Hacer política
La Tercera
Santiago de Chile, 13 de enero de 2012
Por Héctor Soto
“Dos pasos para adelante, tres para atrás. Todo lo que el gobierno se ordenó en su relación con la Alianza en el segundo semestre del 2011 se desordenó esta semana en cosa de días. Lo que fue una gran idea -el contacto directo del Presidente de la República con los ex mandatarios- se anduvo yendo a pique en la comida que Sebastián Piñera ofreció a los partidos oficialistas. No sólo eso: más de alguien podría decir que en la práctica el saldo de esos contactos fue vendido como chatarra vieja, luego de la insólita exhortación presidencial a las coaliciones a ponerse de acuerdo en la reforma del sistema binominal. Una exhortación razonable en boca de cualquier hijo de vecino. Pero no cuando proviene del propio Presidente, que en un momento pareció estar resuelto a liderar los acuerdos.
…Se supo siempre que, siendo Piñera bastante más centrista que la coalición que lo apoya, su gobierno iba a enfrentar tensiones. En eso no había ningún misterio. Por eso fue importante el programa de gobierno -consensuado y convenido- y por eso el propio Presidente se dio cuenta de que el gabinete de excelencia con que entró a La Moneda no era una buena idea, puesto que era importante tener ministros representativos de su base de apoyo. Las relaciones estuvieron operando relativamente bien en el segundo semestre. Pero ahora las piezas volvieron a desengancharse a raíz de dos iniciativas -reforma tributaria y reforma del sistema binominal-, respecto de las cuales ni el Presidente ni su gabinete han hecho bien su trabajo.
Estos no son asuntos que se puedan despachar con un llamado genérico a ponerse de acuerdo. Son dilemas y opciones que hay que negociar obsesiva, detallada y pacientemente, corriendo riesgos, desde luego, porque es un viaje donde no se sabe si se podrá ver la luz del final del túnel.
Es duro, pero, vaya, esto es la esencia de la política. Hay que hacer el trabajo. Es fastidioso hacer entender a los obtusos y correrles la línea a los dogmáticos. Es una lata efectuar rondas de convencimiento y tener que estar marcando a cada parlamentario. Pero son tareas que no se pueden externalizar y que todo gobierno, sobre todo si es de coalición, debe hacer.
¿Es en realidad tan difícil llegar a acuerdos en materia tributaria y respecto de un sistema electoral que concilie en forma más o menos razonable la representatividad con la gobernabilidad? Sí, es muy difícil si se van a tirar sucesivos proyectos sobre la mesa. Pero no debiera serlo tanto si primero se construyen confianzas, si después se escucha a los expertos, si a continuación se comprometen lealtades, si enseguida se le cuenta al país lo que se ha avanzado y si al final se manda un proyecto al Parlamento.
Para estas cosas, claro, se necesita tiempo, y para un gobierno de cuatro años esta variable no es gratis. Todo indica que con suerte podría salir este año una reforma tributaria. El tema del binominal ya es más difícil, entre otras razones, porque se ha avanzado poco y falta masa crítica sobre la mesa de discusión. Nadie recomendaría modificar las reglas del juego con una elección parlamentaria encima. Así las cosas, es probable que el horizonte de la reforma deba ser no el próximo, sino el siguiente mandato parlamentario.
Liderazgo. Es lo que falta. La pregunta no es quién quiere. Es quién tiene.
Lo que es razonable en boca de cualquier hijo de vecino -exhortar a los entendimientos- deja de serlo cuando quien formula el llamado es el mismo Presidente, que había resuelto liderar los acuerdos”.


























