Las Farcrim
El Tiempo
Bogotá, 14 de enero de 2012
Por Salud Hernández-Mora
“Unos delinquen y no se molestan en revestir el negocio de ideología, y los otros delinquen y pretenden disfrazar sus acciones con arengas políticas apolilladas. Pero son dos caras de la misma moneda: la criminalidad despiadada.
Por eso me fastidia dedicar una sola línea al comunicado del demente que colocaron al frente de las Farc, y si lo hago es por los preocupantes comentarios que escuché y leí estos días. Uno de ellos aplaudía que “las comunicaciones del nuevo jefe de las Farc sean más puntuales, consideradas y agudas”. Ni más ni menos.
Es inaudito que aún crean que existe algo que negociar con esa gente distinto al día y lugar de entrega de las armas a cambio de los mismos generosos beneficios -y escuálidas obligaciones- que el país concedió a las Auc.
Insinuar siquiera que podamos sentarnos con tamaños sanguinarios a discutir una agenda temática produce asombro y rabia. ¿Cómo así que en pago a sus incontables delitos vamos a permitirles hablar de tú a tú con un gobierno elegido en las urnas sobre los problemas que nos preocupan?
No veo qué diablos se pueda debatir con ese barbudo de opereta y sus paranoicos y sicópatas colegas. Decir que vamos a retomar la agenda del Caguán es una burla a la inteligencia colectiva. No ya solo porque su único objetivo entonces fue reforzar su poderío militar con la inocente colaboración del Estado y de quienes creímos de corazón en el proceso, sino porque sus propuestas temáticas eran un chiste.
…Es innegable que las Farc tuvieron principios ideológicos en sus inicios, como lo es que los abandonaron por el camino para reencarnarse en una vulgar banda de delincuentes.
Las Farc son una bacrim más, con la diferencia de que no pagan salario a los niños de diez, doce, trece años que están reclutando por manadas y cuyos comandantes ejecutan cuando cometen infracciones “graves” (robarse una panela). Extorsionan, contratan sicarios, se asesinan entre ellos en sus vendettas, son un poderoso cartel con conexiones en otros países, se apropian de fincas y las entregan a testaferros, los jefes violan a jovencitas, corrompen autoridades y cuentan con políticos afectos.
No caigamos en su trampa. El nuevo capo, refugiado en Venezuela, se dio cuenta de que al mundo exterior -y al colombiano- le importan cero los uniformados secuestrados y requieren de otra fórmula para estar en el foco mediático. De ahí el delirante comunicado.
Si de verdad quieren paz, que abandonen las armas, confiesen delitos, devuelvan secuestrados y restos de los desaparecidos, restituyan a sus víctimas y se incorporen al programa de Reintegración. A cambio, los mandos recibirán penas irrisorias. Punto”.


























