Un límite inquietante
La Nación
Buenos Aires, 19 de enero de 2012
Por Carlos Pagni
“El ajuste de Cristina Kirchner, cuya estrategia principal es la obtención de dólares mediante un traumático cierre de la economía, encontró ayer un límite inquietante. El gobierno de Brasil impugnó el bloqueo comercial por medio de su ministro de Desarrollo, Fernando Pimentel, quien afirmó: “La Argentina ha sido un problema permanente. Tenemos buenas relaciones políticas, pero, económicamente, es difícil lidiar con ellos”. Esas declaraciones son relevantes porque salieron de la boca de uno de los funcionarios más allegados a Dilma Rousseff. Pimentel está al lado de la presidenta de Brasil desde que ambos militaban en la organización guerrillera VAR-Palmares. Pimentel dijo lo que piensa Rousseff.
Además, el ministro no limitó el malestar brasileño a las restricciones comerciales. Habló de que es difícil tratar con la Argentina en el terreno de la economía. Como Brasil es una estrella del mercado emergente, palabras como esas resuenan en la economía global. Mucho más si se pronuncian en Nueva York, ante la prensa financiera, como ayer. Para Cristina Kirchner esa descalificación de Pimentel resulta muy incómoda. No fue el dictamen reaccionario del FMI, sino el juicio de un aliado político de izquierda. Desde Brasilia sugerían ayer que lo del ministro fue un exabrupto. Pero quien haya tomado contacto con autoridades brasileñas en estos días sabe que se está agotando la “paciencia estratégica” de la que hablan los diplomáticos de Itamaraty para definir su trato con los argentinos. Un funcionario cercano a Rousseff explicó a LA NACION: “El año pasado toleramos las hostilidades porque Cristina estaba en un año electoral; pero ya ganó y Dilma terminó con las contemplaciones”.
Las restricciones de la AFIP activaron el lobbying de los exportadores brasileños sobre su gobierno. Hubo algunos episodios irritantes, como las reuniones en las que Beatriz Paglieri -alter ego de Guillermo Moreno en la administración de las importaciones- prometió a varios grupos de industriales más protecciones frente a sus competidores de Brasil. Paglieri comenzó a llamar la atención de los negociadores de la región durante la última reunión del Mercosur, en Montevideo, donde exhibió grandes carencias técnicas. La subsecretaria concurrió esa vez sin asistencia porque Iván Heyn había perdido la vida en un cuarto de hotel.
Pimentel adelantó una discusión prevista para febrero, cuando comienza el calendario bilateral. Sus críticas también tienen efectos sobre la interna kirchnerista, alegrando a Débora Giorgi, Julio De Vido, Amado Boudou y Mercedes Marcó del Pont. Ellos no soportan que sus áreas hayan sido intervenidas por Moreno y Paglieri y, por lo tanto, festejan que las iniciativas de ese rudimentario dúo sometan a la Presidenta a una turbulencia regional. La discordia con Brasil también desmiente los conmovedores discursos sobre la superación sudamericana de la crisis internacional por la vía de la fraternidad. Apasionante debut para el competente Luis Kreckler, embajador en Brasilia, a quien Cristina Kirchner subordinó, sin intermediarios, a su mando.
Que la parálisis del comercio transforme la asociación con Brasil en una relación de pasable adversidad no debe sorprender. Las alianzas del kirchnerismo son inestables y efímeras. Lo que sucedió con Héctor Magnetto, Hugo Moyano, Jorge Brito o la familia Eskenazi, también ocurre en la política exterior. Una demostración es la trascendencia que ayer otorgó el oficialismo a la reunión del embajador en los Estados Unidos, Jorge Argüello, con Barack Obama.
Esa entrevista carece de significación intrínseca. Fue una acreditación colectiva, de esas que el Departamento de Estado organiza cuatro veces al año. Con Argüello había otros 14 embajadores. Sin embargo, hay detalles que delatan el empeño de Cristina Kirchner por reformular el vínculo con los Estados Unidos. Uno es la designación de Argüello, un dirigente político alineado con el oficialismo desde las tempranas incursiones porteñas del entonces gobernador Néstor Kirchner. También sin mediación, la Presidenta ordenó a Argüello restaurar la relación bilateral.
La misma orientación afloró un día antes de la entrevista con Obama. Héctor Timerman visitó Honduras y terminó de reconocer al presidente Porfirio Lobo, a quien la Argentina negaba legitimidad por haber surgido del golpe contra Manuel Zelaya. Hacía meses que el Departamento de Estado esperaba ese gesto de Timerman…”.


























