Forma, fondo y morbo

La Tercera

Por Héctor Soto

Publicado en La Tercera, 21 de enero del 2012

Hay varias maneras de ver o leer el acuerdo de esta semana entre RN y la DC. La más fácil e inmediatista intenta identificar ganadores y perdedores: allá Carlos Larraín y su partido; acá el gobierno y la UDI. Una lectura más anecdótica -inspirada, por qué negarlo, en La venganza de los nerds- permitiría sacar en limpio que de la unión de dos partidos segundones en sus respectivas coaliciones es posible generar el hecho políticamente más protagónico de los últimos meses. También cabe una lectura en clave novelesca del asunto, para tratar de entender cómo es que Larraín, considerado el más inmovilista de los políticos de su sector, llega en esta pasada harto más lejos de lo que nunca llegaron los liberales de RN.

Desde el prisma de las lealtades políticas, el acuerdo es un cortocircuito mayor. Fue un balde de agua fría para el gobierno, y en particular para el Presidente. No lo sospechaba ni se lo esperaba. Carlos Larraín es nada menos que el titular de su partido y tienen que ser muchas las desconfianzas e incomprensiones para que un acuerdo como el suyo con la DC no haya sido informado y socializado al menos a nivel del comité político en La Moneda. Sin embargo, las cosas no son porque sí. Son porque Larraín siente que no le debe ni siquiera la lealtad de la cortesía a quienes de manera oblicua o frontal se la han jugado por sacarlo de su cargo. En esto Piñera no sólo está cosechando su ninguneo y desprecio a los partidos, sino también la desidia de su equipo político a invertir un poco de energía para comprometer mejor a esa colectividad. Se desentendieron del partido y nunca lo tomaron muy en cuenta. Como lo que ocurriera allí les importaba un rábano, vaya que le costará a La Moneda hacer creer que ahora sí le importa.

No se necesita ser experto en cuestiones de urbanidad para reconocer que aquí también está envuelto un asunto de formas. Cuando fallan las confianzas, cuando se trizan las lealtades, el sentido común sugiere que al menos deberían quedar las buenas maneras. Pero en este caso, las pinzas. ¿No exhortó el Presidente a salir a buscar consensos para la reforma del sistema binominal? ¿No va la propuesta de sistema proporcional corregido en la misma dirección que él quería? Más lágrimas se derraman por las plegarias atendidas que por las no atendidas. Vaya que tiene cuento en este caso la frase de Santa Teresa. Para qué hablar de lo que significa para RN tomar por sorpresa al otro socio de la coalición, la UDI. Carlos Larraín dice que previno a Coloma de los contactos que estaba teniendo con la DC y que lo invitó a sumarse. Coloma afirma que nunca adivinó de qué diablos podía estar hablando Larraín. Dios nos libre de una coalición así. Estamos advertidos: esto no es un matrimonio, sino en el mejor de los casos un acostón. El dato, aun teniendo picardía, en realidad no es muy saludable para el sistema político. La política funciona mejor con alianzas sólidas y perdurables.

Hay otra dimensión del acuerdo que no es menor: pone de relieve la falta de iniciativa y liderazgo político de La Moneda. Nadie hubiera dicho que esta era una pega para Carlos Larraín. Pero es él y no gente que presume de mejor musculatura política quien la llevó a cabo.

Lo curioso es que, a pesar de sus impertinencias y rudezas, el documento Un nuevo régimen político para Chile llegó para quedarse. Contiene un buen diagnóstico y un lenguaje que la política chilena, confiada al puro reflejo condicionado desde hace años, no oía desde los inicios de la transición. Aunque son muchos los peros de forma, interlocución y oportunidad, va a costar archivarlo en la gaveta de las buenas ideas que pasan directo al olvido. A lo mejor no tiene gran destino la propuesta de semipresidencialismo, pero el binominal ya tiene sus días contados. Digerida la afrenta, al gobierno eso le gusta. También lo entusiasma la idea de una alianza RN-DC, quizás si el único sueño compartido de Piñera y Larraín. Ahora, La Moneda tendrá que discurrir una fórmula que saque a la UDI del aislamiento.  Nadie sabe para quién trabaja. Tendrá algún morbo el espectáculo de un gobierno supuestamente liberal tendiendo un puente de plata en el tema electoral a un partido conservador y duro. Va a ser la atracción de la temporada: era lo único que faltaba.

“.

Extracto del artículo publicado por el diario La Tercera

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