbujeante y feliz. La chapuza oficial con la tarjeta SUBE del transporte, cuyo fin es continuar la poda de subsidios, fue imposible de ocultar por su dimensión aun para los medios vecinos al Gobierno. Habría llegado el momento para la Presidenta, entonces, de apuntar a los supuestos responsables de las dificultades objetivas que, por lo visto y escuchado, nunca están en el poder.

Cristina presentó como un dato alarmante – que es– y novedoso – que no es– los U$S 9.000 millones gastados en importación de combustibles. Ese proceso se inició en el 2004 al mismo tiempo que, por el congelamiento tarifario, declinó la exploración y la inversión en el sector de la energía.

La Argentina de los Kirchner puso fin al autoabastecimiento energético.

¿Qué sucede ahora para que se presente esa carencia como un descubrimiento? Que la opulenta caja del Estado comienza a hacer agua, como el crucero italiano. Guillermo Moreno comunicó que el superávit comercial de este año no debería estar por debajo de los US$ 8.000 millones. Sólo la importación de combustible representa más que esa cifra.

La Presidenta ha preferido no revisar las consecuencias de la política energética de este ciclo. Optó por incorporar a un nuevo actor en su lucha pretendidamente épica contra las corporaciones . Algo podría suceder con Repsol-YPF que posee la mayor porción del mercado. Su director ejecutivo, el catalán Antoni Brufau, indagó desde Barcelona aquellas posibilidades.

¿Intervención, estatización total? Los españoles sabían que alguna tormenta se estaba gestando. El príncipe Felipe, heredero de la Corona, regresó a España aturdido luego de participar en la reasunción de Cristina. Escuchó de su boca, cuando se arrimó para felicitarla, una andanada de críticas contra las empresas españolas radicadas aquí. En especial, contra Repsol-YPF.

Cristina podría estar haciendo en este primer tramo de su reelección un uso abusivo de su popularidad.

Se siente en condiciones de ser juez de todos y manejar con escaso pudor sus actos y sus palabras. Existe una memoria histórica que permite corroborar que esos actos y esas palabras han tenido demasiadas veces sentidos antagónicos e irreconciliables.

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