¿Podrá Peña controlar al PRI?

Excelsior (México)
México, 23 enero 2012
Por Leo Zuckermann

No nos equivoquemos: si el PRI rompió la alianza que había establecido con el Panal, no fue porque ésta tuviera un oneroso costo electoral para Peña Nieto debido a la mala imagen de Elba Esther Gordillo en los votantes independientes. No. Si hubo un rompimiento, fue porque diversos cuadros del PRI se rebelaron en contra de la coalición; estaban furiosos porque el PRI le había entregado diversas candidaturas a diputados y senadores al sindicato magisterial. Les disgustó la idea de perder posiciones a cambio del apoyo electoral de la maestra. Públicamente demostraron su enojo, maniobraron, amenazaron y le ganaron la partida al candidato presidencial, quien tuvo que recular. Y este acontecimiento demuestra que el PRI ha cambiado estos años y que no será nada fácil para Peña controlar a su partido en caso de ganar la Presidencia.

En su libro La Presidencia Imperial, Enrique Krauze retrata con claridad la compleja relación del Presidente con el PRI a lo largo del régimen autoritario. Los mandatarios utilizaban garrotes y zanahorias para controlar a los cuadros partidistas. Se trataba de un sistema sofisticado pero, al final del día, los presidentes tenían el poder suficiente para disciplinar a los priistas y sacar adelante su agenda gubernamental.

Durante el régimen autoritario, el candidato presidencial priista palomeaba las listas de los políticos que llegarían con él al Congreso. Naturalmente había jaloneos. Pero el candidato tenía los instrumentos para imponer las candidaturas que quisiera. Si decidía que había que darle tantas diputaciones y senadurías al magisterio, porque así convenía a sus intereses, pues tenía las herramientas para imponer su voluntad. Hoy, a diferencia del pasado, estamos viendo cómo un pacto que quería el candidato presidencial del PRI lo echaron para atrás los propios priistas.

Carlos Flores Rico, connotado militante del PRI, líder del Movimiento Territorial, públicamente me ha dicho que el PRI ha aprendido a comportarse de manera autónoma durante estos años de estar en la oposición. Ya sin la figura de un presidente priista, en el tricolor han surgido muchos grupos que abiertamente luchan por el poder. Probaron las mieles de la independencia y no quieren que nadie los vuelva a subyugar.

En este sentido, el rompimiento del PRI con Gordillo es un atisbo de lo que podría ocurrir en caso de que Peña ganara la Presidencia. Ya no se podrían utilizar los mismos mecanismos que tenía un presidente priista de antaño para imponer su voluntad sobre los grupos que conforman al PRI. En caso de triunfar, Peña tendría que encontrar nuevas maneras de negociar y controlar a su partido. Porque la realidad es que el país ha cambiado y el PRI ha cambiado. Por tanto, no se puede esperar la misma relación de un “presidente imperial” priista con su partido.

Los priistas fueron los que tiraron la alianza de Peña con Gordillo. Ganaron, así, una primera batalla para no dejarse subyugar como antes. En caso de llegar a Los Pinos, Peña será el primer presidente priista que tendrá que negociar y controlar a su partido en un contexto democrático.

Pero hay otra pregunta. Ahora que el PRI rompió su alianza electoral con Gordillo, ¿qué hacer con ella? En Es la hora de opinar le cuestionamos a Peña cómo hacer una reforma educativa si tenía al liderazgo magisterial dentro de su coalición electoral. El candidato priista nos contestó que precisamente por eso, por tener a la maestra adentro, tenía más oportunidad de negociar y hacer una reforma si ganaba la Presidencia. Pero ahora la maestra ya no será parte de la alianza electoral. ¿Quiere decir esto que ya no podrá hacerse una reforma educativa si triunfa el PRI?

Yo creo lo contrario: el país puede ganar con el rompimiento del tricolor con Gordillo. Ya vimos a muchos presidentes aliados a la maestra que sólo se han hecho guajes con una reforma educativa en serio. Queda, entonces, la opción de que llegue a Los Pinos un político sin compromisos político-electorales con el sindicato magisterial. Tomando en cuenta que Gordillo no irá con Peña, y difícilmente hará una alianza con Vázquez Mota o López Obrador, en esta ocasión podría quedarse “huérfana”. Sin la fuerza de estar aliada al ganador de la contienda presidencial, se incrementan las posibilidades de negociar con el magisterio una reforma al sistema educativo que privilegie los intereses de los estudiantes y no de los maestros.

Artículo publicado en (Excelsior. México)

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