La anestesia social de América latina
La Nación
Por Julio María Sanguinetti
“… Lo que ocurre con la prensa en Venezuela o Ecuador es gravísimo y, sin embargo, sus presidentes, deslizados prácticamente a la dictadura, mantienen índices de aceptación que no se mellan. Algo parecido ocurre en la Argentina con la escalada gubernamental contra Clarín y La Nacion. Es más, he discutido con amigos argentinos de convicción democrática, que fácilmente se extravían en el análisis y piensan que como Clarín es un gran multimedio que -según ellos- ha ido demasiado lejos en su poder, puede ser agredido desde las alturas.
Se olvidan, por cierto, de que esa expansión empresarial ocurrió, a lo largo de años, al amparo de las normas de cada momento y de que el gobierno, en nombre del cuestionamiento a sus antecesores, no tiene derecho a atropellar las leyes y aplicarlas retroactivamente. Sin dejar de advertir que es muy obvia la intención de silenciar a un órgano opositor.
Advertimos un cambio civilizatorio muy profundo. La revolución científica se lleva por delante a los grandes diarios de opinión, como Le Monde o The New York Times, del mismo modo que deja al costado del camino a empresas tan emblemáticas como Kodak. Las fortunas hoy se hacen rápido, y muy especialmente con el comercio de productos inmateriales (Internet, Google, Facebook).
Paradójicamente, en América latina la bonanza nos viene de lo opuesto, de una resurrección de las viejas materias primas, y allí aparece también una nueva faceta de la fragilidad democrática, porque los grandes precios internacionales producen esta sensación de riqueza generalizada y todos sabemos que, en algún momento, comenzarán a retraerse, simplemente porque la economía tiene ciclos y cuesta creer que, en la sociedad del conocimiento, las materias primas serán la respuesta eterna.
Mientras la economía se mueve así, la familia se debilita cada día más, los partidos son abandonados por los ciudadanos, la droga hace estragos y potencia la violencia del delito y las legiones de “ni-ni” forman bolsones de una juventud que la sociedad no logra atraer al estudio ni ofrecerle un empleo, que requiere hoy otras calificaciones.
A la larga somos optimistas. Siempre la libertad termina por imponerse. Pero en el horizonte cercano vislumbramos serios problemas, cuando el PBI importa más que el Estado de Derecho y la ética pública, y el hombre de esta época deja de ser un ciudadano consciente de sus derechos y obligaciones para transformarse en un consumidor voraz, un contribuyente tramposo y un indiferente cívico”.


























