Para seguir por el buen camino
El Tiempo
Por El Tiempo (Colombia)
“”El país va por buen camino”. Tal fue la contundente afirmación hecha el jueves pasado por Juan Manuel Santos, durante el acto en el cual el banquero Luis Carlos Sarmiento Angulo entregó 400 apartamentos a igual número de familias damnificadas por el invierno. Para los asistentes al evento quedó claro que, a pesar de las dificultades propias de su cargo, el Presidente de la República es optimista sobre la marcha de la nación.
Con el fin de respaldar su opinión, el mandatario dio algunos datos llamativos. Así, recordó que según una encuesta la percepción que tiene el 77 por ciento de los ciudadanos con respecto a la coyuntura es positiva. También señaló que un sondeo adelantado por una firma internacional reveló que en Colombia fue en donde más subió el nivel de felicidad el año pasado, con un incremento del 44 por ciento, y que ocupamos el quinto lugar en el planeta en la lista de los más contentos.
Aparte de las calificaciones mencionadas, Santos destacó otros indicadores, como la baja del desempleo a un dígito, el haber logrado mantener la inflación dentro del rango fijado por el Banco de la República y el alza del salario mínimo. Igualmente resaltó el aumento de 2,2 millones de personas en la cobertura del sistema de salud o la gratuidad total en la educación pública del grado cero al once, que beneficia a más de 8 millones de niños. Tampoco podía faltar en la enumeración el crecimiento económico o los nuevos récords en lo que hace a la inversión extranjera y las exportaciones.
La mezcla de factores objetivos y subjetivos parece darle la razón al Presidente. Aunque a la luz de los retos del día a día la afirmación puede sonar exagerada, la verdad es que el país de hoy es más sano, está mejor educado y es más próspero que nunca antes en su historia. Aparte de lo anterior, se ha conseguido progresar en el complejo frente de la seguridad, como lo muestran la disminución en la cifra de asesinatos y la reducción en diversos delitos.
Sin embargo, así como es válido decir que el vaso está medio lleno, también se debe aceptar que sigue medio vacío. En otras palabras, el reconocimiento de los avances conseguidos no puede ser una justificación para la complacencia, sino un acicate para hacer mejor las cosas. Todavía existen en Colombia niveles inaceptables de pobreza, injusticia, diferencias sociales, violencia y atraso en infraestructura, que requieren de buenas políticas y buena gestión pública para que las cosas no sigan igual.
En tal sentido, el reto del Ejecutivo es mantener el curso, al tiempo que busca una mayor efectividad en sus acciones. Un ejemplo claro de ese objetivo es el balance que se puede hacer un año después de que las lluvias empezaran a hacer estragos en centenares de municipios. Si bien se logró identificar recursos y hacer cambios institucionales importantes, los índices de ejecución fueron bajos durante meses. Para usar la figura, el Estado se asemejó a un paquidermo bien intencionado pero lento y torpe, que todavía no ha sido capaz de acompasar su marcha.
A la luz de lo sucedido, existen grandes esperanzas en la profunda reforma que sufrió la administración pública a finales de 2011, complementada con el desmonte de decenas de trámites y procedimientos de hace unos días. Los próximos meses serán cruciales para comprobar si los principios del Buen Gobierno que promueve la Casa de Nariño tienen una expresión práctica que se compruebe en una mayor eficiencia estatal.
Un área crucial en la que dicha voluntad se pondrá a prueba tiene que ver con las conocidas locomotoras de la prosperidad, cuya velocidad es dispar. Así, junto al buen balance que deja la vivienda, con sus 260.000 unidades iniciadas el año pasado, está la lentitud de la agricultura, cuyo desempeño se encuentra por debajo del de la economía nacional. En un mundo que cada vez demanda más alimentos, resulta increíble que un país rico en agua y pisos térmicos explote menos de una quinta parte del área apta para ser cultivada.
La minería, por su parte, avanza muy bien gracias al petróleo y al carbón, pero enfrenta problemas serios en otros frentes debido a cuellos de botella institucionales y a la presencia de explotaciones ilegales que ocasionan un inmenso daño ecológico. En lo que tiene que ver con la infraestructura, tal parece que ahora sí las obras empezarán a acelerarse, pero hasta tanto no ver túneles y carreteras concluidos, el público seguirá escéptico. Por último, el tren de la innovación es una gran incógnita, pues, a pesar de su importancia y de las fuentes de dinero que tiene, no ha hecho aún sonar su silbido.
Las tareas no terminan ahí. En el plano legislativo, hay expectativa sobre la marcha de la reforma judicial y sobre las iniciativas tributaria y de pensiones. En seguridad, el desafío de las bacrim y la guerrilla continúa presente, a pesar de las repetidas victorias de las fuerzas del orden. No menos importante es el combate contra los corruptos que han infiltrado los más diversos estamentos públicos y que deben ser castigados en forma ejemplar.
Todo lo anterior demuestra que el camino es largo. Sin desconocer que el país va por buen rumbo, el mensaje es que no hay otra fórmula diferente a hacer bien la tarea en cada una de las áreas descritas y en muchas más, si Colombia aspira a llegar a un destino mejor que el de ahora”.


























