Las Malvinas, otra vez
La Tercera
Santiago de Chile, 21 de enero de 2012
Por Álvaro Vargas LLosa
“… Hasta ahora, las medidas que había tomado el kirchnerismo con respecto al reclamo de las Malvinas eran mínimas. Además de que durante años Néstor y Cristina prestaron casi nula atención a este tema, cuando finalmente lo hicieron -lo que coincidió con la revelación de que podía haber recursos petroleros en la zona- optaron por medidas de mediana intensidad…
Lo que ahora pretende Buenos Aires con el boicot sudamericano anunciado en diciembre pasado suena peor de lo que realmente es. Tanto el Mercosur como Unasur han aceptado el pedido argentino, de no permitir que los barcos con bandera de las Malvinas amarren en sus puertos. Lo cual no es lo mismo que prohibir la llegada de los barcos de las Malvinas, pues basta que éstos viajen con bandera británica para que puedan acceder sin obstáculos a puertos sudamericanos. Por ello, William Hague, el ministro de Relaciones Exteriores británico, dijo hace unos días que Chile, Uruguay y Brasil habían rechazado el boicot. Aunque Argentina, por boca del canciller Héctor Timerman y del vicepresidente Boudou, ha insistido en que el boicot se mantiene, lo cierto es que sólo se aplica a barcos que tengan bandera de las Malvinas. Basta cambiar la bandera para burlar el cerco. Así, Santiago, Brasilia y Montevideo quedan bien con Buenos Aires y quedan bien con Londres.
Ningún mandatario ha dado a entender siquiera remotamente, en las diversas capitales sudamericanas, que está dispuesto a sumarse al veto argentino contra empresas que operen en las Malvinas. No lo hicieron cuando el veto argentino tenía como blanco principal la industria pesquera (esa es, junto con el ganado ovejuno, la principal actividad económica en las islas) y no lo hacen ahora que el objetivo es la industria petrolera (la intensificación del reclamo argentino tiene relación con las actividades de exploración petrolera de la empresa Rock-hopper). Lo peor que puede pasar es que se suspenda el vuelo semanal a Chile que pasa por el espacio aéreo argentino, pero esa decisión no radica en Santiago, sino en Buenos Aires, por tanto, no implicaría un eventual boicot chileno.
… Un factor que, en este juego diplomático, aparentemente ayuda a Cristina Kirchner es la difícil situación en que se encuentra Londres en relación con la Unión Europea. Desde que el gobierno de David Cameron se opuso a formar parte de la iniciativa para reformar los tratados de la Unión a fin de ir hacia una unión fiscal en el contexto de la crisis de los bonos soberanos, las relaciones entre Londres y Bonn, pero especialmente entre Londres y París, han sido muy tirantes. Se ha hablado, una y otra vez, de “aislamiento” británico. En ese contexto, lo último que quiere el Reino Unido es que cunda la idea de que se amplía el aislamiento con un boicot general de los países sudamericanos, la noticia, algo exagerada, que Argentina ha logrado instalar en los medios.
Sin embargo, Argentina debe medir, en este cálculo, algo que no parece estar midiendo: el legendario nacionalismo británico. Debe recordar que si Londres tiene hoy problemas con sus socios de la Unión Europea es precisamente por esa insularidad o excepcionalidad política que el nacionalismo británico, y muy específicamente el nacionalismo inglés, ha impreso en la clase dirigente desde siempre….
Hasta que surgió la posibilidad de que la zona contenga depósitos de hidrocarburos, para el Reino Unido las Malvinas eran una carga. La sensación general, en el mundo diplomático, era que Londres esperaba alguna oportunidad, en el futuro, para empezar a negociar una fórmula que iniciara el proceso de deshacerse del pesado fardo. No era posible hacerlo en lo inmediato, porque la mayoría de los poco más de 1.300 habitantes de las islas se consideran británicos. Muchos de ellos representan a la novena generación de británicos desde que, en 1833, el Reino Unido ocupó las Malvinas, dato en el que Londres ha basado siempre su argumento de que la “autodeterminación” de ese territorio de ultramar es el que prevalece (también con ese argumento William Hague acusó con ironía a Buenos Aires de “colonialismo” esta semana, antes de llegar a Brasil en visita oficial).
Sin embargo, las cosas se han complicado mucho más desde que empezó a planear sobre las islas el fantasma del petróleo. Como es sabido, desde hace unos años, las reservas del Mar del Norte están en franca disminución. Desde el punto de vista del Reino Unido, pues, el eventual descubrimiento de abundantes cantidades de crudo en las inmediaciones de las Malvinas daría a esas islas un especial valor estratégico. Valor que habían dejado de tener desde que el siglo pasado eran paso obligado para los buques británcos que transitaban del Atlántico al Pacífico (en décadas recientes, apenas han sido el paso obligado hacia ciertas estaciones científicas de la Antártida).
La complicación internacional de la eventual existencia de yacimientos de crudo es obvia: además de valorizar el territorio de la islas para un gobierno británico que antes veía a las Malvinas como una carga, ello pondría a la Argentina ante la obligación de redoblar su campaña internacional. Para cualquier gobierno argentino sería difícil mantenerse de brazos cruzados ante la presión de una oposición que utilizaría el argumento petrolero para acusar a sus autoridades de escaso patriotismo.
En el caso de Cristina Kirchner, como queda dicho, hay más elementos de cálculo político interno que convicciones en todo esto, a juzgar por lo que ella y su marido no hicieron durante muchos años con respecto a las Malvinas. Pero lo cierto es que, dadas las actuales circunstancias, sería aún más difícil para un gobierno no peronista sometido a la presión del justicialismo mirar a otro lado. Por tanto, la posibilidad de que las Malvinas tengan petróleo ha creado casi una obligación en toda la clase política…”.































23 enero 2012 a las 06:10
Aprovechar la disputa diplomática para tildar de dictador al gobierno actual, es muy perverso, y mucho más siendo extranjero y escribiendo desde mucho más lejos.
Lo que no tuvo en cuenta el Sr. Vargas es que no se trata de un boicot o un bloqueo a la ilegal bandera de Malvinas sino a que de aceptarla se estaría reconociendo a la misma como nación independiente o país. Debería limitarse a hablar de situaciones propias y no hablar por hablar.